Hablar de nosotros

Historias Cotidianas
Por Víctor Ulín
Hace unos días, una alumna de psicología me compartió su tema de ensayo. Después de varios intentos concretamos lo que quería plantear como idea central: los jóvenes de hoy no hablamos. Y si no hablamos, nadie sabe lo que sentimos y menos lo que pasa por nuestra mente.
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Así, no podemos contribuir a prevenir el suicidio entre la población joven en México. Alguien que por alguna razón no expone lo que siente, difícilmente puede recibir el respaldo o ayuda de sus familiares o especialistas, o bien de las instituciones de gobierno o educativas.
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Otra estudiante, en una conversación en clase, confió que de pronto dejó de sentir ánimos de levantarse para ir a la universidad. Asiste a clases, pero no hay motivo que le dé sentido a su vida. Cualquiera que la vea sonriendo pensaría que una joven plena no tendría porqué tener a su edad un conflicto existencial. Pero ocurre y cada vez más en el país.
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Parece simple, pero no lo es. Hablar de nosotros con el otro se está volviendo cada vez más una barrera infranqueable.
Hablar de nosotros con los otros es cada vez más raro, y escucharnos, una excepción. No es que no sea algo que no sepamos que siempre ha sucedido, pero es una realidad que ahora el fenómeno se ha potenciado.
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Cuando alguien nos pregunta cómo estamos, la mayoría de las veces, sino es que no todas, respondemos que bien y sonreímos. Pero en el fondo sabemos que no estamos bien y optamos por acumular nuestras emociones que tarde o temprano nos desbordan. Se vuelve ansiedad, depresión y puede acabar en un suicidio. Habría que empezar por cambiar la manera en la que preguntamos a la gente que nos rodea. Ya dejar de preguntar cómo estás, y mejor aún: preguntar qué te hizo reír o que te hizo sentir mal en la escuela o el trabajo. Es también como recomiendan algunos especialistas sobre el tema. Preguntar y, sobre todo, escuchar lo que siente el amigo o el hijo y que puede ayudarnos a frenar lo que están padeciendo nuestros jóvenes.
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Justo hace unos días cuestionaba a mis alumnos de comunicación, a propósito de la construcción de su realidad que hacemos con el lenguaje, si cuando les preguntaban cómo estaban, su respuesta “de bien” como respuesta era realmente sincera. Solo unos cuántos alzaron la mano afirmando que su respuesta era verdadera. El resto, que pese a responder que estaban bien, no lo estaban y no compartían lo que en ese momento les pasaba o afligía.
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Tenemos que encontrar una entrada que nos permita llegar a la intimidad emocional de los jóvenes que atraviesan momentos de incertidumbre, confusión o miedo. Ser ese muro en el que pueda apoyarse y sostenerse en momentos en los que el mundo parece no tener sentido o se pierde. E incluso cuando nos empiece aparecer absurdo. Desgastante.
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Solo que, por lo visto hasta ahora, no lo estamos haciendo bien. Ni nosotros en casa, ni las instituciones de gobierno ni educativas. Y no podemos estar ganando la batalla contra el suicidio que ya es la tercera causa de muerte en el país cuando el número de personas que deciden privarse de su vida en México , entre hombres y mujeres, sin distinción, son jóvenes.
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Los números, que van en ascenso, parecen que también no dicen nada, pero registran el silencio con cifras que no podemos pasar desapercibida y hoy el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), confirma está tendencia: 3 mil 318 de nuestros jóvenes de entre 15 y 29 años se están colgando, estrangulando asfixiando. Pueden suicidarse, pero no decirle al más cercano me siento mal y hacernos saber lo que le duele. Qué hay entre ese me siento hacia el exterior que no llega siempre a tiempo. A veces solo queda en un papel o en una carta sobre la mesa.
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Que sean jóvenes los que lideran la lista de suicidios en México, es algo que no podemos soslayar ni tomar a la ligera solo por la coyuntura de la fecha que promueve la concientización de su prevención en medio de un silencio que acalla un tema que no es hablado en casa, pero que tiene un estruendo en lo público que no es suficiente ni efectivo. Cada número de las 8 mil 709 personas en total que decidieron suicidarse en México en el 2025 era el de un corazón latiendo en casa o el trabajo que hoy ya no está.
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Somos conscientes que el tiempo que viven hoy nuestros jóvenes y la sociedad en general es complejo. Que se dispersa y se fragmentan hasta las palabras que no logramos articular en una frase salvadora: necesito ayuda. Ayúdame.
No podemos tampoco desistir en nuestro propósito de orientar verdaderos esfuerzos para que dejemos el discurso y pasemos todos a la acción: hacerle frente al suicidio que se está llevando a nuestros jóvenes.
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Habría que poner en el centro de la agenda pública y de salud como prioridad el tema que ya en el siglo XX lo había planteado el filósofo, nuestro contemporáneo hoy, Albert Camus en el Mito de Sísifo: el verdadero problema de la filosofía (de la vida, agregamos), es el suicidio.

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