El pasado 25 de septiembre se llevó a cabo el Encuentro por los Derechos Digitales, convocado por la organización Cultivando Género y el Laboratorio de Cuidados Digitales, en el Centro Cultural Cuerpos Parlantes, en Guadalajara.
Este evento forma parte de los esfuerzos por crear redes entre medios, organizaciones y activistas para la promoción, garantía y defensa de los derechos humanos de infancias y adolescencias en los entornos digitales, frente al entramado de violencias de género, discursos de odio y desaparición en Jalisco. Fue un espacio impulsado para compartir experiencias y reflexiones, así como para invitar a imaginar posibilidades y alternativas desde distintos saberes para la creación de estrategias de cuidado digital.
Por Aitana Rodríguez / @aitana.erg (IG)
Durante el Encuentro por los Derechos Digitales se llevaron a cabo dos conversatorios y un taller, en los que participaron activistas, periodistas y distintas organizaciones, como SocialTIC, CODENI, Dejar de Chingar, Luchadoras, Guerreros Buscadores de Jalisco y ZonaDocs. A través de estas actividades se compartió un mapeo de problemáticas mediadas y ampliadas por plataformas de comunicación, las cuales también enmarcan la discusión sobre los derechos digitales en Jalisco. Se presentaron casos que evidencian la necesidad de detenerse a escuchar y seguir reflexionando sobre cómo habitamos los espacios digitales, cuáles son los retos y qué alternativas están construyendo las organizaciones para crear estrategias de cuidado digital.
“Este encuentro es el mapeo de problemáticas de derechos digitales y también de personas que trabajan alrededor de su defensa, garantía y de la propia reflexión respecto a qué son y hasta dónde llegan. Me parece que este encuentro coloca en la agenda y el debate público los derechos digitales, y creo que es súper importante hablar de esto porque estamos crónicamente conectades”, comentó Larisa García, una de las asistentes al encuentro.
A lo largo del encuentro, las reflexiones giraron en torno a tres temas: violencia digital; prohibición o vulneración de los derechos digitales de infancias y adolescencias, y cuidado digital.
Sobre el panorama, se destacó que Jalisco es el segundo estado con más casos de violencia digital, según datos del Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del INEGI. Se trata de una problemática que afecta de manera diferenciada a mujeres, adolescentes e infancias. La organización Luchadoras, encargada de brindar acompañamiento con perspectiva transfeminista a mujeres, niñas y comunidades disidentes, explicó que, en la gran mayoría de los casos atendidos, las agresiones provienen de personas del entorno cercano de las víctimas, como ex parejas, ex compañeros de trabajo, compañeros de estudio o personas cercanas que tienen acceso a información personal o íntima y que después la utilizan para ejercer coerción o vengarse.
Este dato se suma a las denuncias recientes de casos que evidencian la existencia de la machósfera, una red de comunidades digitales de “hombres que se organizan, ideologizan y procesan culturalmente su misoginia; están conectados, intercambian información y se animan mutuamente” para ejercer violencia de género y transmitir agendas antiderechos. Sobre esto, Dejar de Chingar, colectivo de hombres que se reúnen para reflexionar y trabajar colectivamente en torno a la masculinidad y el machismo como problemas compartidos, presentó su metodología de acompañamiento y los retos que enfrenta la organización y movilización de hombres en Guadalajara para denunciar el aumento de los discursos de odio.
“ El trabajo que hacemos en Dejar de Chingar con hombres tiene que ver con esta visión que se ha construido históricamente del hombre y mucho en términos de la individualidad. Esa individualidad permite a muchos hombres ejercer muchas violencias en estos espacios digitales: escribirle a alguien, acosar bajo la lógica de ‘yo puedo escribir mi odio y no pasa nada’”, compartió un integrante del colectivo.
Además, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco y el medio ZonaDocs sumaron a este panorama el uso de las redes sociales como plataforma de captación para el reclutamiento forzado por parte de grupos del crimen organizado y su relación con la crisis de desapariciones en Jalisco. Se mencionó que plataformas como WhatsApp, TikTok e Instagram, así como algunos videojuegos, son utilizadas para ampliar el contacto y la captación de personas jóvenes y adolescentes mediante la manipulación y ofertas laborales en las que se promete dinero rápido.
Preguntar antes de prohibir: escuchar a infancias y adolescencias sobre sus cuerpos y entornos digitales
Como parte del panorama y de los retos relacionados con los derechos digitales, se colocaron en el centro de la discusión las medidas estatales y federales que restringen el uso de redes sociales y plataformas de comunicación a personas menores de edad. Se trata de medidas prohibicionistas que no aseguran la disminución o eliminación de los riesgos a los que están expuestas las infancias y adolescencias. Además, parten de una perspectiva adultocéntrica que no reconoce las experiencias y los conocimientos que han desarrollado al habitar estos entornos. Ante esto, se recordó la necesidad de detenerse a preguntar: ¿qué significa para las personas menores de edad el uso de las redes sociales?, y escucharles.
“Las chicas quieren estar conectadas porque las redes sociales se han vuelto un espacio donde se negocia su convivencia, se negocia su propia identidad, crean comunidad y crean pertenencia”, comentó Noelia Figueroa, del Laboratorio de Cuidados Digitales.
La restricción del uso de redes sociales en personas menores de edad también implica la vulneración de derechos fundamentales, como: la libertad de expresión, el acceso a la información, la participación y el libre desarrollo.
Sobre esto, se señaló que, en lugar de excluirles, debemos recordar la responsabilidad de actuar a partir del interés superior de la niñez, de manera que se reconozca su agencia y se busque acompañarles mediante el fortalecimiento de habilidades y herramientas para habitar el entorno digital e informativo, en lugar de prohibirles el acceso. Por ello, es importante reconocer la corresponsabilidad de todes para construir entornos digitales seguros en los que las niñeces y adolescencias puedan ejercer sus derechos.

Nombrar la violencia digital para crear herramientas y estrategias de cuidado digital
Una parte del cuidado digital radica en el conocimiento de los derechos digitales, para que puedan ser defendidos y garantizados en la búsqueda de la soberanía sobre el propio cuerpo digital. Durante el encuentro se mencionó que la alfabetización digital e informacional no puede limitarse a la creación de contraseñas seguras o al uso de dispositivos, sino que también debe permitir hablar y reflexionar sobre el funcionamiento de las plataformas, las relaciones de poder que ejercen, sus modelos de negocio y las lógicas en disputa. Además, es necesario reconocer que cualquier persona que habite el entorno digital está expuesta a diversas violencias, por lo que es importante nombrarlas, reconocerlas y dar espacio a los sentires.
Lo anterior permitirá comprender estas violencias para exigir mecanismos de regulación y rendición de cuentas a las grandes empresas tecnológicas, y evitar que las responsabilidades recaigan únicamente en las niñeces, las adolescencias o sus padres. También permitirá crear estrategias desde claves feministas para “reivindicar el ejercicio de exploración en los espacios digitales desde el gozo y el disfrute”. En este sentido, Angie Contreras invitó a desactivar la culpa mediante el reconocimiento de quiénes somos, así como de nuestras vidas y necesidades, de forma que esto nos permite buscar alternativas de acceso a la justicia frente a mecanismos y respuestas institucionales deficientes.
“La culpa es una herramienta patriarcal sistémica para que nos sintamos vulnerables frente a violencias que son estructurales”, afirmó Angie Contreras, de Luchadoras.
Frente a la prohibición y culpa, el diálogo del Encuentro por los Derechos Digitales en Guadalajara y las organizaciones participantes destacó que para el cuidado digital también es necesario “hacer redes más allá de las redes” lo que implica unir esfuerzos para tejer espacios de escucha, acuerpamiento y organización colectiva que permita imaginar desde los distintos territorios las estrategias que se crean para todas las personas puedan ejercer sus derechos, expresarse y disfrutar de los entornos de forma libre y segura.


