La cultura friki, que engloba el medio popular del anime, manga, videojuegos y otros relacionados, se desenvuelve en Guadalajara en la Frikiplaza, un centro comercial estratificado para sus consumidores y los intereses que le corresponden a cada uno. Este espacio que parece idóneo para la exploración de los gustos de nicho está sujeto a una realidad estructural en la que las mujeres son empujadas al sótano, ambas en relevancia y en el aspecto literal y físico.
En un ambiente dominado por hombres, en donde la híper-sexualización de las representaciones femeninas y el acoso es trivializado o tratado como un ‘gaje del oficio’, aquellas que se atreven a existir dentro del mismo han formado métodos sutiles para abrirse paso y ocupar un lugar en él.
Por Valeria Diarte Villarreal /@analogue.fortune, Sofía Kalixto Chumacero / @sofik.mp4 e Ivanna Michelle Guzman Romero / @ivs.gzrm
“…Si, se siente como que todo el mundo se te queda viendo así (…), como muy intruso.” Expresa Brenda, consumidora que acude a la Frikiplaza Guadalajara desde su inauguración, respecto a sus experiencias dentro del espacio.
Activa en varios estados de México desde 2003, la Frikiplaza es un sitio que provee productos especializados a una comunidad con interés en la cultura y entretenimiento asiática. Aunque originalmente se estableció bajo el nombre de ‘el Bazar de Entretenimiento’, con el tiempo, ganó el apodo de Frikiplaza por las personas ‘raras’ y aficionadas que la frecuentaban. Se ha convertido, además, en un punto de reunión para personas con un gusto en común, que, por prejuicios y escasa popularidad del tema en sus inicios, carecían de un espacio dedicado y libre para la expresión de los mismos.
“Las y los frikis”, que es la comunidad a la que apela esta plaza comercial, son un grupo de personas cuyos intereses abarcan géneros como la ciencia ficción, los videojuegos, la música y la animación asiática, entre otras cosas. En el consciente popular, quienes son frikis suelen ser considerados como personas ‘inmaduras’ o carentes de habilidad social. Esto da una connotación negativa al grupo de manera injustificada, por ello, lugares como la Frikiplaza, son sitios donde pueden desenvolverse libremente.
Francisco Javier Cortázar Rodríguez, académico del Departamento de Estudios de la Comunicación Social del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, cuyo trabajo se ha centrado en las representaciones del cuerpo y el género en películas, series de televisión, cómics y videojuegos, lo explica:
“…Con la popularización de internet, las redes sociales y, por supuesto, el auge también de los medios de comunicación, los productos japoneses, coreanos y chinos, se han vuelto muy populares, sobre todo entre los más jóvenes. Precisamente entre sus manifestaciones están hacer imitaciones de los productos culturales que vienen de aquellos lados. Entonces, la cultura pop de allá, se ha vuelto parte de la cultura aquí.”
Para abarcar todos estos nichos, la Frikiplaza en la ciudad de Guadalajara se divide en varios pisos, cada uno con un enfoque particular.
El primero se trata de un corredor de tecnología, seguido por niveles centrados en videojuegos, anime y cosplay, ascendentes en ese orden, además de un puesto de comida en el último nivel. Abajo, muy abajo, en el sótano, es donde se concentran les fans del K-Pop; dominan el piso, creando un entorno dedicado sobre todo a jóvenes y niñas que se decantan por la cultura y la música coreana.

Lo que se observa a través de esta estratificación de temas o intereses es, en las palabras de Narce Ruiz Guzmán, doctora en Industrias Culturales por la Universidad Politécnica de Valencia y docente del Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara, la hibridación cultural, en la que múltiples nichos se aglomeran para formar un solo colectivo; los juegos de rol, las películas, o la cultura asiática como tema. Explica que el término viene del autor Nestor García Canclini, que determina que la hibridación no adquiere sentido por sí sola. En este caso, la comunidad friki es ‘líquida’ y está en constante evolución, como lo señala Narce Ruiz.
A pesar de la convivencia de subgrupos varios dentro del universo friki, el colectivo no está exento de conductas prejuiciosas. Muchas mujeres que acuden a este centro comercial comentan que prefieren quedarse en los pisos más bajos, donde las características ‘femeninas’ son más aparentes, y hacen énfasis en el trato que reciben fuera de ellos. Brenda, visitante frecuente del espacio, lo explica de esta manera: “…hay pisos donde a veces sí se siente como que, muy amables todos, otros se sienten un poquito hostiles, pero ya a percepción de cada quien.”
Es importante advertir que el anime y manga como géneros tienden a estar repletos de imágenes sexualizadas de cuerpos femeninos que se convierten en un producto más de consumo. Francisco Cortázar compara esta situación con la que se vive en espacios gamer, es decir, en grupos que se decantan por los videojuegos y su experiencia en línea; al ser ambientes dominados por hombres y ser considerados de hombres, la atmósfera y las conductas se vuelven machistas, y las pocas mujeres que participan en estos son menospreciadas, hechas a un lado y, en ciertos casos, agredidas.

Dicha tendencia se ve reflejada, incluso, en la estructura material del entorno de la Frikiplaza; mientras que los temas ‘masculinos’ existen en las primeras plantas, con acceso y salida directo al centro de Guadalajara, aquellos que son ocupados sobre todo por mujeres, como lo es el K-Pop, se quedan al fondo, cuasi-ocultos al exterior
A la caza de una figura: la codicia por una persona ficticia
En un contexto donde se tiene normalizado el contenido para la mirada masculina, la cosificación de las mujeres se convierte en una problemática tangible. Narce Ruiz asemeja este comportamiento a una ‘caza’, en la que hombres acuden a estos espacios en busca de mujeres jóvenes que se parezcan a los personajes de las series y videojuegos que ellos consumen y tienen idealizados, como “un producto más que el espacio les ofrece”.
En Chihuahua, el medio local El Bordo documentó un acto de denuncia hacia dos agresores sexuales dentro de la Frikiplaza de aquel estado. Sus nombres fueron colocados en una de las cortinas metálicas del lugar.
Este tampoco es un caso aislado; en Reddit se alberga un foro de discusión dedicado a la Frikiplaza Guadalajara con anécdotas anónimas relacionadas a violencia de género a las consumidoras. Desde comentarios sencillos como “si eres mujer, no vayas sola”, a relatos detallados sobre comportamientos incómodos de los locatarios. Entre las historias que han sido publicadas en el foro se encuentra el caso de ‘Cometa’, descrito por zcaredydan, usuario de la plataforma.
“Un güey al que le decían ‘Cometa’, (…) solo contrataba jóvenes que consideraba atractivas para comprarles cosplay de pocas piezas, o ya de plano, trajes de baño. (…) Sugería furtivamente que le mandaran foto solo para que él verificara ‘que tal se les veía’”. Además, zcaredydan nota que, “Hace un tiempo ya que lo funaron, y por lo que tengo entendido, sólo movió su puesto a otro lugar. Quedó impune, relativamente.”
Si bien, es poco probable que una visita ocasional resulte directamente en una agresión de esta naturaleza, tanto la clientela de la plaza como las personas empleadoras y locatarias que están detrás de los mostradores son conscientes del riesgo potencial. En algunos casos, si son víctimas, prefieren incluso guardar silencio por miedo a las repercusiones o a la funa; una especie de castigo y exclusión social que sucede tanto en el mundo digital, como en el físico. Muchas veces, la funa no solo está dirigida al agresor, sino también a la víctima por ocasionar ‘escándalos’ o ‘exagerar’.
A pesar del silencio, estas tendencias están a plena luz del día. Guadalupe, locataria de más de dos años de experiencia en Frikiplaza Guadalajara cuenta que, aunque a ella no le ha sucedido, ha llegado a notar que sus otras compañeras, desafortunadamente, sí han sufrido acoso, incluso por parte de los clientes que visitan sus puestos.
Detrás de la vitrina: jóvenes que se convierten en exhibición
Como ha mencionado Guadalupe, existe una diferencia considerable entre el trato que reciben las personas consumidoras, por la brevedad de su presencia en la Frikiplaza, y las empleadas y dueñas de los kioscos o locales.
“Cuando trabajaba para un local que quedó funado, también ya hace varios años, el el señor (…) acosaba mucho a las empleadas; las ponía en contra y luego a que le mandaran fotos que no debían. De hecho, el caso fue muy sonado porque la empleada lo terminó de funar y de denunciar.”, narra Guadalupe.
Angie, trabajadora de un puesto de K-Pop en el sótano de la plaza, lo ha sufrido de primera mano, y comparte su historia:
“Me vine con un cosplay súper sencillo, súper equis, y ese día llegaron dos personas, uno que es el típico otaku, estereotipo de otaku. (…) No sé si ubican a Makima de Chainsaw Man? Según yo, me hice un cosplay de ella, y el morrito llegó y no dejaba de molestar; se dio como cinco vueltas al local, no compró nada, pero nada más era como para estar sacándome tema, y la verdad sí fue muy incómodo porque, pues, qué necesidad, ¿verdad?”

El cosplay consta de un disfraz, comportamiento y caracterización fiel al material original. En los anime y manga, es común que las jóvenes ficticias se presenten de una manera sexual, con bustos exagerados, ropa ajustada y tendencias sugerentes. Muchas cosplayers se apegan a este estilo, pero no por su apariencia ni conducta está justificado que se les toque sin su consentimiento. Como lo mencionaba la doctora Ruiz, aquí se ve reflejada la intención de ‘caza’ a la persona física por su parecido a un personaje. Makima, el personaje de la que Angie hizo cosplay, por ejemplo, no usa ropa ajustada o escotada; está vestida simplemente con una camisa de botones y corbata.
Pero este “acorralamiento” no se restringe a los confines del edificio. Al ser personas que mantienen un horario definido y constante en sus jornadas, los agresores comienzan a notar patrones y a hacer presión, como lo experimentó una empleada anónima a quién, por cuestiones de privacidad, se le referirá como Lola:
“Anteriormente, cuando estaba en otro local, sí recibía mucho acoso, que inclusive me llegaron a perseguir hasta mi casa. Sí estuvo muy difícil, y una vez me robaron un beso. (…) Entonces, sí hay un tipo de clientes que sí (no agradan), pero, yo creo que con precaución ya no es tanto (problema), pues, mi mamá me empezó a recoger todos los días.”
Lola reconoce que la responsabilidad recayó en ella misma como víctima, en lugar de ser atribuída a la plaza, que provee pocos o nulos reglamentos de conducta o protocolos de seguridad, y al agresor por su comportamiento inadecuado. No hubo resolución del problema, ni consecuencias para el hombre que se acercó a una mujer sin su consentimiento. Para muchas, esto resulta una vivencia frecuente que necesitan “aguantar” para mantener su empleo.
Las experiencias masculinas contrastan con las vivencias de empleadas y usuarias del espacio. Oscar, que acude desde hace 5 años a la Frikiplaza Guadalajara expresa que el ambiente es “bueno, muy bueno” y resalta que nunca ha cambiado su forma de vestir para sentirse cómodo, ni nota conductas extrañas por parte de otros hombres dentro del espacio, mientras que un gran número de consumidoras coinciden en llevar ropa holgada e informal para evitar miradas, por ejemplo.
Sin embargo, las problemáticas que se señalan no son producto del material cultural y artístico que dio origen a la subcultura, ni tampoco surgen de la naturaleza de la persona fanática. El acoso y el menosprecio a las mujeres dentro del espacio Friki es, más bien, una expresión y reflejo del machismo y la misoginia que se vive en la sociedad en general, como lo explica la doctora Ruiz, quien precisa que la insularidad particular del grupo permite que se pasen de largo y se conviertan en un rumor más.

¡Fuera de los empaques!
Ante esta situación, para mantenerse seguras, las jóvenes emplean su propio código que pasa desapercibido; en la Frikiplaza, son escasas aquellas que acuden por su cuenta. Las jóvenes se mueven en grupo y se acompañan entre ellas, asegurándose que una pueda ver y notar lo que la otra no. La ropa holgada, ‘informal’ o ‘sencilla’ es otro punto clave para evitar miradas furtivas que disminuyen su incomodidad. De a poco y con certeza las comunidades frikis de mujeres están accionando cada vez más.
Roll Like a Girl abre espacios exclusivos en CDMX, Guadalajara y Monterrey para que las mujeres expresen sus gustos frikis, el amor por los juegos de rol y la creatividad, con enfoque en construir una comunidad segura y abierta para todas en las cuales también pueden tomar el centro del escenario. Roll Like a Girl se enfoca en la alegría y la diversión para las jóvenes que son parte de esta subcultura.
Francisco Cortázar expresa que ha observado un cambio gradual dentro de los espacios frikis; con la apertura hacia el mainstream y el interés mediático hacia la comunidad, las tendencias se transforman.

Por ejemplo, la creciente popularidad del K-Pop dentro de lo que se considera friki; en la Frikiplaza Guadalajara, cada vez hay más locales dedicados a fans de este género, que en su mayoría tienden a ser mujeres. Con el número de personas que participan en este entorno en aumento, las voces en conjunto se vuelven más fuertes y presentes.
Angie, como trabajadora de la Frikiplaza Guadalajara, ha empezado a notar el cambio; “Desde que empecé, eran más jóvenes adolescentes, adultas, y de repente, muchas niñas.” El piso donde Angie trabaja es, precisamente, el sótano que es el espacio seguro por excelencia para muchas que van en busca de maneras de expresar aquello que les llama la atención y les emociona abiertamente.
Las mujeres se abren paso entre las conductas machistas y la sexualización para disfrutar sin inhibiciones de sus gustos, transformando con ellas la conversación a su alrededor.
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Este reportaje fue realizado en el marco del Bloque de Producción periodística convergente del Tec de Monterrey Campus Guadalajara, del cual ZonaDocs fungió como Socio Formador.




