Delirio en tierra de glaciares. Notas desde el Asombro en Alaska, de Julio González, reúne las experiencias de un viaje de ocho días por Alaska a través de diarios personales y fotografía analógica. La obra entrelaza el asombro ante los paisajes naturales con reflexiones sobre la realidad social y política.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
Delirio en tierra de glaciares. Notas desde el Asombro en Alaska es una obra que parte de la mirada del periodista, fotógrafo y productor Julio González. Concebido a lo largo de una travesía marítima de ocho días por las gélidas latitudes de Alaska, el texto trasciende los límites del cuaderno de viajes para adentrarse en la memoria, la percepción humana y los cuestionamientos éticos frente al entorno. Mediante una cuidada combinación de diarios personales y fotografía analógica, el autor entrelaza la fascinación por la majestuosidad natural con los sacudimientos políticos y sociales de su época.
En entrevista con ZonaDocs, el propio Julio González rememoró que este viaje comenzó a gestarse mucho antes de abordar la embarcación en la ciudad de Seattle. Durante el periodo comprendido entre 2024 y 2025, su ejercicio profesional lo llevó a coordinar diversos proyectos documentales que le permitieron recorrer variados territorios. No obstante, esa intensa dinámica laboral terminó por despertar en él la necesidad imperiosa de emprender un trayecto distinto, impulsado por una introspección personal y al margen de su profesión.
Fue así como la geografía de Alaska emergió como la oportunidad perfecta para asumir la figura del viajero en lugar de la del turista regular. A esa inquietud vital se sumaron lecturas decisivas que moldearon el tono del proyecto, entre las cuales destacan “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”, de David Foster Wallace, y “Del caminar sobre el hielo”, de Werner Herzog. Los cuadernos de campo de ambos autores le revelaron una ruta narrativa cautivadora: registrar la realidad externa desde la honestidad de la vivencia propia.
Incluso antes de embarcarse, Julio empezó a redactar las primeras notas en su teléfono móvil, sin la certidumbre de que esos apuntes derivarían en una publicación formal. “No tenía claro que ese material terminaría convertido en un libro”, confesó el periodista, quien inicialmente contempló el formato de un fanzine. Su meta original era concebir una pieza independiente, artesanal y abierta a las derivas del proceso creativo.

La travesía marítima zarpó de Seattle y navegó durante cerca de ocho días por la franja costera del Pacífico Norte, surcando aguas de Alaska y Canadá. El recorrido atravesó archipiélagos sinuosos y bordó límites territoriales donde la geografía de ambos países se entrecruza. Más allá de la experiencia a bordo, el itinerario del autor incluyó otros desplazamientos terrestres y aéreos que complementaron la cartografía del viaje.
Un momento decisivo del recorrido ocurrió al internarse en la Bahía de los Glaciares, una reserva natural donde la embarcación avanzó a velocidad reducida para acatar las normas de protección ambiental. En ese paraje, el periodista contempló nutrias marinas, aves y ballenas, al tiempo que atestiguó el estruendo provocado por el desprendimiento de colosales bloques de hielo. La experiencia detonó en él profundas interrogantes “sobre la relación entre la presencia humana y una naturaleza que existe más allá de ella”.
La majestuosidad del paisaje alteró de forma definitiva su escala de percepción. Julio relató que posarse sobre un glaciar tras un traslado en helicóptero le produjo un sobrecogimiento tal que, según sus propias palabras, hizo que “no hubieran palabras” suficientes para procesar el horizonte. Ese estado de pasmo se convirtió en la piedra angular de Delirio en tierra de glaciares.

Sin embargo, las anotaciones de campo no se limitaron a contemplar la naturaleza. Durante la navegación, el autor entrelazó acontecimientos mundiales de ese momento, como el endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por Donald Trump, la materialización de centros de detención en Florida y las tensiones geopolíticas en Irán. De este modo, la vivencia íntima del trayecto quedó cruzada con la compleja realidad social que se desarrollaba fuera del barco.
Esa dialéctica entre el mundo exterior y el fuero interno sostiene el andamiaje de la publicación. Julio detalló que el diario reúne lo que percibió, imaginó, escuchó y soñó durante las jornadas en alta mar, motivo por el cual prefirió conservar la frescura del registro personal antes que forzar una crónica convencional. Para el autor, la obra parte de un acontecimiento tangible que permite establecer un diálogo sincero entre la realidad y la interpretación subjetiva.
Al concluir el viaje, el periodista decidió “dejar reposar” el texto por un tiempo antes de emprender la etapa de edición. El borrador había sido escrito entre finales de junio y finales de julio de 2025, acumulando dos meses de anotaciones. En la fase de revisión posterior, eliminó fragmentos y pulió la redacción, pero se mantuvo firme en no añadir información extemporánea que distorsionara el testimonio original.
El proceso de edición implicó también resolver la dimensión física del ejemplar. Julio aprendió de forma autodidacta herramientas de diseño editorial, experimentando con maquetación, espacios en blanco y tipografías para lograr que “el diseño acompañara la experiencia del viaje”. El objeto final resultó ser una conjunción entre la palabra escrita, la imagen analógica y la factura manual.
La fotografía análoga desempeñó un papel estelar en este proyecto. Julio retomó una disciplina que practicaba desde la adolescencia, cuando montó su propio cuarto oscuro. Para este recorrido empacó una cámara Minolta junto con tres rollos de 36 exposiciones, disponiendo de un límite estricto de 108 encuadres. Esta restricción técnica le permitió ralentizar la mirada y ser sumamente selectivo antes de accionar el obturador.
De regreso a casa, asumió el reto de revelar los carretes con sus propias manos, un proceso que entrañaba el riesgo real de perder todo el material fotográfico. En un taller especializado retomó la química de revelado y enfrentó la incertidumbre del resultado, integrando esa vulnerabilidad a una búsqueda estética centrada en lo artesanal y lo tangible.
Esta vertiente fotográfica abrió a su vez una segunda línea de experimentación plástica. El autor trabajó con cianotipia, collage e intervenciones mixtas sobre las imágenes, dando vida a “Obedece las señales”, una serie de piezas que funciona como complemento visual del libro y que dialoga con los códigos del arte contemporáneo desde la intuición y el trabajo manual.
El desarrollo del texto y de la obra gráfica avanzó en paralelo. Julio intercaló semanas dedicadas al laboratorio oscuro con jornadas de corrección de estilo, atendiendo además las observaciones de los primeros lectores del manuscrito. Pese a que algunos le sugirieron adaptar el diario hacia una crónica periodística tradicional, prefirió mantener la estructura autobiográfica de la narración.
Para el autor, este ejercicio implicó recuperar una dimensión marcadamente autoral dentro de su oficio. Aunque su trabajo reciente se había enfocado en la investigación y la producción audiovisual, la obra le permitió defender que el periodismo puede alimentarse de recursos poéticos, cinematográficos y plásticos sin perder su rigor ético.

La travesía provocó asimismo una transformación en su ámbito personal. Julio explicó que la experiencia atenuó sus temores hacia la incertidumbre laboral, al tiempo que reafirmó su convicción de ejercer “un periodismo capaz de acercarse a las artes sin abandonar la responsabilidad de construir relatos a partir de aquello que al periodista le consta”.
Esa misma búsqueda tiene como objetivo proyectarse en los lectores. El autor confía en que las páginas funcionen como un catalizador para “asomarse al mundo”, incentivando la exploración tanto del entorno como del universo interior. Esta premisa define la presentación de la obra, donde la belleza natural convive con la violencia del presente y las preguntas esenciales sobre la existencia.
Delirio en tierra de glaciares. Notas desde el Asombro en Alaska tendrá una presentación acompañada por la exposición fotográfica Obedece las señales. El encuentro será el jueves 10 de septiembre de 2026, a las 19:30 horas, en Montenegro 1917, en la colonia Americana. La charla estará a cargo de Julio González y Tania Regalado. Durante el evento, el autor también presentará piezas realizadas con fotografías de su experiencia en Seattle y Alaska, entre ellas trabajos de cianotipia y collage.
El libro podrá adquirirse en Montenegro durante la presentación y posteriormente en otros espacios. También se contempla la venta directa a través de sus redes sociales (@julioggd y @lavispera.mx) y confirmó que habrá ejemplares en la librería de la universidad ITESO. Además, busca llevarlo a cafés y centros culturales. La decisión responde a su intención de mantener una distribución cercana y personalizada, acorde con el carácter independiente y manual que marcó la construcción de la obra.


