Cuando la ciencia sale del laboratorio

#Ciencia

Jesús Fuentes González, oficina de difusión y divulgación del CIATEJ

¿Qué pasa cuando una niña descubre que el color de una planta puede convertirse en una experiencia científica? ¿O cuando un niño que nunca había pensado en los microorganismos termina observándolos con curiosidad y preguntando cómo funcionan? En esos momentos, la ciencia deja de ser algo que ocurre únicamente en laboratorio y se convierte en una experiencia cercana, comprensible y, quizá, capaz de despertar una vocación.

Cada 28 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Cultura Científica, una fecha que busca reconocer la importancia de acercar la ciencia a la sociedad y promover una ciudadanía que pueda comprender, cuestionar y participar en los asuntos relacionados con el conocimiento científico. Más que celebrar a la ciencia como un conjunto de descubrimientos, esta efeméride invita a reflexionar sobre nuestra relación cotidiana con ella.

Porque la ciencia está en todas partes. Está en los alimentos que consumimos, en los medicamentos, en el agua que bebemos, en los materiales que utilizamos y en las tecnologías que forman parte de nuestra vida. También debe estar detrás de muchas de las decisiones que tomemos como sociedad.

Sin embargo, que la ciencia esté presente en nuestra vida no significa que siempre sea accesible. Una investigación puede contener información valiosa, pero si permanece encerrada en un lenguaje que solo unos cuantos pueden comprender, difícilmente podrá generar una conversación amplia con la sociedad.

Ahí es donde la divulgación científica adquiere un papel fundamental.

 

Divulgar ciencia no significa simplemente “hacerla fácil”. Significa encontrar formas de explicar conocimientos, procesos y resultados sin perder su esencia, pero utilizando un lenguaje que permita que más personas puedan acercarse a ellos. Es construir un puente entre quienes generan conocimiento y quienes pueden beneficiarse de él, cuestionarlo o incluso participar en su construcción.

Desde el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), esta tarea forma parte de nuestro quehacer. La investigación científica y tecnológica que se desarrolla en el Centro tiene aplicaciones y repercusiones en ámbitos tan diversos como los alimentos, la salud, el medio ambiente, la biotecnología y la industria. Pero el conocimiento generado adquiere otra dimensión cuando logra salir de los laboratorios y encontrarse con la sociedad.

Un ejemplo de ello es nuestra participación en el Festival Papirolas, organizado por la Universidad de Guadalajara, desde hace 30 años.

Desde 2018, el CIATEJ ha participado de manera continua en este festival, un espacio que reúne educación, creatividad, cultura y ciencia, especialmente dirigido a niñas, niños y jóvenes. A través de biotalleres de ciencia recreativa, personal científico y estudiantes de nuestras líneas de investigación transforman conceptos científicos en experiencias que pueden tocarse, observarse y experimentarse.

Durante ocho ediciones, antes de nuestra participación de este año, los biotalleres del CIATEJ han atendido a más de 15 mil personas. Pero detrás de esa cifra hay algo que considero mucho más importante: miles de encuentros entre la ciencia y personas que quizá no habían tenido antes la oportunidad de acercarse a ella de esa manera.

En Papirolas, un concepto científico puede comenzar con una pregunta aparentemente sencilla: ¿de dónde vienen los colores? A partir de ahí puede surgir una conversación sobre pigmentos naturales, plantas, microorganismos o procesos biotecnológicos. La explicación deja de ser una definición escrita en un libro y se convierte en una experiencia.

Eso es, en buena medida, lo que buscamos cuando hacemos divulgación: provocar preguntas.

No necesariamente esperamos que una niña o un niño salga de un biotaller sabiendo todos los conceptos científicos que hay detrás de una actividad. Lo importante es que salga con curiosidad. Que pregunte. Que quiera experimentar nuevamente. Que descubra que la ciencia no es exclusiva de personas con batas blancas ni algo reservado para quienes algún día trabajarán en un laboratorio.

La cultura científica también se construye cuando aprendemos a preguntar de dónde viene una información, qué evidencia la respalda y cómo podemos distinguir entre un dato comprobado y una afirmación sin sustento. En un mundo en el que circula tanta información, desarrollar esa capacidad resulta cada vez más importante.

Por eso considero que la divulgación científica no debe entenderse como una actividad secundaria de la investigación. Es una responsabilidad que permite fortalecer el vínculo entre la ciencia y la sociedad.

Y ese vínculo necesita construirse en ambas direcciones. La sociedad necesita conocer qué hace la ciencia, pero quienes hacemos divulgación también necesitamos escuchar las preguntas, inquietudes y experiencias de las personas. Cuando un visitante pregunta algo que no habíamos contemplado, cuando un estudiante relaciona un experimento con algo que ocurre en su casa o cuando una niña o niño dice que quiere dedicarse a la ciencia, también estamos aprendiendo.

Este año, el CIATEJ regresará a Papirolas con un nuevo biotaller: “Ciencia a Todo Color”. Será una nueva oportunidad para encontrarnos con niñas, niños, jóvenes y familias, experimentar y, sobre todo, conversar sobre ciencia.

Quizá alguna de las personas que participe en el taller recuerde años después aquella experiencia. Tal vez no recuerde todos los conceptos, pero conserve una pregunta, una curiosidad o el deseo de conocer un poco más.

Ahí encuentro una de las razones más importantes para divulgar ciencia.

La cultura científica no se construye de un día para otro ni depende únicamente de grandes descubrimientos. Se construye también en esos pequeños momentos en los que alguien descubre que puede preguntar, experimentar y entender el mundo que lo rodea.

Cada 28 de septiembre, el Día Internacional de la Cultura Científica nos recuerda precisamente eso: la ciencia también necesita salir de los laboratorios para encontrarse con la sociedad.

Y cuando ese encuentro ocurre desde la curiosidad, el juego y la posibilidad de experimentar, quizá estamos haciendo algo más que divulgar ciencia. Estamos ayudando a construir una sociedad con más herramientas para comprender su presente y participar en la construcción de su futuro.

Nos vemos en Papirolas.


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Jesús Fuentes González es responsable de la Oficina de Difusión y Divulgación del CIATEJ desde 2014. Cuenta con más de una década de experiencia en comunicación y divulgación científica, donde ha coordinado estrategias institucionales, contenidos digitales, actividades de apropiación social del conocimiento y proyectos de divulgación. Entre estos destaca el Biotaller ¡A conciencia!, reconocido con el Premio Estatal de Innovación, Ciencia y Tecnología de Jalisco 2019 en la categoría de Divulgación. Su trabajo busca fortalecer el vínculo entre la investigación científica y la sociedad, haciendo de la ciencia un conocimiento accesible, cercano y atractivo para públicos diversos.


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El Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, A.C. (CIATEJ) es un Centro de Investigación que pertenece a la Coordinación de Medio Ambiente, Salud y Alimentación del Sistema de Centros Públicos de Investigación (CPI) de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI).

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