INTERSECTA documenta cómo el crimen organizado controla los cuerpos de las mujeres para disputar territorios

El informe “Controlar cuerpos, controlar territorios” analiza casos de Colombia, Chile, Ecuador, Honduras y México entre 2016 y 2025, y documenta cómo grupos criminales ejercen violencia de género mediante el control de las relaciones afectivas, la sexualidad y las decisiones reproductivas.

Por Karen García / @karen_gdlt 

La organización feminista INTERSECTA publicó el informe “Controlar cuerpos, controlar territorios”, en el cual analizaron el papel que funge el crimen organizado y la violencia de género en contra de las mujeres en América Latina. Esto a partir de un análisis cualitativo y comparativo entre los países de Colombia, Chile, Ecuador, Honduras y México, con casos del año 2016 al 2025, los cuales se analizaron mediante artículos académicos, recuperación de periodismo de investigación con los cuales identificaron que esta violencia de género ejercida por grupos criminales organizados se relaciona con el control de sus cuerpos. 

Liliana Agustín, autora de este informe, líder de investigación en INTERSECTA, politóloga y maestrante en criminología y política criminal, explicó para Zona Docs que esta publicación forma parte de una serie de investigaciones sobre la violencia de género en instituciones de educación superior, centros de trabajo y finalmente, en el control territorial del crimen organizado. 

Asimismo, explicó que durante la investigación necesitaron hacer varias distinciones, entre las cuales está identificar las violencias que sufren las mujeres que están completamente ligadas a su género y, por tanto, les afecta de manera desproporcionada en comparación con los hombres. Así como la definición de grupos criminales que sí ejercen este tipo de violencia, distinguiéndose como grupos coercitivos no estatales con control territorial. 

“Los identificamos por cómo funcionaban. Porque si bien, se tratan de grupos que están asentados en un lugar específico, es a través de la coerción que se instaura un orden social. Mismo que se sustenta en una serie de reglas que, para hacerlas efectivas recurren a castigos, intimidación o amenazas.”, explicó Liliana que estas acciones no solo recaen en los integrantes del grupo, sino que las personas que habitan, transitan o trabajan en la zona también son afectados. 

Los grupos criminales o coercitivos ejercen tres forman de violencia de género, las cuales tienen que ver con sus relaciones afectivas, la violencia sexual como castigo y el control sobre las decisiones reproductivas. 

En todos los casos, el crimen organizado ejerce de manera violenta un control territorial basado en el poder que ejercen también sobre los cuerpos de las mujeres que habitan en esto. Puesto que, se les prohíben que tengan cualquier tipo de relaciones afectivas, ya sea amistad o noviazgo con un hombre que viva en otro sector o que pertenezca al grupo rival; en caso de que esto suceda, las mujeres son asesinadas. 

“Obviamente esto va generando un efecto dominó. Las mujeres empiezan a retraerse, ya no salen, no conviven o simplemente, hay consecuencias como el desplazamiento en sí mismo.”, explicó Liliana, puesto que el control territorial es tan fuerte que se utiliza el poder de los policías municipales para intimidar a las mujeres y familias, tal es el caso de una mujer que se negó a ser pareja de un jefe de un grupo criminal. Las amenazas escalaron tanto así que fueron desplazados. 

La violencia sexual también es utilizada como un castigo, sobre todo en el caso de las trabajadoras sexuales. A las cuales, se les reconoce que es un trabajo, este se vuelve una forma de violencia cuando los grupos criminales comienzan a extorsionarlas, imponerles una cuota y, por tanto, arrebatarles el control que tienen ellas sobre su trabajo. 

Liliana describió que, en el tren de Aragua, se identificó que las mujeres son engañadas con ofertas de trabajo, en los cuales se les impone una cuota imposible de pagar, terminando en un componente de explotación sexual. Como lo es el caso de una familia en Honduras, los cuales dejaron de pagar la cuota que los Maras le impusieron, por lo que este grupo secuestró 15 veces, durante dos meses a una mujer de la familia, la cual fue víctima de abuso sexual. 

El control sobre la reproducción y gestación es otra forma de violencia de género, ya que, a trabajadoras sexuales, mujeres combatientes y niñas reclutadas, se les impone el uso de métodos anticonceptivos y la realización de abortos forzados, pues ser madre no coincide con las necesidades que el grupo criminal tienen. 

“Ven la maternidad como una especie de obstáculo para realizar las actividades que se involucraran activamente con ellas.”, comentó Liliana. 

En este informe, también se analizan las políticas públicas y de protección existentes en los estados, los cuales se categorizan en prevención social, protección y refugio, atención integral, reparación, autonomía económica y la coordinación e información. Sin embargo, estas carecen de una implementación idónea. Ya que no hay una política explícitamente destinada a mujeres que viven en control territorial que no sea punitiva.

“Las políticas de seguridad que comparten estos cinco países es que apelan mucho a la militarización, apelan como a más punitivismo, pero la crítica también general que hacemos es que no le puedes tú pedir a una mujer que siempre recurra a la denuncia, si precisamente a veces el hecho de hablar con autoridad te pone en riesgo.”, explicó Liliana.

Ya que, al denunciar o acudir a centros de refugio, los grupos conocen quién sale, a dónde va, con quién te diriges, por lo que esto las pone en un foco de peligro. 

Por lo que insiste en que, si la intención es atender la violencia vinculada con los grupos coercitivos no estatales con control territorial, es importante que se proteja sin exponer, se acompañe sin obligación a denunciar, se repare sin que las mujeres pierdan su territorio y evitar fomentar que la única respuesta para acceder a programas de protección sea siempre recurrir a lo penal. 

“Para nosotras es muy importante decir no al punitivismo, sino a analizar las reglas, no los delitos. Porque las narrativas cuando se habla de crimen organizado es inmediatamente a ver el delito.”, expresó Liliana, refiriéndose a la importancia de conocer las lógicas con las que operan estos grupos, pues si no se analiza, difícilmente se podrá atenuar esta problemática a largo plazo. 

“Una de las grandes reflexiones que nos deja el documento es que estos grupos no crean las desigualdades de género, al contrario, las refuerzan y son las que las convierten en reglas y nuevamente son las que se sostienen sobre amenazas, intimidación y castigos.”, finalizó la integrante de INTRSECTA.

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Puedes leer este informe completo en su página web:
https://www.intersecta.org/posts/controlar-cuerpos-controlar-territorios-el-crimen-organizado-y-la-violencia-de-genero-contra-las-mujeres-desde-una-perspectiva-comparada-en-america-latina

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Karen Garcia
Karen Garcia
Fotógrafa y periodista en proceso. Fiel creyente de que el amor y la ternura son revolucionarios. Quiero contar historias que defiendan los derechos humanos y tengan un impacto en la estructura de la sociedad.

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