En la ciudad de los que faltan, quienes les buscan marchan

#HastaEncontrarlos

En el marco del 30 de agosto, Día Internacional de Las Víctimas de Desaparición Forzada, cientos de familias buscadoras de Jalisco marcharon por las calles de Guadalajara para denunciar, como lo hacen cada año, que el Gobierno de Jalisco no está verdaderamente haciendo algo por buscar a sus seres queridos desaparecidos, ni por detener la crisis de desapariciones que en la entidad ya supera los 16 mil casos. En esta crónica se da cuenta de sus exigencias, pero también de aquello que a las familias que buscan les hace sostener el paso y la esperanza.

Texto y fotos por Aarón Flores Luna / @aaroncab (IG)

Guadalajara este 30 de agosto, tuvo dos domingos.

Uno sale temprano a correr, toma las avenidas en bicicleta, lleva al perro con correa y aprovecha durante unas horas una ciudad casi sin coches. El otro sale del periférico para buscar a sus desaparecidos. Pero este domingo, los dos se encontraron.

En la Glorieta de las y los Desaparecidos todavía no son las nueve de la mañana y ya hay rostros por todas partes. Están impresos sobre lonas, cartulinas, fichas y playeras.

El Colectivo Luz de Esperanza convocó a la marcha, pero después se sumaron las y los integrantes de Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ), Manos Buscadoras, Madres Buscadoras de Jalisco y Entre Cielo y Tierra Oficial, y Desaparecidos Sin Justicia. Entre las pancartas aparece además el nombre del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco. 

No hay un solo tipo de familia buscando: hay madres, padres, hermanos, esposas, esposos, personas mayores, pero también hay niñas y niños.

Estas infancias llevan las mismas playeras. En el pecho de algunos está impreso el rostro de la persona que falta en su casa. No están fuera de la tragedia por su edad. La desaparición reorganiza familias completas. Quién cuida, quién busca, quién trabaja, quién espera, quién aprende a crecer con una silla vacía.

A las 8:14 de la mañana, la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas de Jalisco (CEEAVJ) reparte café y pan. La institución encargada de atender a las víctimas está ahí, muy presente, ofreciendo vasos calientes y piezas de pan a personas que, durante la marcha, reclamarán precisamente abandono institucional, búsquedas tardías y falta de respuestas. A diferencia de otras veces, hoy sí se hizo presente en la protesta del 30 de agosto

Hay algo casi familiar en esos minutos anteriores a una marcha. Por momentos parece un desayuno de domingo: hay café, pan, familias reunidas, sólo que aquí siempre falta alguien.

Se toma café, se acomoda una lona, se pregunta quién falta, se reúne a los integrantes del colectivo. Después vienen las instrucciones: mantenerse juntos, tener cuidado y seguir los protocolos de seguridad.

Entonces llega la hora de caminar.

—¡Ahora, ahora, se hace indispensable, presentación con vida y castigo a los culpables!

La marcha avanza y la Vía RecreActiva no se detiene.

Quizá la imagen más contradictoria de este estado es esta: las familias entran a la avenida Chapultepec con fotografías levantadas y, alrededor de ellas, Guadalajara continúa haciendo ejercicio.

Pasan bicicletas por la derecha y por la izquierda. Algunas entran entre los contingentes. De pronto una pasa tan cerca que deja ese pequeño golpe de aire que mueve la ropa y hace tambalear el cuerpo. Hay que voltear antes de cambiarse de lado, calcular por dónde viene la siguiente, hacerse espacio. Un ciclista lleva música en una bocina. Luego pasa otro. Una canción se escucha durante unos segundos encima de las voces de las familias y después se pierde calle abajo.

—¡Dónde están, dónde están, nuestros hijos dónde están!

El pedaleo no se detiene, algunos miran y disminuyen la velocidad. Otros pasan sin detenerse.

Aún no sé cómo interpretar esto. Sería fácil llamarlo indiferencia y terminar ahí, pero quizá resulte más incómodo pensar que en Jalisco nos hemos acostumbrado a ver personas buscando personas.

Convivimos con la ficha de búsqueda pegada en un poste, la fotografía compartida en Facebook, la lona enorme con un rostro y un número telefónico, la madre parada frente a Fiscalía, la brigada entrando al monte, la glorieta ocupada otra vez. Una marcha más.

La desaparición se repite tantas veces que termina incorporándose al paisaje.

La marcha sigue hacia el Centro Histórico  de Guadalajara.

Entre las consignas aparecen también aquellas que se dedican a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Doce años después de su desaparición, siguen entrando en manifestaciones que ocurren lejos de Guerrero, porque las familias los nombran dentro de una misma historia que todavía no termina.

—¡De norte a sur, de este a oeste, seguiremos en la lucha, cueste lo que cueste!

Cuando el contingente finalmente llega a Palacio de Gobierno, Liliana Meza, cofundadora de Luz de Esperanza, cuenta lo que había ocurrido antes. Policías en bicicleta les habían dicho que no era seguro llegar hasta ahí porque, según les informaron, habían baleado a una persona cerca de Catedral. Lo cuenta casi burlándose de la explicación.

—No querían que llegáramos, pero aquí estamos.

Frente a Palacio de Gobierno, las exigencias se hicieron concretas: búsqueda inmediata, protocolos que funcionen desde las primeras horas y respuestas inmediatas, sin excusas.

Héctor Flores, también cofundador de Luz de Esperanza, insistió particularmente en la creación de una Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas. Jalisco cuenta actualmente con una Vicefiscalía en Personas Desaparecidas; la exigencia del colectivo es que exista una fiscalía especializada con una estructura propia que responda a la dimensión de la crisis.

También hubo reclamos para el gobierno federal. Las familias no hablaban únicamente de quienes desaparecieron, sino de todo lo que ocurre después: las horas que pasan, las búsquedas que no comienzan, las investigaciones que no avanzan y la necesidad de aprender a moverse dentro de instituciones que conocieron únicamente porque un día alguien no regresó.

Para las familias su lucha no termina cuando deja de caminar el contingente, terminará cuando aparezcan quienes les faltan.

Mientras eso no ocurra, volverán las lonas, las fichas, las playeras, y las búsquedas.

Por eso siguen caminando.

Porque Jalisco está dolido.

Las madres de Jalisco están dolidas.

Y la tierra de Jalisco está dolida.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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