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Tonantzin Cárdena busca representar a través de la escucha. Su trayectoria, marcada por la organización estudiantil, la participación ciudadana y el acompañamiento a colectivos, la llevó al Congreso de Jalisco, donde la forma de entender lo público se encuentra con los límites de las instituciones.
Por: Farah Medina /
Para Tonantzin Cárdenas, representar no comienza en un congreso, comienza en la escucha.
“Primero nos ponemos a escuchar”, dice al hablar de su labor como diputada local por el distrito 4 de Zapopan. Su llegada al Congreso del estado es el resultado del paso por el movimiento estudiantil, la organización ciudadana y el trabajo en organizaciones vinculadas con la transparencia.
Sin embargo, entrar a una institución no es significado de dejar de lado una mirada crítica, es, al contrario, una parte importante de su discurso, el cual expresa, se construye entre la posibilidad de transformar desde lo público y las limitaciones que encuentra dentro de las propias instituciones.
Tonantzin, creció en el municipio de Zapotlán el Grande en Jalisco, en sus palabras, es desde este punto en la que estuvo en contacto con distintas formas de desigualdad, “desde muy pequeña tuve contacto con las desigualdades sociales que laceran la vida de la gente, las infancias, los adultos mayores; desde niña siempre me impactó mucho el cómo nosotros podíamos vivir de una forma y otros pareciera que no tuvieran derecho a hacerlo”, expresa.
Esa diferencia explicó comenzó a formar su manera de entender los problemas sociales, sumado a esto su cercanía y el acompañamiento a ciertos movimientos sociales mientras estudiaba Ciencias Sociales terminaron por formar y dirigir su camino hacia el cargo público.
Participó en el movimiento #YoSoy132, deon, expresa, comenzó a cuestionar quién tomaba las decisiones públicas y a quiénes representaban, “Nos hizo manifestarnos, cuestionarnos cómo se estaban tomando las decisiones y quiénes las estaban tomando en nuestro nombre, el regreso del PRI significaba un retroceso también para las juventudes que no necesariamente nos veíamos representadas en las agendas”.
Durante estos años, mientras participaba en la política estudiantil, como millones de mexicanos, fue atravesada por la desaparición de los 43 Estudiantes Normalistas de Ayotzinapa. El caso, cuenta, “fue un evento doloroso y que llenó de rabia a todo el país. También creo que significó una definición clara de las juventudes a quienes no podíamos seguirles permitiendo tomar decisiones públicas”.
Con Wiki Política, una organización que buscaba abrir espacios de participación política sin depender de los partidos tradicionales, comenzó su camino al servicio público, mientras habitó la Ciudad de México estuvo en contacto con instituciones de transparencia y, en 2018, participó como candidata independiente por un distrito de esa ciudad.
Con el paso del tiempo, comenzó a buscar la construcción, en colectivo, de un proyecto que buscará apostar por la protesta, la organización ciudadana y cambiar la forma desde la que se intenta intervenir en los asuntos públicos. Algo que ahora hace a través de un curul.
Representar también significa escuchar
“Primero nos ponemos a escuchar”, dice al hablar de su labor como diputada local por el distrito 4 de Zapopan. Cuando Tonantzin llegó al Congreso, el territorio que representa se convirtió en la razón para hablar de las desigualdades que encuentra en el municipio que describe como una” zona del municipio donde conviven una de las concentraciones de riqueza más importantes del país y las persistencia en desigualdad para acceder a servicios y derechos”.
Esa escucha también se ha traducido en propuestas concretas dentro del Congreso. Entre los temas que ha llevado a la agenda legislativa están la desaparición de personas, la movilidad, el medio ambiente y los cuidados. En algunos casos, las iniciativas buscan modificar leyes, abrir discusiones o generar mecanismos para que las demandas de colectivos y habitantes lleguen a las instituciones.
Algunas avanzan mediante acuerdos y discusiones dentro del Congreso; otras permanecen en proceso. Para ella, esa parte del trabajo también implica dar seguimiento a lo que ocurre con las iniciativas. Sin embargo, explica que esta es una de sus principales frustraciones, pues en ocasiones no se cuentan con “las herramientas suficientes para que eso cambie”.
Esa tensión atraviesa buena parte de las personas y movimientos que ha buscado acompañar, uno de ellos es la desaparición de personas.
“Al llegar sabíamos que lamentablemente, Jalisco encabeza la lista de los estados en donde más personas desaparecidas hay, para nosotros es una crisis humanitaria dolorosa y lamentable que vive el estado (…) Entonces eso fue prioritario para nosotros (…) una demanda social legítima que además venía de un proceso gravísimo de revictimización, de indolencia y de colusión del gobierno”, explica.
Tonantzin ha participado en discusiones y propuestas relacionadas con la legislación estatal en materia de desaparición y con las demandas de los colectivos de búsqueda. Su apuesta, plantea, parte de reconocer que las familias necesitan ser escuchadas y que esto pueda transformarse en cambios dentro de las instituciones encargadas de atender la crisis.
La presencia y acompañamiento a familias buscadoras y estar presente en procesos de búsqueda modificó su percepción del servicio público.
“Estar en búsqueda y encontrar restos humanos es algo que definitivamente te cambia la vida”, dice, “y te cambia la percepción de cómo habitas el servicio público y cómo habitas el mundo (…) poder acompañar sus luchas y su dolor desde el servicio público, pues ha sido uno de los aprendizajes más valiosos”.
Ella, habla de las madres y padres buscadores no únicamente desde el dolor, sino desde la capacidad de organización que también le ha enseñado a ejercer la representación:
“Yo creo que reconocer la sabiduría de un pueblo organizado, ha sido valioso, uno que es capaz de defender sus derechos, capaz de de no perder la esperanza de de vivir con dignidad y que tengamos un mundo más habitable para todas y todos”.
Desde esa misma experiencia surgió también la propuesta de crear una Comisión de la Verdad en Jalisco. Una iniciativa presentada a petición de colectivos y organizaciones civiles, planteando investigar cinco episodios de graves violaciones a los derechos humanos en el estado, entre ellos las explosiones del 22 de abril de 1992, la llamada Guerra Sucia y la contaminación del río Santiago.
Para Tonantzin, la memoria es también, un derecho y una obligación desde el servicio público que se debe promover y salvaguardar, en su planteamiento, esclarecer hechos, reconocer a las víctimas y establecer responsabilidades es parte de evitar que las violaciones vuelvan a repetirse.
Pero, reconoce la incertidumbre sobre el futuro de la propuesta y la posibilidad de que no obtenga los votos suficientes en el pleno.
Una incertidumbre que ha acompañado su labor como la movilidad, o la protección del medioambiente, pues considera que “presentar una iniciativa no significa necesariamente que ésta se convierta en una política pública”, pues considera la amplitud de temas que busca atender, las iniciativas, acuerdos, mesas de trabajo y posicionamientos se acumulan y avanzan a ritmos distintos.
Por ello, no considera que la política sea un proceso que terminé con un cargo:
“ no podemos dejar de poner las cosas sobre la mesa, de seguir defendiendo a las víctimas, de seguir también en corresponsabilidad con las siguientes generaciones. Tenemos la responsabilidad de hacer, pero no significa que porque se acabe una legislatura se acaba la lucha”, expresa.
Esta continuidad, también forma parte de la crítica hacia las instituciones.Cuando se le pregunta cómo ha cambiado su manera de mirar al Estado de Jalisco después de años de escuchar a personas afectadas por distintas problemáticas, responde que tiene “dos respuestas opuestas”.
Por un lado, habla de instituciones que considera rebasadas, negligentes y alejadas de las necesidades de la población. Por otro, dice que el Estado también está compuesto por quienes lo habitan sus territorios, sus recursos y las personas que se organizan para defenderlos:
“es la grandeza de su gente, y de la posibilidad permanente de cambiar la vida o la disposición de las personas organizadas a detener el abuso del poder, el abuso de las instituciones y el abuso de servidores públicos que son negligentes de su función”.
En esa contradicción parece ubicarse buena parte de su trayectoria actual al formar parte de una institución encargada precisamente de tomar decisiones públicas y que, desde su puesto, busca reivindicar la función pública, “debemos reivindicar lo público, poner sobre la mesa sus fallas y con que nos falta toda la limpieza posible, debemos reivindicar el actuar de cada servidor y servidora pública”.
A pesar de esto, reconoce la dificultad de recuperar la confianza en las instituciones, una tarea que, desde su experiencia, requiere algo más que una relación cercana entre representantes y ciudadanía. Implica que las demandas que llegan desde las calles encuentren respuestas institucionales y que el servicio público pueda incidir en las condiciones de vida de las personas. Para Tonantzin, no se debe:
“renunciar a que lo público pueda transformar la vida de la gente de manera digna, positiva y vamos a insistir (…) los poderes públicos tienen ese deber y esa facultad, para eso también fueron creados, para representar las causas de la gente”.


