Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, el 31.4% de las mujeres que tuvieron un parto entre el 2016 y el 2021 sufrieron violencia obstétrica.
Por: Gina M. Erosa / @ginaemerosa
Fotos: Michis Aborteros / @michis_aborteros
Aquiles, Eriz, Piccolino, Guisado, Mantecada y Chilpitín son los voceros en redes sociales de la colectiva feminista “Michis Aborteros”, cuyo objetivo es difundir información sobre el aborto y acompañar a mujeres que necesiten pasar por dicho proceso.
La razón de usar a gatitos para postear la información es simple: en redes sociales existe una gran censura en cuanto al tema, sin mencionar el estigma tan grande que presenta en la sociedad:
“Parece que ´aborto´ es una grosería o un secreto que se debe contar en voz baja. Cuando la sociedad comience a normalizar estos temas y reconocer que las mujeres y personas gestantes siempre hemos abortado, que es algo natural y que tiene que ver con la salud, podremos cambiar muchas cosas” explica Ana, co-fundadora de Michis Aborteros en una entrevista con ZonaDocs.
La violencia obstétrica se define como cualquier comportamiento por parte del personal del Sistema Nacional de Salud que, durante el periodo de embarazo, parto o puerperio, ocasione daños físicos o psicológicos a mujeres gestantes.
Un ejemplo es el típico “delito mata delito” en el que, en caso de que una víctima de abuso sexual aborte, no puede denunciar ya que ella “cometió un asesinato” y eso invalida la insidencia inicial.
Michis Aborteros nace como una respuesta a esta violencia. Conformada por un grupo de 20 mujeres acompañantas, – algunas incluso parteras – el objetivo de la colectiva es crear un modelo de acompañamiento basado en cuidados, autonomía y que haga respetar derechos sexuales no reproductivos.
“Nosotras acompañamos a las personas de principio a fin. No solo las ayudamos a conseguir medicamentos, también mantenemos contacto hasta que finalice su proceso, incluso si requieren ayuda psicológica posterior” puntualizó Ana.
Michis Aborteros ha acompañado a mujeres a nivel nacional e internacional, pues entre enero y junio del 2026 asistieron más de 600 abortos a lo largo de México, Ecuador, Colombia, El Salvador y personas en movilidad que han regresado desde Estados Unidos. Sin embargo, este no ha sido un trabajo fácil. Las integrantes de Michis Aborteros han presentado persecución política, incluso llegando a ser catalogadas como terroristas.
En 2022, el grupo de hacktavistas Guacamaya filtró 6 terabytes de información resguardada por la SEDENA, en donde se encontraron nombres de activistas y colectivas.
“Nos levantaron carpetas de investigación, hubo persecusión política y solo éramos jóvenes tratando de hablar sobre la despenalización del aborto. Atravesamos 2 o 3 años de persecución en donde acompañábamos, ya fuera encapuchadas o resguardando nuestra identidad, pero lo hacíamos”, expone Ana.
Y agrega:
“Nadie quiere que lo vigilen, pasar protocolos de seguridad o tener que separarse de su familia y amistades.”
Según explicó Ana, el tema del aborto sigue estando muy centralizado. No solo se refiere a la Ciudad de México, sino también al centro de la capital, que es desde donde se suele hablar y democratizar con mayor frecuencia:
“No es lo mismo abortar en la Ciudad de México que en el Estado de México. No porque uno sea mejor que otro, sino porque hay problemas territoriales que se enfrentan desde la periferia.”
Es por esta razón que se crea el proyecto Periferias que abortan, una formación gratuita para jóvenes que quieran acompañar, aprender y compartir información segura en sus comunidades. Básicamente, que los participantes puedan llevar los conocimientos adquiridos a sus comunidades, acompañar y crear redes libres de prejuicios y desinformación.
Este proyecto habría sido complicado de llevar a cabo de no ser por el laboratorio de incidencia juvenil Voces y Agentes, ya que brindan apoyo a colectivas sin necesidad de que estén registradas como asociación civil.
Ana invita a la sociedad a chismear sobre el aborto. Usa esa palabra específicamente, pues su intención es eliminar el estigma que la encapsula y que se convierta en un término normalizado.
“Que no nos dé pena decir que aportamos, que nos dé pena decir que abortamos en un sistema que no está diseñado para nosotras” finalizó.
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