#NosFaltan43
Doce años después de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, distintas personas reconstruyen cómo conocieron el caso, qué significó para ellas y cómo ha cambiado su forma de recordarlo.
Desde quienes eran niños, hasta quienes marcharon, se vincularon con las normales rurales o encontraron en Ayotzinapa una expresión de otras luchas.La exigencia de justicia y la memoria son cosas que distintas generaciones se niegan a dejar de hacer.
Por: Farah Medina / @_dtfarahm_ (IG)
La noche del 26 de septiembre de 2014, cerca de 100 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en Ayotzinapa, Guerrero, buscaban trasladarse a la Ciudad de México, para asistir a la marcha conmemorativa del 2 de octubre en la capital.
“La toma de autobuses por parte de estudiantes en Guerrero para asistir a movilizaciones era una práctica relativamente frecuente por lo que existía una actitud permisiva por parte de autoridades y empresas, lo que les permitía garantizar la seguridad del personal y de las unidades. Sin embargo, aquella noche del 26 de septiembre fue distinta”, así lo relata la Comisión Nacional de Derechos Humanos en su informe “Desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, crimen de Estado”.
Tras estos hechos, los estudiantes, fueron perseguidos y atacados por autoridades de Iguala, Guerrero. Los tres camiones tomados por los estudiantes, fueron víctimas de la fuerza del estado.
La noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre en la ciudad de Iguala, seis personas fallecieron, decenas resultaron heridas y 43 estudiantes fueron desaparecidos. Desde entonces, este crimen de Estado ha estado marcado por la opacidad.
A pesar de la magnitud, las autoridades mexicanas no han hablado con verdad sobre lo ocurrido, pero no sólo eso han presentado irregularidades e inconsistencias en las investigaciones que ha realizado. Incluso, pese a las evidencias, han buscando deslindar a las autoridades de la responsabilidad de sus actos aquella noche.
El caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, desde entonces, ha causado indignación y dolor a la familias de los normalistas, pero también a todo un país. A doce años, las familias siguen buscando justicia y esclarecimiento sobre el paradero de sus hijos, así como siguen exigiendo que se sepa la verdad del ataque, tortura y desaparición forzada de los estudiantes.
En este marco, ZonaDocs recopiló testimonios de personas de distintas generaciones para construir un retrato colectivo de cómo se recuerda la desaparición de los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa.
Y es que no todos recuerdan lo mismo. Algunas personas se enteraron por las noticias, la radio, la televisión o las redes sociales. Puedes, desde aquel 2024, la noticia inundó todas partes, incluidas las calles en las que familias y compañeros han marchado cada 26 de septiembre bajo la consigna de “Nos Faltan 43”.


Crecer con Ayotzinapa
Para quienes eran niños o adolescentes en 2014, entender Ayotzinapa fue un proceso de crecimiento.
Emiliano Mendoza, recuerda a los 43 desde las calles, “Yo me enteré de los 43 por los grafitis que veía en mi ciudad. Recuerdo que aparecía el número 43, seguido de una pregunta que entonces no entendía: “¿Dónde están los 43?”. En aquél entonces, asistía a la primaria, al ser tan joven, no entendía, de hecho, admite sentir miedo al verlos sin saber por qué:
“Con el paso de los años fui creciendo y también entendiendo lo que había detrás de esas pintas. Descubrí que hablaban de 43 estudiantes desaparecidos, de 43 familias que los seguían buscando y de una pregunta que se convirtió en una exigencia de justicia” relata.
A María, la noticia llegó desde otro país. Tenía 14 años y vivía en Estados Unidos cuando, en una clase de inglés para estudiantes migrantes, le pidieron realizar una presentación sobre una noticia relevante de su país de origen.
La noticia que eligió fue Ayotzinapa, “Hablamos de eso y recuerdo que ahí México fue catalogado, al menos en mi entorno directo, como un país bastante peligroso”, recuerda.
Vianney Martínez, también, tiene un encuentro directamente relacionado a los escuela y las noticias Se encontraba en la secundaria, cuando sus profesores hablaron del tema, “nos hicieron entender lo delicado de la situación y reflexionamos el tema, hablando que podría ser alguno de nuestros compañeros de salón porque eran estudiantes”.
“Este caso me marcó completamente, ocurrió cuando yo tenía 15 años, recién me había graduado de la secundaria, en ese entonces mi grupo era de 45 personas, pensé en cómo sería que desaparecieran todos y solo quedáramos 2”, cuenta África, quien desde redes sociales encontró las manifestaciones, las primeras en búsqueda de justicia.
La búsqueda de los 43 normalistas la impulsó a asistir a su primera marcha: “Fue la primera vez que fui a una manifestación, que escuché a personas gritar consignas, leer pronunciamientos y expresar rabia en el espacio público”.
Como África, una de las personas entrevistados y que decidió no dar su nombre para este ejercicio, recuerda con claridad haberse enterado de la noticia, aún más, haberla adoptado como una causa por la que salía a marchar constantemente en la ciudad de Guadalajara: “Recuerdo los conteos del 1 al 43, cargar,las mantas con sus rostros, gritar las consignas: ‘Ayotzinapa vive, la lucha sigue’, ‘Vivos se los llevaron, vivos los queremos’ “.
Diana Flores, recuerda algo similar, al andar por las calles de ciudad y ver en las Normal lonas y carteles con los rostros de los estudiantes, los cuales, rodeaban toda la escuela.
Para Deneb Medina, la presencia, y el recuerdo de Ayotzinapa tiene una raíz muy profunda en los docentes.
Para ella, el magisterio se sintió amenazado tras la desaparición forzada de los estudiantes, sumado a la reforma educativa propuesta durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y la pregunta: ¿Cómo desaparecen 43 personas?, cree que Ayotzinapa, lamentablemente, unió las luchas y a las personas. Les volvió hermanos de los 43.
Emiliano recuerda que, de niño, le parecía inimaginable que 43 estudiantes pudieran desaparecer:
“No alcanzaba a comprender la dimensión de lo que había ocurrido y veía todo aquello como una realidad distópica. Me parecía inimaginable que 43 estudiantes pudieran desaparecer así, sin más”, relata.
Sin embargo, esto pasó a ser una de las memorias más vividas que tiene de México, “Cuando pienso en los 43, pienso en 43 familias que siguen buscando justicia por sus hijos e hijas y en una pregunta que permanece abierta”, dice.
Marco tenía 12 años cuando ocurrió la desaparición forzada.
Recuerda haber conocido el caso por televisión y haberlo visto convertirse rápidamente en una noticia que trascendió en diferentes formas, “Recuerdo que desde un inicio que se comenzó a tratar en los medios fue un caso bastante mediático. Fue uno de los tantos eventos de inseguridad a los que ya estabamos acostumbrados.” dice.
Con el paso del tiempo, los hechos del 26 de septiembre, comenzaron a tener otro significado, las fichas de búsqueda, los colectivos, las manifestaciones y las versiones sobre lo ocurrido, pero también habla de la frustración, pues años más tarde, recuerda a los 43 de Ayotzinapa con miedo, “En mi adolescencia no fui una persona social y politicamente activa ni despierta, conforme crecí y avanzaron las investigaciones me di cuenta de la magnitud de lo que fue. Ahora veo el caso en retrospectiva y lo revisito con miedo”.
Considera que hablar de los 43 años después significa no olvidar: “Para mi es la obligación que tenemos. Estamos obligados a no olvidar, no perdonar, seguir exigiendo”.


Una herida histórica
La desaparición de los 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, es el permanente recordatorio al estado e instituciones encargadas de salvaguardar los derechos humanos de su obligación para esclarecer el paradero de los estudiantes y de sancionar a los responsables en el ataque, tortura y desaparición de los normalistas.
Pues, a lo largo de los años, las versiones que han proporcionado han sido cuestionadas, tal cómo se hizo con la llamada “verdad histórica”, donde se ha señalado el encubrimiento y montaje del estado en hechos como la incineración de los estudiantes en el basurero de Cocula. Versión que las familias y expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) han comprobado, no puede ser posible.
En 2022, la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa sostuvo que la desaparición de los estudiantes constituyó un crimen de Estado y señaló la participación de agentes de distintas instituciones. También señalaron que el caso no estaba cerrado y que debían continuar las investigaciones y búsquedas.
Para quienes decidieron participar ente ejercicio para ZonaDocs, esa falta de justicias y esclarecimiento aparece como parte de la razón por la que Ayotzinapa continue presente.
Hablan de una “herida horrible”, “herida abierta” y “la herida y la memoria compartida”.
Juan Patiño Trejo, de 74 años, mantiene otra relación con la historia.
Conocer de los estudiantes fue a través de su vínculo cercano con las normales rurales:
”Fue directa por ser producto de una Escuela Normal Rural hermana donde tuve parientes y conocidos muy cercanos quienes de forma real y fehaciente me enteraron de los hechos tergiversados por los medios”.
Para Encarnación, también de 74 años, relaciona Ayotzinapa con las luchas de los pueblos, las escuelas normales rurales y otros episodios de represión que forman parte de la historia política del país que a él, le tocó vivir:
“Recuerdo las injusticias que han vivido los pueblos de México y en particular los estudiantes hijos de campesinos que estudian en las escuelas normales rurales, así mismo la represión que se dio en 1968 y la desaparición de 16 normales rurales”.
A Patiño y Encarnación, se suma una voz, la de Cuquito de 72 años. “Tengo vínculo con este hecho, pues soy maestro rural, egresado de una escuela hermana de la “Raúl Isidro Burgos”. Siento que esto que pasó afectó mi vida en todos los sentidos”, relata.
Para los tres, ser normalistas y provenir de las normales rurales, el 68 y los 43 estudiantes, han tenido un gran impacto en su vida, pues consideran es la ocntinuación de la represión que les tocó experimentar también.
“Es una forma de represión y tratar de callar las voces que desde los hechos de Madera Chihuahua el 23 de septiembre de 1965 y en particular las desapariciones que se dieron y los encarcelados en Lecumberri”, relata Encarnación. Para Cuquito, nunca podrá dejar de pensar en lo 43, pero tampoco en el resto de normales, las cuales las ve como hermanas, “Escuela hermana de mis dos normales: Atequiza y El Mexe. Por supuesto que siempre llegará a mi mente el magnicidio de 43 maestros, cuya misión de vida quedó truncada por culpa de un sistema gobernante fallido.”
Para estos normalistas, la lucha y la exigencia de justicia continúa como una experiencia colectiva y necesaria, pues la fraternidad que han construido ha hecho que definan a Ayotzinapa como un “Caso vivo”.
“Mientras no se esclarezca, resuelva el caso y castiguen a los responsables de la masacre no tiene por qué dejar de hablarse del caso. Los 43 estudiantes jamás serán olvidados de sus hermanos de clase”, expresa Patiño.
Encarnación, habla de la unidad y la necesidad de seguir hablando del caso y acompañar a los estudiantes y sus familias, “Debemos de alzar las voces desde los familiares de las víctimas hasta quienes hemos vividos situaciones semejantes”.
“Seguimos hablando de esto porque es imposible olvidarlo, además, la justicia no ha llegado (…) qienes se encargan de suministrar y administrar la justicia son quienes ponen piedras y espinas en el camino para castigar a todos los culpables” expresa Cuquito.
Doce años después
A doce años de los eventos del 26 de septiembre donde 43 normalistas desaparecieron, las respuestas muestran que Ayotzinapa se ha convertido en una forma de mirar la desaparición.
Vianney , habla de la repetición de historias de violencia; Diana piensa en el miedo de que un caso similar vuelva a ocurrir; Emiliano recuerda que aquello que alguna vez le pareció imposible terminó alcanzando a miles de personas.
Una de las personas, que decidió permanecer anónima, lo resume así desde su experiencia, “Recuerdo que mi maestra me dijo que no me preocupara, que eso no pasaba en Jalisco. Recuerdo que se me hacía extraño el hecho que alguien desapareciera de un día para otro. Extraño poder pensar así”.
Deneb Medina, habla de como la magnitud de los 43 fue el inicio de las desapariciones que siguieron, la búsqueda de las familias, la pregunta sobre qué significa vivir en un país donde desaparecer llevará a una falta de respuesta por parte del estado.
Para personas como María, el caso se convirtió en “la mayor prueba de impunidad”, hay quienes lo definen como “impunidad, corrupción y violencia, pero también lucha y resistencia”.
Los testimonios expresan coraje y resentimiento contra el estado, contra la impunidad, “Mientras no se sancione a Peña y sus jefes militares debemos seguir hablando”, “Es la mayor prueba de impunidad y de que México es un narcoestado”.
Quienes participaron en la construcción de este retrato colectivo coinciden en que la ausencia de verdad y castigo a los responsables mantendrá la herida abierta. La memoria, para muchos de ellos, es una forma de evitar el olvido de las víctimas y sus familias.
“Seguimos en un momento de luto y dolor permanente. Nos faltan 43 y miles más”, “Significa que no ha habido justicia, que el caso sigue impune y sobre todo que la memoria es la mantiene vivos a los 43 estudiantes. 43 hijos, hermanos, amigos, decenas de historias que recién comenzaban. Queremos justicia”, “
Ayotzinapa es un símbolo de la falla institucional, pero también de un país que se niega a olvidar. Un país que sigue contando del uno al cuarenta y tres, que aún corea por su regreso: ¡Ayotzinapa vive!, “Mexico podrá tener horrible memoria y pésima administración, pero aun tiene, en algún lado, un corazon que funciona y ese corazón aún le duele 43 estudiantes que deberían estar aqui, y que no están”.
Actualmente, solo han sido encontrados e identificados los restos de tres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Las familias de los estudiantes normalistas aún esperan justicia y verdad.

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Los 43 normalistas de Ayotzinapa
Abel García Hernández
Abelardo Vázquez Penitén
Adán Abrajan de la Cruz
Alexander Mora Venancio — Identificado
Antonio Santana Maestro
Benjamín Ascencio Bautista
Bernardo Flores Alcaraz
Carlos Iván Ramírez Villarreal
Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
César Manuel González Hernández
Cristián Alfonso Rodríguez Telumbre — Identificado
Cristián Tomás Colón Garnica
Cutberto Ortiz Ramos
Dorian González Parral
Emiliano Gaspar de la Cruz
Everardo Rodríguez Bello
Felipe Arnulfo Rosas
Giovanni Galíndez Guerrero
Israel Caballero Sánchez
Israel Jacinto Lugardo
Jesús Giovanni Rodríguez
Jhosivanni Guerrero de la Cruz — Identificado
Jonás Trujillo González
Jorge Álvarez Nava
Jorge Anibal Cruz Mendoza
Jorge Antonio Tizapa Leguideño
Jorge Luis González Parral
José Ángel Campos Cantor
José Ángel Navarrete González
José Eduardo Bartolo Tlatempa
José Luis Luna Torres
Julio César López Patoltzin
Leonel Castro Abarca
Luis Ángel Abarca
Luis Ángel Francisco Arzola
Magdaleno Rubén Lauro Villegas
Marcial Pablo Baranda
Marco Antonio Gómez Molina
Martin Sánchez García
Mauricio Ortega Valerio
Miguel Ángel Hernández Martínez
Miguel Ángel Mendoza Zacarías
Saúl Bruno García



