La segunda edición de Festicuir: resonando juntxs, una segunda vez reunió a artistas y creadorxs LGBTQ+ en Guadalajara para compartir música, identidades y experiencias en un espacio seguro. El festival contó con las propuestas de Alex Cuppido, Adriana Batista, Ana Lozano, Naura Once y Montse Im, además de las actuaciones de Greto y Sir Cumsicion y la conducción de Delos y Dickardo, de Ricos Señorxs.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
La segunda edición del festival “Festicuir: resonando juntxs, una segunda vez” retomó la iniciativa independiente que busca consolidar un espacio de visibilidad para artistas y creadorxs de la comunidad LGBTQ+. En esta entrega, la música funcionó nuevamente como el eje articulador para compartir identidades, vivencias y diversas maneras de concebir el arte. La plataforma reunió a propuestas locales y dio continuidad a un proyecto que, para Arséne Cybelle Melinoë, responde a una necesidad clara: ampliar los escenarios donde estas voces puedan tener una presencia digna y constante.
La primera edición del encuentro se gestó por iniciativa de Toni Acosta, integrante en su momento de Secuencias Producciones, y se materializó formalmente en 2025. Según relata Arséne, actual directora del colectivo, la idea nació tras cuestionar las temáticas tradicionales del circuito comercial. “La música siempre tenía que hablar del amor roto y eso entre hombre y mujer”, rememoró la gestora, enfatizando la urgencia de abrir el abanico creativo hacia los relatos de personas trans e identidades diversas.
Aquel primer antecedente tuvo lugar en el andador situado frente a la Rotonda de las y los Jaliscienses Ilustres, lo que motivó a Arséne a procurar la permanencia del evento. Tras consultar con Toni sobre la posibilidad de darle seguimiento, asumió la batuta del proyecto. Esta segunda entrega partió así de una base previa, reforzando la convicción de edificar una trinchera cultural que no dependa exclusivamente de las dinámicas comerciales o de los foros de mayor reflector.

Para la directora, uno de los motores principales para sostener Festicuir es poner en valor el talento independiente que germina en Guadalajara, desafiando las barreras que enfrentan quienes producen al margen de la industria masiva. La promotora advierte que suele percibirse a la capital jalisciense como un sitio de tránsito de donde hay que migrar para profesionalizarse, por lo que resulta indispensable reconocer y respaldar a quienes deciden quedarse a construir territorio.
En ese sentido, su planteamiento cuestiona el mito meritocrático de que la legitimidad artística proviene solo del éxito individual. Arséne reflexionó sobre la gran cantidad de creadorxs que trabajan incansablemente sin la difusión que reciben los proyectos ya consolidados. Desde esta perspectiva, el festival actúa como un abrazo colectivo diseñado para decirle a cada participante: “me gusta lo que haces”.
La organización de este segundo capítulo provocó en la gestora un sentimiento que combinó el orgullo con el inevitable agotamiento. La planeación demandó sortear un panorama adverso para la gestión cultural autogestiva, marcado por limitaciones económicas y la complejidad logística de convocar audiencias. En esta ocasión, además, Arséne asumió de manera individual gran parte de la producción general y de las labores de difusión.

No obstante, el cansancio se compensó con momentos que reafirmaron el sentido ético del proyecto. La directora compartió que presenciar cómo el público conectaba de forma íntima con los actos en escena transformaba el peso de la jornada. “Eso es lo que vale mucho la pena, de que estar aquí, seguirlo haciendo”, expresó al evocar la respuesta de la comunidad.
Para la organizadora, afianzar esta constancia responde al deseo de transformar un proyecto independiente en una costumbre cultural habida por la ciudad. Aunque cada año se presenten nuevos desafíos y reconfiguraciones, saber que existe una fecha en la agenda fortalece la relación entre la ciudadanía, los espacios y las expresiones queer. “Algo que se vuelva recurrente es como que las cosas cambian, pero también hay cosas que se pueden volver tradiciones”, detalló.
Esta continuidad resulta vital para estructurar redes de acompañamiento para artistas y personas de la diversidad que no dependan únicamente de los presupuestos estatales. Arséne aclara que las convocatorias públicas son herramientas valiosas, pero reconoce que implican procesos selectivos sumamente competitivos donde pocos proyectos obtienen financiamiento, por lo que urgió a activar circuitos alternativos de sostenibilidad.
El planteamiento de la gestora apunta hacia un modelo de economía circular, donde los recursos que la ciudadanía destina al entretenimiento circulen dentro de la misma escena independiente. Bajo esta visión, apoyar este tipo de eventos se convierte en un acto político que permite la supervivencia de foros autónomos y creadorxs locales.

Más allá del factor económico, el tejido comunitario es una salvaguarda frente a entornos hostiles. Arséne enfatiza que contar con una red organizada permite proteger los espacios y la memoria histórica de las luchas sociales. “Necesitamos tener una plataforma más allá de las convocatorias”, afirmó, subrayando la importancia de resguardar el archivo vivo de sus experiencias.
El escenario de Festicuir permitió además que proyectos de la edición anterior regresaran a compartir su evolución, como fue el caso de la agrupación Naura Once, integrada por Laura Águila, Nancy Medina, Miguel Ángel Delgadillo y Armando Polanco. Laura y Nancy expresaron su entusiasmo por reencontrarse con el público de Festicuir, calificando su paso previo como una experiencia profundamente enriquecedora.
Para Nancy, esta presentación tuvo un matiz distinto al subir a las tablas como parte de un ensamble colectivo, buscando que la audiencia disfrutara de esta sonoridad grupal. “Que se diviertan más que nada”, comentó sobre las intenciones de su presentación.
Por su parte, Laura remarcó que habilitar estos espacios ayuda a normalizar la presencia de la cultura queer durante todo el año. “No solo es la marcha una vez al año”, sostuvo, recordando que la comunidad produce arte constantemente y requiere lugares seguros para dialogar con nuevos públicos.
Entre las propuestas musicales destacó también la de Alex Cuppido, quien compartió su satisfacción por retornar al cartel. Su concepto sonoro toma como base la estructura de una “noche de alabanza”, pero invirtiendo su significado: en lugar de rendir culto a una figura religiosa tradicional, la devoción se dirige hacia las personas y la diversidad. “Esta alabanza busca adorar a la gente”, explicó el músico.
El mensaje que Alex busca transmitir se centra en la plena autoaceptación. Su meta es que la audiencia se retire con la certeza de que no hay nada erróneo en su identidad. “No hay nada malo en ser como son”, aseveró, señalando que la existencia de Festicuir es un bastión necesario ante los discursos de odio y el auge de posturas conservadoras.
El artista comparó la resistencia de estas plataformas con una gota en el océano, destacando que, aunque parezcan esfuerzos acotados frente al panorama global, su permanencia afirma con firmeza la consigna: “Aquí estamos”.
Para Ana Itzel, esta edición marcó un hito en su carrera al debutar como solista y presentar por primera vez su material en un evento explícitamente LGBT y queer. Su repertorio congregó composiciones intimistas escritas a lo largo de los años que no habían tenido una salida pública.

La propuesta de Ana viaja a través de la nostalgia, utilizando sonidos suaves y matices cercanos a las canciones de cuna. Su vivencia como mujer trans habita en sus letras de forma metafórica, permitiendo lecturas abiertas. Para la cantautora, estos festivales otorgan el cobijo necesario para que estas narrativas tengan un lugar propio.
Al reflexionar sobre la riqueza del movimiento, Ana celebró la pluralidad de vivencias que conviven en la comunidad queer. “Es fundamental poder tener este tipo de plataformas para poder seguir existiendo”, concluyó, ponderando la importancia de estos escenarios seguros.
La cartelera de 2026 reunió además los talentos de Adriana Batista y de Montse Im —Montserrat Íñiguez, en compañía de Mishelle Vizcarra, Erika Contreras, María Fernanda Navarro, Moramay López y Ari—, así como las presentaciones de Greto y Sir Cumsicion, del colectivo Ricos Señorxs. La conducción del evento estuvo a cargo de Delos y Dickardo, integrantes de la misma agrupación.
La cita tuvo lugar en Tantuyo Centro Cultural, donde el equipo de Secuencias Producciones aplicó sus protocolos para garantizar un espacio seguro y accesible. La producción dispuso sanitarios neutros, tapones auditivos para asistentes con sensibilidad sonora, ajustes en la iluminación para prevenir malestares y una zona de regulación externa para atender casos de sobreestimulación sensorial. Al ser una iniciativa autogestiva, se habilitó la venta de productos independientes para financiar los costos del evento.
Al concluir la jornada, Arséne planteó que el espíritu de Festicuir debe proyectarse más allá de una fecha en el calendario. La meta a corto plazo es mantener la difusión del talento local LGBTIQ+ durante todo el año mediante plataformas digitales y sesiones acústicas periódicas.
De este modo, la segunda edición reafirmó su vocación de sostener redes vivas. Para su organizadora, el verdadero logro reside en los vínculos afectivos y profesionales que se gestan tras bambalinas. En medio de los retos del arte independiente, volver a reunir estas voces se traduce en una victoria colectiva: “haberlo logrado, es un brillo de esperanza de que no va a morir este espacio”.
Para conocer más sobre las actividades, convocatorias y proyectos desarrollados por la colectiva, se puede consultar el perfil oficial de Instagram en @secuencias.producciones.


