La calle del Turco
Por Édgar Velasco / @Turcoviejo
La ciudad se hunde. Parece metáfora, pero es anécdota. Y en cualquier momento, se vuelve tragedia.
Debe ser una cosa de la edad, pero con los socavones me ha venido pasando lo mismo que con los árboles caídos y los grados de calor: tengo la impresión de que este año hay más que los años anteriores. Y probablemente el año pasado también lo pensé y es casi un hecho que el año siguiente lo voy a volver a pensar. Por eso me veo en la necesidad de preguntarles: ¿verdad que este año ha habido más socavones?
Desde hace muchos, bastantes, quizá ya demasiados años, circular por las calles de la ciudad es una verdadera monserga. Las calles en buen estado son excepciones, porque la mayoría está en condiciones lamentables, sin importar la ubicación. La calle que no tiene baches, tiene bolas de asfalto mal puesto y, en los casos más extremos, hay tramos enteros con una peligrosa combinación de ambos. Me ha tocado circular por calles que tienen bache, bola y tope con bache. Un delirio.
El evidente abandono de las calles de la ciudad tiene otra cara que no es visible, pero es más peligrosa: la falta de mantenimiento a las tuberías subterráneas se combina con la sobrecarga de las que son objeto, ocasionando fisuras y filtraciones que están provocando socavones cada vez más grandes y cada vez más riesgosos.
Por supuesto que el deterioro de la red subterránea no es nuevo y eso, posiblemente, lo hace todavía más grave. Quiere decir que es un tema que no les ha importado a los gobiernos en turno sin importar sus colores, membretes o ideologías. Todos, por igual, han usado al SIAPA para cualquier cosa menos para lo que, se supone, debería servir: dotar de agua potable de calidad a los municipios y mantener en buen estado el alcantarillado. Este año, más que en ningún otro, hemos sido testigos y víctimas de que no cumplen ni con una ni con otra misión.
Al igual que ha venido ocurriendo con el agua puerca, es evidente que ni el gobierno estatal ni los municipales tienen una estrategia para atender de manera integral el problema de la red de alcantarillado. Ocupados en seguir inflando la burbuja inmobiliaria, nunca pensaron que eso iba a tener dos consecuencias: la primera, que hay menos zonas de infiltración de agua, lo que hace que los puntos de inundación se multipliquen y se vuelvan cada vez más peligrosos; la segunda, la sobrecarga de una red de colectores pensados para una ciudad con un número de habitantes que hace muchos años ya fue rebasado. Cada vez es más común que cuando llueve el agua ataque desde el cielo y desde el subsuelo, con lluvias torrenciales y cauces de agua que salen de los drenajes desbordados.
Las tuberías viejas se fisuran, se rompen y el agua comienza a minar el subsuelo sin que nadie se dé cuenta, hasta que se abre el piso. Pero ni siquiera esto es suficiente para que la autoridad actúe eficientemente. Caminen por las calles de la colonia que quieran y podrán ver las cicatrices: llegan, reparan ese fragmento de tubería y cierran con un parche de concreto o de asfalto mal puesto que se suma a los baches y a las bolas de asfalto del bacheo anterior. Hay cuadras que tienen dos o tres cicatrices, lo que significa que se cambiaron dos o tres fragmentos de tubería y que, seguramente, dentro de no mucho tiempo será necesario cambiar otros dos o tres.
¿Y si en lugar de ir cambiando en abonos abrieran la calle y cambiaran la tubería de toda la cuadra y aprovecharan para poner un tipo de concreto que permita una mejor infiltración de agua durante las lluvias? Por supuesto que no es una decisión popular, por supuesto que no es un proyecto barato y, sobre todo, por supuesto que no va a ser rápido, pero creo que por los menos mandarían el mensaje de que se está atendiendo el problema con visión de largo plazo y no que sólo se están poniendo parches que, además, están mal puestos.
Pero no, no hay tiempo para eso: ya se va a acabar 2026 y la gente que debería atender la situación ya tiene la mira puesta en el proceso electoral que está por comenzar. Las y los políticos ya están en los preparativos de su fiesta privada, mientras los y las ciudadanas seguimos padeciendo una ciudad en la que un día sale el agua puerca, al otro también, y cuando salimos a la calle no sabemos si nos vamos a quedar varados en una inundación, nos va a caer un árbol encima y nos va a tragar la tierra, literalmente, cuando caigamos en un so cabrón, digo, socavón.


