En Pie de Paz
Por Saúl Adolfo Lamas Meza.
Hoy en día la utilización de las redes sociales son una práctica normalizada, cotidiana e incluso indispensable en este presente en donde la mayoría de las comunicaciones tienen verificativo a través de la virtualidad. En esta época tecnológica, concebir las comunicaciones sin dispositivos digitales conectados al internet, nos parece inconcebible. Ciertamente desde que el internet llegó a las sociedades de la información, nuestras vidas se transformaron radicalmente, facilitándonos canales de comunicación antes impensados, trayéndonos múltiples beneficios como la dinamización de múltiples actividades, la conexión instantánea vía remota con nuestros congéneres, etc., todo ello permitiéndonos generar nuevas formas de interacción y comunicación utilitarias en nuestro diario vivir.
Sin embargo, estos espacios de comunicación virtual se han tornado también en entornos donde la violencia ha encontrado nuevas formas de manifestación, algunas sutiles o veladas, otras directas o explícitas e incluso estructurales. Un fenómeno reprobable que ha emergido con denuedo en la última década es el “ciberbulliyng”, práctica que ha tenido arraigo especialmente entre la población joven, pero de la que la población adulta no ha quedado exenta, tanto en su rol de víctima, como de victimario.
En el mundo entero a raíz de la pandemia COVID-19 que tuvo su punto álgido en el año 2020, se exponenció el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, debido a que las condiciones de enclaustramiento que las sociedades se vieron obligadas a vivir, forzaron a las personas a mudar muchas de sus actividades, otrora presenciales, a la realidad virtual.
Se ha documentado que a partir de este fenómeno coyuntural la compra-venta de dispositivos (computadoras, celulares, tablets, etc.) se disparó dramáticamente en el mundo; lo que generó un campo propicio para la proliferación de una gama amplia de redes sociales que ofrecían a sus usuarios beneficios de interacción y comunicación instantánea (en tiempo real).
Sin embargo, se empezó a advertir que muchas prácticas de violencia que antes eran presenciales, ahora estaban trasladándose a los entornos virtuales; y prácticas nocivas como el “ciberbulliyng” el ciberacoso e incluso conductas más graves que derivaban en delitos cibernéticos estaban teniendo materialización con gran reincidencia.
Lamentablemente nuestro país no quedó exento de esta realidad. De acuerdo al informe internacional 2025 publicado por la plataforma “statista”, México se encuentra entre las naciones con más población usuaria de redes sociales en el mundo y dentro de los cinco países con más registros de violencia virtual, solo por debajo de países como Estados Unidos, España, Brasil y Argentina. Lo que ha despertado los focos de alerta en nuestra legislación, forzándola a instrumentar nuevas normativas (como la Ley Olimpia) y a crear nuevas fiscalías especializadas en ciberdelincuencia, de tal tenor que se pueda contrarrestar o al menos atenuar las formas más graves de violencia digital.
La “Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, 2025” publicó un dato revelador: en México existen más de 98 millones de usuarios de redes sociales, estas últimas que se han convertido negativamente en espacios de manifestación de múltiples comportamientos violentos. La referida encuesta refirió que el 21% de la población usuaria de internet manifestó haber padecido algún tipo de modalidad de ciber-violencia. En el catálogo de prácticas digitales violentas documentadas, destacaron las siguientes: ataques verbales ofensivos, amenazas, provocaciones, extorsiones, envío de material sexual explícito, discriminación, denostación, burlas, señalamientos falsos, acoso sexual, etc.
Este “modus operandi” se complejiza cuando el agresor actúa desde el anonimato, utilizando cuentas falsas o identidades apócrifas. Estas prácticas de violencia virtual se han acentuado y expandido con celeridad, lo que representa un gran desafío para el Estado, quien se muestra casi impotente al intentar controlar un entorno tan intangible y subrepticio como lo es el ciberespacio.
Las nuevas sociedades de la información sin duda han traído grandes progresos para la humanidad y los beneficios que ofrecen a los usuarios son múltiples, pera también traen aparejados peligros latentes. El Estado tiene la encomienda neutral de crear políticas públicas y normativas “ad hoc” para regular este fenómeno, sin embargo, esta realidad solo puede manifestarse a través de campañas de concientización entre la población usuaria de estas tecnologías de la información, especialmente de las redes sociales.
Educar a los usuarios desde temprana edad en la utilización responsable de las nuevas tecnologías de la información es una tarea de suprema importancia si se quiere promover códigos de ética y prácticas libres de violencia digital, donde priven los valores y se dignifique a las personas, sobre todo en este momento en que el mundo está convulsionado por innumerables e inusuales prácticas de violencia.
Recuperar la paz en los entornos digitales, es una tarea impostergable que nos compete a todos. El proceso que debe seguirse es el preventivo, el cual inicia con la reeducación en el manejo de las herramientas digitales. Promover la cultura de tolerancia, empatía, derecho a la diversidad de opiniones, solidaridad y respeto irrestricto a los derechos humanos es una ideología que debe construirse desde los hogares y cultivarse en las escuelas de enseñanza básica, que es donde los niños y jóvenes comienzan a conocer las nuevas tecnologías y utilizarlas como herramienta de comunicación.
La violencia digital en cualquiera de sus expresiones, incluso las más sutiles, con frecuencia se tornan en el caldo de cultivo para ulteriores formas de violencias física más graves, incluso con implicaciones criminógenas. En esta era de irrupción tecnológica superlativa, la paz o la guerra puede iniciar desde que encendemos cada mañana nuestro celular. Todos somos responsables de incentivar con pequeñas acciones… la cultura de paz digital.
Bibliografía recomendada:
Roque Huerta, Edith “Cultura de la paz en la era de la IA. Retos, Desafíos y Oportunidades”. Ed. Tirant lo Blanch. 2025.
Difelice, Massimo. “Ciudadanía digital” (1.ª ed.). Universidad Autónoma Metropolitana. 2023.
Flores Garza, Olivia. “Educación para la paz y la ciudadanía mundial (digital)”. Fondo Editorial. 2023


