No volvió a casa

Historias Cotidianas
Por Víctor Ulín
Ilustración de Oscar Gomez Lostu
En el suelo alguien colocó seis veladoras en forma de cruz sobre la mancha de sangre.
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Nadie convocó. Así lo hace la gente creyente. Pero es más que un ritual religioso heredado.
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Esa sangre que se pegó al cemento, que parece indeleble, como si se resistiera a desaparecer, era de Fernando Ambros Ostos.
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No supimos de él hasta el 30 de agosto de 2026, después de las 10:30 de la mañana.
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Ni usted ni yo lo conocimos. Su nombre lo leímos en los portales digitales de la prensa. Y nos detuvimos a leer lo que le había pasado en su centro de trabajo, al que quizá conoce si ha caminado el Centro Histórico.
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¿Quién de aquí no ha caminado el Centro Histórico de Guadalajara? Mientras lo hace, puede ver cómo la ciudad vive, respira.
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Fernando Ambros Ostos, un hombre que tenía entre 45 y 50 años de edad, lo recorría todos los días camino a su trabajo y de vuelta a su casa.
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El 30 de Agosto de 2026 vestía el uniforme azul y de su cintura colgaba su arma. La misma que traía la mañana del domingo, cuando sucedieron los hechos.
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Hay varias versiones, pero en cualquier caso, ninguna cambia el final de esta historia.
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Su compañero vigilaba la entrada del lugar. Nadie se dio cuenta de que muy cerca tres personas acechaban.
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Fernando se encontraba en otra parte del inmueble. De pronto vio que su compañero era amagado mientras lo obligaban a caminar.
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Apenas habían abierto el Centro Joyero Metropolitano, en el Centro Histórico, a un costado del Mercado San Juan de Dios.
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Fernando sacó su arma y los enfrentó en su intención de rescatar a su compañero. Hubo intercambio de disparos.
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En el vídeo que se volvió viral, se alcanza a observar el instante en el que el compañero forcejea con los tres sujetos.
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También se ve corriendo a una trabajadora que busca protegerse y alertar a los demás, mientras sostiene un celular en su mano derecha.
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El vídeo es muy corto. No se ve a Ambrosio contratacar. Pero lo hizo.
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No vemos cómo su compañero sale librado del amago de quienes lo amenazaban.
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Los tres sujetos no pudieron entrar completamente ni mucho menos llevarse las joyas de oro.
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Fernando lo había impedido, pero estaba herido. Su compañero, ileso, estaba con el susto bajo control. El miedo es el miedo. Y el valor nace del miedo.
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Fernando quedó sobre su sangre tendido en la plancha de la Plaza Tapatía, a metros de la entrada del Centro Joyero. Así lo encontraron los paramédico y policías locales que recibieron la llamada de emergencia por el 911.
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No sabemos si estaba boca abajo cuando cayó en su intento por detener a los sujetos que huían, o sobre la plancha de concreto, con la mirada al cielo.
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La certeza es que la sangre que está pegada sobre el suelo donde seis veladoras forman una cruz, es la de Fernando Ambros Ostos, el Policía Auxiliar que ya no pudo volver a casa.
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