Coro Inolvidable: familias buscadoras cantan para sostener la esperanza

#HastaEncontrarles

En el marco del Festival de Arte Conceptual La Cuarta Silla, el ‘Coro Inolvidable’, integrado por familiares de personas desaparecidas de Jalisco, se presentó en el Andador Palestina Libre con el objetivo de convertir el espacio público en un lugar de memoria, acompañamiento y denuncia.

Durante la presentación, las familias compartieron el significado que cada canción tiene para ellas y entregaron al público un libro impreso con el repertorio para que pudiera acompañarlas en su canto.

Texto y fotos por Aletse Torres Flores / @aletsetorres99

La noche del jueves 24 de septiembre, 25 personas buscadoras de Jalisco ocuparon con sus voces el Andador Palestina Libre. Algunas sostenían entre las manos un libro con las letras de las canciones que interpretarían durante la noche; otras miraban al frente mientras comenzaban un repertorio que, más que una presentación musical, funcionó como una forma distinta de hablar de sus ausencias.

“Antes cantábamos con ellxs y hoy cantamos por ellxs”, explicaron al presentar el Coro Inolvidable, una agrupación conformada por familiares de personas desaparecidas que encontró en el canto otra manera de sostener la memoria, acompañarse y hablar de la crisis de desaparición.

De acuerdo con el Registro Estatal de Personas Desaparecidas y No Localizadas (REPD), al 25 de septiembre Jalisco registra 16 mil 950 personas desaparecidas, lo que lo coloca como el tercer estado con mayor número de casos en el país, únicamente por debajo de Tamaulipas y el Estado de México.

La cifra, sin embargo, no necesariamente dimensiona por completo la crisis: familias buscadoras y organizaciones han señalado de manera constante problemas de subregistro, diferencias entre las bases estatales y nacionales, así como obstáculos institucionales para denunciar y dar seguimiento a los casos.

Frente a números que intentan dimensionar la desaparición, las familias continúan encontrando otras formas de recordar que detrás de cada registro existe una persona, una historia y alguien que sigue buscándola.

Antes de comenzar las nueve canciones del repertorio, Miriam Rodríguez, artista y facilitadora del Coro Inolvidable, habló de las dudas que acompañaron el nacimiento del proyecto.

Desde que comenzó a acompañar a familias buscadoras y a conocer sus historias, explicó, una pregunta se volvió constante: de qué manera podía ser útil el arte frente a una realidad tan compleja. Cuando surgió la posibilidad de formar un coro, preguntó una y otra vez a una de las madres si aquello tenía sentido o podía servirles de algo. La respuesta, recordó, siempre fue que sí.

“¿Qué puede hacer el arte cuando la realidad duele demasiado para ser solamente representada?”, preguntó Rodríguez al público. La respuesta, dijo, no está en pretender que el arte pueda resolver aquello que corresponde a las instituciones.

“El arte no puede solucionar una desaparición, devolver a una persona, ni reparar por sí solo una violencia estructural”. Su posibilidad aparece en otro lugar: puede escuchar cuando no hay respuestas, acompañar cuando no puede reparar, crear comunidad cuando el dolor aísla y devolver un nombre, una voz o una presencia cuando una persona ha sido reducida a una cifra.

 

Las familias comenzaron entonces un recorrido de nueve canciones de autores como Juan Gabriel, Leo Dan y José Alfredo Jiménez. Son canciones conocidas, algunas presentes desde hace años en la memoria colectiva, pero que al ser interpretadas por quienes buscan adquieren otro significado.

Antes de cantar ‘El jinete’, la segunda pieza de la noche, una de las madres explicó que para ellas la canción representaba a una madre cabalgando a través del dolor porque su hijo no está. La música se convirtió así en una forma de hablar de ausencia sin recurrir únicamente al testimonio directo, pero sin separarse nunca de la búsqueda.

La agrupación está abierta a familias buscadoras pertenezcan o no a algún colectivo buscador. En su manifiesto, sus integrantes explican que interpretan tanto canciones populares como piezas creadas a partir de la crisis de desaparición y que el proyecto nació “del dolor por nuestros seres amados”.

Ahí mismo describen al coro como un espacio de expresión, acompañamiento, visibilización y denuncia, pero también como un lugar para construir comunidad entre personas que atraviesan experiencias similares.

Esa intención también atraviesa las presentaciones en espacios públicos. Cantar frente a quienes caminan por una plaza o un andador abre otra posibilidad de encuentro: la de escuchar una historia sin haber ido expresamente a buscarla.

La desaparición deja entonces de aparecer solamente en una ficha, una cifra o una noticia y se presenta a través de una voz, una canción y un nombre. Para las familias, ocupar esos espacios representa también una forma de hacer que sus seres queridos permanezcan presentes frente a una sociedad que, con frecuencia, puede acostumbrarse a escuchar números.

Durante la noche, quienes asistieron recibieron un libro con las canciones del repertorio. En sus páginas también se cuenta parte de la historia del proyecto, los ensayos, las personas colaboradoras y quienes lo integran.

El objeto acompañó la presentación y permitió seguir las letras, pero también dejó registro de un proceso que no comenzó esa noche: detrás del concierto hay encuentros, ensayos y una organización construida entre familias que han encontrado en el coro una manera de estar juntas desde un lugar distinto al de las jornadas de búsqueda.

En su manifiesto, las integrantes también plantean que quieren llevar el proyecto a otros estados y que pueda replicarse desde la organización civil, generando comunidad entre familias buscadoras. “Somos compañeras que ante la adversidad nos volvimos más fuertes, resilientes, sabias y llenas de esperanza”, señalan.

La intención no es sustituir otras formas de búsqueda o protesta, sino sumar otra herramienta para sostener la memoria y acercar sus historias a otras personas.

Para Miriam Rodríguez, una de las posibilidades del arte está precisamente en evitar que quienes atraviesan una desaparición sean vistas únicamente desde el dolor.

“Puede transformar un testimonio en memoria compartida. Puede abrir un espacio donde una persona deje de ser solamente víctima y vuelva a ser sujeto, creadora, voz”, expresó antes de que comenzara el repertorio.

Sobre el escenario, las familias no fueron únicamente quienes buscan: fueron también quienes eligieron las canciones, ensayaron, interpretaron y construyeron colectivamente aquello que querían decir.

La presentación terminó después de las nueve canciones, pero no con la música. Al finalizar el repertorio, las familias realizaron un pase de lista. Los nombres de las personas desaparecidas comenzaron a escucharse uno por uno en el Andador Palestina Libre, regresando el sentido de toda la noche a quienes motivaron la creación del coro. Cada nombre volvió a ocupar el espacio que muchas veces las cifras terminan borrando.

Al inicio de la presentación, Miriam había expresado un deseo:

“Que su canto se escuche hasta donde están sus tesoros. Que sus nombres, sus rostros y sus historias permanezcan presentes y que ese canto llene los corazones de fuerza, esperanza hasta encontrarlos a todos”.

La noche cerró con la misma exigencia que acompaña desde hace años a las familias buscadoras:

“¡Hasta encontrarles, porque vivos se los llevaron y vivos los queremos!”

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Aletse Torres
Aletse Torres
Vivo de café, amo los gatos, no creo en las etiquetas. Desde niña quise ser periodista por Spiderman, me invento unas fotos, cubro cualquier tema con pasión, respeto y verdad.

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