“Hackeando narrativas”: una propuesta para repensar nuestra relación con la tecnología

La Cátedra AMIDI impulsa “Hackeando narrativas: Laboratorio de imaginación y cultura digital”, un espacio dirigido a personas de 15 a 25 años para reflexionar sobre su relación con internet y las plataformas digitales. La propuesta busca cuestionar las ideas sobre la tecnología y reconocer las experiencias de las personas jóvenes en la construcción de conocimiento.

Por Vanessa Briseño /  @nevervb 

La relación entre internet y la vida cotidiana ocupa cada vez más espacios de la experiencia personal y colectiva. Frente a esta cercanía, la Cátedra AMIDI (espacio de investigación, formación y difusión enfocado en la alfabetización mediática e informacional y el diálogo intercultural) impulsa “Hackeando narrativas: Laboratorio de imaginación y cultura digital”, un espacio de diálogo, escritura y creación colectiva dirigido a personas de entre 15 y 25 años para reflexionar sobre la manera en que viven y entienden la tecnología.

Aitana Rodríguez, integrante de la Cátedra AMIDI, explicó en diálogo con ZonaDocs que el laboratorio parte de una preocupación por la forma en que se construye el conocimiento sobre internet y sus implicaciones. La propuesta busca abrir un espacio para que las experiencias de las personas jóvenes también formen parte de esa conversación.

“Hackeando Narrativas es un proyecto que estamos impulsando desde la cátedra AMILI, cátedra UNESCO de alfabetización mediática informacional y diálogo intercultural”, señaló Aitana. El proyecto se plantea desde la alfabetización mediática informacional, entendida como un conjunto de herramientas y habilidades necesarias para relacionarse con internet.

Para la integrante de la Cátedra AMIDI, una de las razones para impulsar el laboratorio es que las fronteras entre la vida cotidiana y los espacios digitales son cada vez menos definidas. A esto se suma una discusión pública sobre temas como la regulación del uso de redes sociales entre personas menores de edad y las distintas formas de violencia que pueden trasladarse a los entornos digitales.

Aitana mencionó como parte de este contexto fenómenos como las desapariciones en Jalisco y las ofertas laborales que circulan a través de espacios digitales. Ante estas situaciones, la Cátedra identificó la necesidad de generar espacios que permitan detenerse a pensar sobre internet desde las experiencias de quienes lo utilizan.

El laboratorio también plantea una crítica a las formas tradicionales de construir conocimiento sobre la tecnología. Aitana explicó que gran parte de esa discusión ha permanecido en espacios académicos y entre personas adultas, mientras que las voces de adolescentes y jóvenes no siempre ocupan un lugar central.

“Se habla mucho de cómo las infancias y adolescencias se relacionan con Internet, pero creo que también pocas veces nos damos espacio para escucharles”, afirmó. Por ello, las sesiones no parten de explicaciones cerradas sobre conceptos como seguridad digital, identidad digital o huella digital, sino de preguntas que permitan recuperar las experiencias, deseos y preocupaciones de quienes participan.

La escritura funciona como una de las principales herramientas del laboratorio. A partir de las preguntas detonadoras, las personas participantes exploran aquello que les ocurre o les interesa y buscan formas de nombrarlo. El objetivo es abordar la tecnología desde “una perspectiva que no se limite a sus aspectos técnicos”, sino que considere los contextos y experiencias desde los que cada persona se relaciona con ella.

Esta perspectiva también permite cuestionar la idea de que la tecnología es neutral. Para Aitana, parte del trabajo consiste en preguntarse por las posturas políticas, decisiones y relaciones económicas que atraviesan las plataformas digitales y los algoritmos.

La tecnología también aparece en el laboratorio como una extensión de actividades que forman parte de la vida diaria. Recordar una cita mediante un calendario digital, guardar información en las notas del teléfono, buscar una dirección o comunicarse con otra persona son acciones que muestran la integración de estas herramientas en las rutinas cotidianas.

En este sentido, Aitana retomó el concepto de “cuerpa digital”, trabajado desde activismos vinculados con la tecnología y las perspectivas feministas. A partir de las conversaciones desarrolladas durante las sesiones, el laboratorio ha explorado cómo las plataformas también funcionan como espacios donde las personas pueden reconocerse, relacionarse y construir distintas formas de presentarse ante las demás.

Las redes sociales, explicó, permiten realizar una especie de curaduría de la propia identidad. Una persona puede mostrar diferentes facetas de sí misma según la plataforma, las personas con las que interactúa y los contenidos que consume. La identidad, desde esta perspectiva, se construye también a través de las experiencias digitales y puede aparecer fragmentada entre distintos espacios.

La discusión incluye además dimensiones como la sexualidad, la privacidad y el cuidado de la información personal. Para Aitana, si la tecnología forma parte de la vida cotidiana, también es necesario pensar en estrategias para cuidar esa dimensión digital de la experiencia.

De ahí surge el concepto que da nombre al laboratorio. “Hackear narrativas” no significa intervenir técnicamente una plataforma, sino cuestionar las ideas que existen alrededor de internet y generar otras formas de nombrar la relación con la tecnología. La escritura se convierte en una herramienta para realizar ese ejercicio.

Durante las sesiones se plantean ejercicios como “cartas dirigidas a la propia cuerpa”, ensayos y escrituras especulativas sobre posibles futuros tecnológicos. Las experiencias y opiniones de quienes participan forman parte del proceso, mientras que las personas moderadoras también plantean preguntas para poner en discusión algunas de las ideas que aparecen.

“¿Realmente la tecnología es una herramienta? ¿Realmente la tecnología es neutra? Realmente Instagram es neutro, Twitter es neutro?”, son algunas de las preguntas que, de acuerdo con Aitana, permiten ampliar la conversación. La intención es analizar cómo las plataformas están atravesadas por decisiones políticas y económicas, así como por las formas en que las personas participan en ellas.

Las siete sesiones abordan distintas dimensiones de la relación con la tecnología, entre ellas el cuerpo, el territorio y los futuros digitales. El territorio no se limita al espacio físico, sino que también comprende las colonias, las formas de convivencia y comunicación y la manera en que el uso de la tecnología repercute en esos espacios.

Pensar en el futuro constituye otra parte del laboratorio. A partir de las acciones del presente, las personas participantes pueden imaginar otras posibilidades para la tecnología y construir narrativas propias sobre aquello que esperan de estos espacios digitales.

El proyecto busca que estas conversaciones trasciendan las sesiones. Entre sus objetivos está la creación de una publicación colectiva y un manifiesto colectivo que reúna principios para pensar cómo nombrar, observar y relacionarse con la tecnología. Aitana explicó que no se busca establecer una serie de reglas universales, sino generar principios que permitan a cada persona tomar decisiones desde su propio contexto y autonomía.

La propuesta también contempla compartir espacios y recursos a los que las personas participantes puedan acudir ante distintas situaciones relacionadas con su vida digital. El proceso incorpora, además, una reflexión sobre las formas de enseñar y aprender, así como sobre las estructuras adultocéntricas que pueden aparecer en los espacios educativos.

Para Aitana, una de las dificultades del proceso ha sido cuestionar esas estructuras y construir acuerdos sobre qué necesita un espacio para ser seguro. El laboratorio busca que las estrategias de cuidado no se planteen como fórmulas únicas, sino que puedan adaptarse a los territorios y experiencias de quienes participan.

La intención final es abrir un espacio para pensar la tecnología desde la experiencia y el pensamiento crítico. “Creo que en este momento lo que necesitamos es imaginación y es también la oportunidad de equivocarnos y de crear en conjunto”, finalizó Aitana. Desde esa perspectiva, “Hackeando narrativas” propone utilizar la escritura y la creación colectiva para cuestionar las formas establecidas de entender internet y construir otras narrativas desde quienes lo habitan.

Si te interesa conocer más acerca de “Hackeando narrativas: Laboratorio de imaginación y cultura digital”, así como conocer más acerca de los proyectos impulsados por la Cátedra AMIDI, puedes visitar su perfil de X e Instagram: @amidi_com

 

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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