Familias buscadoras de Yucatán exigen la búsqueda, verdad y justicia para lxs desaparecidxs en la región

En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, el colectivo “Familias Buscadoras de Yucatán” se reunión en el Monumento a la madre, ubicado en el centro de Mérida, Yucatán. Con fichas impresas, lonas, nombres bordados, veladoras blancas y audios, esto con el objetivo de compartir las historias de sus “tesoros”, exigir respuestas y para seguir denunciando que las desapariciones que continúan ocurriendo en el estado.

Texto y fotos por Aletse Torres Flores / @aletse1799

Durante un momento, las voces de las familias comenzaron a escucharse desde una bocina frente al Monumento a la Madre de Mérida, Yucatán. Los audios fueron reproducidos uno tras otro y, poco a poco, algunas personas que caminaban por el lugar se detuvieron.

En cada testimonio, lxs familiares relataban la desaparición de su ser queridx, pero también compartían quién es: su historia, el lugar que ocupa dentro de su hogar y los recuerdos que sostienen su búsqueda. A través de sus propias voces presentaban a sus “tesoros”, como nombran a las personas que buscan.

Alrededor de la bocina se encontraban 58 fichas impresas con nombres y rostros, lonas con información de búsqueda, mantas bordadas a mano y veladoras blancas. Quienes pasaban eran invitadxs a detenerse y mirar con atención. Tal vez conocían alguno de esos rostros. Tal vez habían visto a alguien o podían recordar un dato que ayudara a abrir una nueva línea de búsqueda.

La acción fue realizada el pasado 29 de agosto por el colectivo Familias Buscadoras de Yucatán, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Las familias ocuparon el espacio público para recordar que en Yucatán también hay personas desaparecidas y que, detrás de cada registro, existe una vida que no puede reducirse a una cifra o a un número de expediente.

Los audios le dieron otra dimensión a la jornada. Las fichas mostraban los rostros, los bordados sostenían los nombres y las voces de las familias permitían conocer a las personas más allá de su desaparición.

No eran únicamente 58 casos colocados frente al monumento. Eran 58 vidas atravesadas por vínculos, afectos y memorias que continúan presentes. Al nombrarlxs desde aquello que son para sus familias, los testimonios rompían con la manera en que las instituciones suelen registrarles: una fecha, un folio, una carpeta de investigación que puede permanecer durante años sin respuestas.

Las fichas expuestas tampoco representaban la totalidad de las desapariciones documentadas por el colectivo y sus acompañantes. Vicky, integrante de un equipo conformado por psicólogas, activistas y abogadas que brinda acompañamiento psicosocial y técnico a las familias, explicó que cuentan con una base interna de 286 personas desaparecidas y no localizadas.

El colectivo hubiera querido colocar las 286 fichas, pero no contó con los recursos necesarios para imprimirlas. Como ocurre con buena parte de las búsquedas, las familias tuvieron que cubrir los materiales con su propio dinero.

“Son pocas fichas las que se pudieron imprimir, honestamente, por la falta de recursos económicos, porque ellas ponen el dinero de su bolsa. Por nosotras hubiéramos impreso las 286 que tenemos”, explicó Vicky.

La falta de recursos también impidió que otras familias viajaran hasta Mérida. Familias Buscadoras de Yucatán está integrado por entre 10 y 13 familias, algunas provenientes de otros municipios, para quienes trasladarse implica cubrir gastos que no siempre pueden asumir. Aunque no todxs estuvieron presentes, sus búsquedas también ocuparon el monumento a través de las fichas, las lonas y los nombres bordados.

Las veladoras blancas colocadas junto a los rostros no fueron encendidas como una despedida. Para las familias representan la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridxs.

“Prender una veladora blanca para ellas es sinónimo de esperanza, no de duelo”, señaló Vicky.

Los bordados sostienen el mismo sentido. Cada nombre fue trazado con las manos de quienes buscan, exigen, revisan expedientes y recorren caminos. Son las mismas manos que, durante una búsqueda en campo, remueven la tierra.

“Con las manos buscan en la tierra, pero con las manos también buscan a lxs desaparecidxs bordando”, añadió.

Clarita, fundadora del colectivo.

Entre las personas que participaron se encontraba Clara María Gutiérrez, representante del colectivo. Su búsqueda comenzó el 24 de mayo de 2020, cuando su hijo, Héctor de Jesús Huesca Gutiérrez, desapareció en Guadalajara, Jalisco.

Clara salió de Yucatán para buscarlo en un estado que no conocía. Durante ese proceso tuvo que aprender a acercarse a las instituciones, preguntar en dónde podía obtener información e insistir para que las autoridades atendieran su caso. A la distancia y sin una red que la acompañara inicialmente, comenzó a recorrer un camino que después la llevaría a organizarse con otras familias.

No fueron las autoridades quienes le permitieron llegar hasta Héctor, recordó, sino lxs buscadorxs que ya recorrían Jalisco. Marta González, quien en ese momento buscaba a su hermano, contactó a Clara y la acercó a otras familias y colectivas.

Héctor fue localizado sin vida en Ojo de Agua, en Tlajomulco. Clara acudió a identificar su cuerpo, pero todavía tuvo que exigir que el Servicio Médico Forense se lo entregara para trasladarlo a Yucatán.

Durante una presentación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tomó el micrófono y pidió apoyo públicamente. Ahí conoció a otras buscadoras que se acercaron para acompañarla durante el proceso.

“Yo no quería justicia, no quería nada. Yo quería que el SEMEFO me entregara a mi hijo”, recordó.

Clara reconoce que, posteriormente, recibió apoyo de la Comisión de Búsqueda de Yucatán para trasladarse y llevar a Héctor de regreso. Sin embargo, fueron las familias buscadoras quienes lo localizaron y quienes le enseñaron que la búsqueda no tenía por qué realizarse en soledad.

“Yo busqué a mi hijo sola, pero no di con él. Fueron las familias del colectivo de Guadalajara las que buscaron a mi hijo”, contó.

Después de trasladarlo a Yucatán para sepultarlo, Clara decidió formar el colectivo Familias Buscadoras de Yucatán en memoria de Héctor. El objetivo era acompañar a otrxs familiares para que no enfrentaran solxs el desconocimiento, las negativas y los obstáculos que ella encontró durante su búsqueda.

Desde entonces, Clara ha llamado a otras familias a denunciar y salir a buscar. Sabe que el miedo puede paralizar, especialmente en comunidades donde señalar una desaparición implica confrontar a las autoridades o exponerse frente a quienes pudieron participar en los hechos. Pero también sabe que permanecer en casa no garantiza que una institución busque.

“El miedo los mata. Tienen miedo de salir a buscar a su ser querido, pero ninguna autoridad te va a traer a tu hijo, a tu papá o a tu hermano. Si tú no sales, ellos no te lo van a traer”, afirmó.

A unos metros se encontraba Claudia Vargas. Ella busca a su tía, Celia Mariesca Amiña Ruiz, desaparecida el 16 de agosto de 2023. Han pasado tres años sin que su familia sepa con certeza qué ocurrió.

La última información que recibieron fue que Celia había sido vista en el centro de Mérida. Después llegaron otros reportes: personas que aseguraban haberla reconocido en distintos lugares, pero las características y las fechas no coincidían. Ninguno de esos datos permitió reconstruir su ruta.

Claudia

Ante la falta de respuestas, Claudia y su familia comenzaron a buscar por su cuenta. Han recorrido albergues, estancias, hospitales, instituciones psiquiátricas y parques. También han acudido a colonias, pueblos, municipios y zonas de monte.

“Nos dan una lista de los lugares en los que podría estar resguardada. Entonces vamos. Nos dicen que, si llegamos a tener una pista, les hagamos saber. Desgraciadamente, el trabajo lo hace la familia”, relató.

Aunque otrxs familiares participan cuando sus condiciones se lo permiten, Claudia es quien se ha mantenido al frente de las visitas a la Fiscalía, los trámites y los recorridos. Cada vez que preguntaba por los avances recibía nuevamente una hoja de búsqueda, pero no información que explicara qué diligencias se habían realizado.

“Siempre te va a atender otra persona. Al final sale la licenciada y te dice: ‘Aquí está la hojita’. Es la misma que te dan siempre”, contó.

Con el acompañamiento de Vicky, Claudia presentó un oficio para solicitar formalmente la carpeta de investigación. Quería conocer qué había hecho la Fiscalía durante los años transcurridos desde la desaparición de Celia.

La familia recibió un expediente de 405 hojas. Sin embargo, al revisarlo, Claudia asegura que no encontró una investigación que correspondiera con el tiempo que llevaban buscando. Fue después de presentar la solicitud cuando, según su testimonio, las autoridades comenzaron a realizar nuevas diligencias.

“En tres años no habían hecho nada. Cuando se metió el oficio empezaron a moverse”, señaló.

A la incertidumbre se suma una prueba genética pendiente. La familia recibió información sobre el hallazgo de restos cuya vestimenta podría coincidir con la que usaba Celia. Para confirmar o descartar esa posibilidad, se tomó una muestra de ADN a unx integrante de la familia.

Claudia afirma que han esperado cerca de dos años sin recibir un resultado concluyente. Si los restos no corresponden a Celia, necesitan saberlo para continuar buscándola. Si existe una coincidencia, exigen conocer qué ocurrió y recibir una respuesta después de años de incertidumbre.

“Queremos saber qué pasó. Queremos que nos digan si es o no es mi tía para saber cómo seguimos buscando”, expresó.

El acompañamiento que recibe Claudia y las demás familias no se limita a las jornadas públicas. Vicky explicó que una parte importante de su trabajo consiste en ayudarles a comprender cómo debe integrarse una carpeta de investigación, cuáles diligencias pueden solicitar y qué responsabilidades corresponden a cada autoridad.

Para muchas familias, el lenguaje institucional representa un primer obstáculo. Llegan a la Fiscalía sin conocer los términos legales, los plazos o los protocolos que deberían activarse desde el momento en que se reporta una desaparición. En lugar de recibir una explicación clara, con frecuencia encuentran personal que no les informa cuál es el camino de sus investigaciones.

Las acompañantes revisan las carpetas, explican los documentos y orientan a lxs familiares para presentar solicitudes por escrito. También buscan que conozcan la legislación, el Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas y los principios que obligan a las autoridades a actuar con enfoques diferenciados y de género.

En ese proceso han identificado omisiones y una falta de coordinación entre las propias instituciones. Vicky señaló que la Fiscalía, la Comisión Local de Búsqueda y los organismos de derechos humanos no siempre comparten información ni tienen claridad sobre las tareas que corresponden a cada instancia.

“En la Comisión de Búsqueda no se habla con la Fiscalía y en la Fiscalía no se habla con derechos humanos. Ahí también viene la fragmentación y la falla estructural”, explicó.

La falta de comunicación obliga a las familias a trasladar documentos de una oficina a otra, repetir sus testimonios y solicitar varias veces la misma información. También genera confusión sobre quién debe investigar los hechos y quién tiene la responsabilidad de coordinar la búsqueda.

Para Vicky, es necesario que cada institución conozca sus competencias y trabaje junto con las familias. La Fiscalía debe desarrollar las investigaciones, mientras la Comisión Local de Búsqueda debe coordinar las acciones para localizar a las personas. Ninguna de esas obligaciones tendría que recaer sobre las víctimas.

“Si yo hago lo que pienso que debo hacer, ahí ya estoy mal. Cada servidor público tiene que saber qué le corresponde y cómo trabajar en conjunto con las familias”, afirmó.

Semanas antes de la acción, el colectivo sostuvo una mesa de diálogo con la Fiscalía. Durante el encuentro, el titular de la institución manifestó su disposición para atender las solicitudes de las familias. Sin embargo, Vicky aseguró que las áreas responsables no habían establecido un nuevo acercamiento.

Ante la falta de seguimiento, presentaron un oficio fundamentado en el derecho de petición para obtener una respuesta formal. Mientras los plazos institucionales avanzan, las familias continúan buscando.

El colectivo también comenzó a construir una base de datos independiente a partir de las fichas publicadas por la Fiscalía. Registran a quienes continúan desaparecidxs, a las personas localizadas y si fueron encontradas con o sin vida. Incluyen a niñxs, adolescentes, personas adultas y de la tercera edad, con el objetivo de identificar los contextos y las vulnerabilidades presentes en cada caso.

La decisión surgió de las diferencias entre las cifras disponibles. Los registros oficiales y los ejercicios independientes no siempre coinciden. En algunos casos existe información duplicada o sin verificar, por lo que las familias revisan cada ficha y dan seguimiento a sus actualizaciones.

El colectivo ha encontrado casos que se remontan a la década de 1990. Para Vicky, revisar las desapariciones de larga data permite conocer quiénes ocupaban las instituciones cuando ocurrieron, qué diligencias se realizaron y cómo han cambiado (o permanecido) las prácticas de búsqueda.

También permite observar los contextos de violencia que pueden existir alrededor de una desaparición. En los casos de mujeres, niñas y adolescentes, las autoridades deben investigar desde el inicio con perspectiva de género y sin descartar que los hechos estén relacionados con violencia familiar, trata, feminicidio u otros delitos.

La información no debería acumularse únicamente para construir una cifra. Tendría que utilizarse para definir planes de búsqueda, cruzar datos e identificar patrones que permitan localizar a las personas.

Vicky insiste en que Yucatán no está fuera de la crisis de desapariciones. La imagen de un estado seguro puede provocar que los casos sean minimizados o tratados como hechos aislados. Una de las primeras exigencias de las familias es que las autoridades reconozcan públicamente que las desapariciones ocurren.

“Que reconozcan que las desapariciones suceden en Yucatán”, exigió.

Las omisiones institucionales no solo retrasan una localización. También afectan la salud física y emocional de quienes buscan. Vicky describe lo que viven las familias como una doble desaparición: además de la ausencia de su ser queridx, deben enfrentar la sensación de estar perdidxs dentro de un sistema que no les explica qué sucede ni hacia dónde deben dirigirse.

“Ellas se encuentran perdidas en este limbo institucional”, explicó.

Lxs buscadorxs deben aprender a revisar expedientes, presentar oficios, acudir a reuniones y organizar recorridos mientras sostienen emocionalmente al resto de sus familias. Muchas contienen a sus parejas, hijxs y nietxs, aun cuando ellas mismas se encuentran cansadas o enfrentan problemas de salud derivados de la búsqueda.

Por eso, el acompañamiento psicosocial no busca conducirlas hacia el duelo ni asumir que la persona ha muerto. Busca ofrecer herramientas para atravesar una incertidumbre que puede prolongarse durante años y que modifica por completo la vida familiar.

Frente al monumento, los audios interrumpieron por un momento el ruido de la ciudad. Las voces salieron de la bocina una detrás de otra. Algunas personas continuaron su camino; otras redujeron el paso y se acercaron a mirar los rostros.

Detenerse también formaba parte del llamado. Las familias pidieron no permanecer indiferentes, observar las fichas y reconocer que cualquiera podía tener información relevante. Un rostro visto durante unos segundos podía permanecer en la memoria y, más adelante, convertirse en una pista.

Cuando los audios terminaron, las fichas, las lonas y los bordados continuaron frente al Monumento a la Madre. Las voces ya no se escuchaban desde la bocina, pero las historias permanecían alrededor de cada nombre.

Las 58 fichas no alcanzaban a mostrar la dimensión completa de las desapariciones en Yucatán. Tampoco contenían todo lo que cada persona representa para su familia. Por eso los audios fueron importantes: permitieron conocer a sus “tesoros” desde las voces de quienes les aman y les buscan.

No eran únicamente personas desaparecidas. Son madres, padres, hermanxs, hijxs, tíxs, amigxs y parte de una comunidad que continúa esperando su regreso. Sus historias comenzaron antes de la desaparición y no terminan dentro de una carpeta de investigación.

Clara resumió la exigencia que atravesó la jornada: que las autoridades dejen de mirar a las familias como una presencia incómoda y asuman la responsabilidad que les corresponde.

“Que no nos miren como bichos raros. Que hagan su trabajo, porque es su deber buscar a lxs desaparecidxs de Yucatán”, sentenció la madre buscadora.

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Aletse Torres
Aletse Torres
Vivo de café, amo los gatos, no creo en las etiquetas. Desde niña quise ser periodista por Spiderman, me invento unas fotos, cubro cualquier tema con pasión, respeto y verdad.

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