Secreto a voces
Por Rafael Alfaro Izarraraz
Los grandes pensadores del siglo XXI como ocurrió en el pasado, tratan de establecer un camino que permita hacerle comprender al resto el momento clave en el que nos encontramos con el fin de descifrar los conflictos centrales de nuestros tiempos. Para ello toman una palabra, concepto, que de alguna manera al mundo le permita comprender lo que ocurre. Es una tarea complicada, de tumbos, pero no existe otro camino para ese propósito. Por supuesto que el concepto no es otra cosa que la cabeza visible de todo un complejo compendio de ideas que sostienen a esa palabra o término con el que se trata de generalizar vía la síntesis lo que ocurre en el mundo. Como la realidad es dinámica y cambiante y más en tiempos como los que vivimos la tarea se hace más complicada.
Lo anterior, lo digo a propósito de los intentos que han ocurrido recientemente por explicar lo que ahora ocurre en el mundo. La meteórica descomposición del proyecto occidental que ha guiado a la humanidad por más de 500 años ha dado lugar a dos teorías que han sido relevantes. Una de ellas fue la de que había llegado el fin de la historia (el concepto sintético) y que la época de las disputas y guerras ideológicas había concluido debido a la caída o fin del ahora ex bloque soviético. El nuevo mundo nos llevaría a un tipo de sociedad en donde las preocupaciones de la humanidad se concentraron en un mundo de paz y tranquilidad, por cierto, hegemonizado por las ideas de la democracia liberal estadounidense pues su atractivo y superioridad lo había mostrado con la caída del bloque soviético.
La anterior versión fue la de Francis Fukuyama. Existía una más, que fue influyente tanto como la del autor ya citado. El profesor Samuel Huntington planteó otra: la del choque de civilizaciones. Fue más realista para decirlo de alguna manera. No planteaba ningún fin de la historia, pero si previa que la era del mundo bipolar transitaba hacia una confrontación en donde los Estados Unidos seguiría siendo una gran potencia, pero en cuyo escenario las disputas ideológicas (comunismo contra capitalismo) económicas (la lucha de clases) serían abandonadas y su lugar sería ocupado por aquellos factores no ideológicos sino culturales, religiosos. Habría cinco naciones que marcarían la pauta: Estados Unidos, Japón, China, Rusia y la India. Japón no ha figurado y la India, sus líderes, son en exceso vacilantes y no se confía en ellos.
Los autores de las teorías señaladas, se olvidan de lo siguiente: Fukuyama, de que la democracia nació como una democracia esclavista en una de las colinas atenienses y ese sello ha prevalecido en la democracia liberal, de las élites mega multimillonarios de nuestros tiempos. Puede ser que lo que existe hoy sea lo menos malo, pero no creo que sea algo eterno. Huntington, no distingue entre grandes civilizaciones y el fallido proyecto civilizatorio de occidente. Imperios coloniales, guerras de exterminio contra pueblos enteros, guerras imperiales del opio, guerras mundiales, fascismos y genocidios como lo hace Israel. Sobre todo: amenaza con la destrucción nuclear de la humanidad. La regla de amigo-enemigo, de la filosofía política occidental la ha roto Trump. El mismo Huntington lo reconoce: occidente nace de las ventajas de una revolución de la tecnología militar utilizada contra pueblos distintos.
En ese último señalamiento está la clave para comprender que si existe una confrontación entre naciones que representan proyectos civilizatorios y el occidente hegemónico, esto se debe a un punto que pasa desapercibido por Huntington. El proyecto hegemonizado por Occidente no ha resultado un proyecto cultural civilizatorio sino todo lo contrario. La confrontación es entre naciones que representan en la actualidad la continuidad de un proyecto civilizatorio que se quedó anclado en 1492 y que ha logrado sobrevivir debido a la potencia cultural que le da vida y, por otro lado, a un proyecto anti civilizatorio que es el que representa occidente, cuya batuta la ha tomado Estados Unidos, y que amenaza precisamente a la humanidad con respecto a su existencia. Claro que el profesor Huntington escribió su trabajo a finales del siglo pasado y el contexto actual es distinto. Ahora bien, pasa el tiempo y el papel de EU en el mundo actual es cada vez más inclinado a la barbarie nuclear.
Aquí entendemos por civilización a una cosmovisión que incluye lo cultural y su efecto material como campos indivisibles de donde se deriva lo civilizatorio (inmaterial y material). Ambos aspectos, contribuyen a que un conjunto de pueblos diera un salto de calidad allá en los albores del surgimiento de la humanidad. Ubicamos este proceso de constitución de las grandes civilizaciones hasta la época en que inicia la conquista con la llegada de Colón en 1492 a las islas del Caribe. Hasta este momento las grandes civilizaciones ocurrieron desde el punto de vista geográfico en el continente asiático y en menor medida en occidente. La aparición de occidente como modelo hegemónico en su esencia no ha representado un salto como en la primera etapa civilizatoria, todo lo contrario su evolución ha significado la peor amenaza (el uso de la bomba nuclear) contra la humanidad.
Lo que ha aportado occidente es un factor material, pero sin cultura, sin convertir su presencia en dar un nuevo salto a la humanidad. Su aportación se ha concentrado en factores materiales como la tecnología, la riqueza, la usura, la ganancia, entre otros factores, como sustancia. No ha logrado jugar un papel como fue el caso de las primeras civilizaciones permitirle a la humanidad dar un salto de calidad como seres humanos en donde lo cultural y material constituyen un puente para transitar hacia lo civilizatorio. En el pasado, ocurrían sucesos que hoy podríamos calificar con de fuentes de crueldad. Ahora bien, se trató de un proceso en ciernes en donde la humanidad saltaba una época en que se vivía en su infancia. Y a partir de ahí ¿qué? Es la pregunta. Las primeras civilizaciones aportaron sistemas de gobierno, un lenguaje articulado, la escritura, el estudio y observación del cosmos, la rueda, un tipo de organización urbana. El salto siguiente, que se esperaba no ocurrió.
La respuesta a la pregunta de hacia dónde apunta lo civilizatorio no es fácil de responder en el contexto actual. El concepto de lo civilizatorio se ha construido a partir de la presencia de pueblos con una herencia cultural que data de siglo antes de la era cristiana y que, en nuestra modesta opinión, llegó hasta la época del nacimiento del mundo colonial en donde experimentó un cambio drástico. A la vuelta de un poco más de 500 años tenemos a un presidente estadounidense amenazando al pueblo iraní con regresarlo a la época de la piedra. Amenaza con lanzar bombas atómicas sobre el pueblo iraní. Lo hace a nombre de Dios igual que su aliado del estado de Israel. Sus dirigentes se proponen y llevan a cabo un genocidio del pueblo palestino al que le han impuesto la pena de que diariamente deben morir o ser ejecutados por el ejército invasor de Israel, 40 palestinos diariamente como si fuera algo normal en pleno siglo XXI. O, igualmente, que los niños deben ser un objetivo para evitar que de grandes se conviertan en “terroristas” como si lo que hacen los líderes israelíes fuera cosa de “Héroes”.
Está claro que los gobiernos del occidente hegemónico, quienes han dirigido el proyecto tanto europeos como estadounidenses, han traicionado a la humanidad y a sus propios pueblos y a las prácticas civilizatorias heredades del pasado. Ninguna nación tiene derecho a imponerles a otros pueblos formas de vida que atenten contra su dignidad y existencia misma. Se debe actuar contra la creencia de que existe uno o más policías del mundo. Debe respetarse la vida de los pueblos, su cultura, tradiciones y creencias. Los estados son soberanos y nadie puede atribuirse el derecho a querer dirigirlos o actuar en su nombre. No se puede atentar contra la vida de una persona, pues la vida es algo sagrado. Se le debe ofrecer agua al sediento, comida si tiene hambre, abrigo si carece de protección su cuerpo. Techo, educación, empleo, recreación, ingresos suficientes para satisfacer las necesidades básicas que le permitan una vida digna a la familia, son lo de hoy junto a la libertad de creencias, preferencias sexuales, de género o bien origen étnico. Ahora resulta que el Gran Israel ya no es solamente la ocupación de territorios en naciones como la palestina, Siria, de Turquía, Arabia Saudita y Líbano, sino de todo Latinoamérica. Esto no puede seguir así y no puede ser.
El proyecto hegemónico de Occidente ya cumplió su ciclo y debe irse.


