Preguntas acuosas

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

El otro día Vero y yo fuimos a ver los altares de muertos en Tlaquepaque. Mientras caminábamos por la calle Hidalgo en dirección al Parián, la vimos: enorme, negra, un monolito de polietileno ubicado en el costado de un jardín rodeado, a su vez, de casas, muchas casas. “¿Quién va a venir para llenar dos cubetas y llevárselas a su casa? ¿A qué hora? ¿Para qué alcanzan dos cubetas?”, nos preguntamos mientras veíamos la cisterna negra que pretende ser vendida como una solución estratégica para paliar la crisis de suministro de agua que vive la zona metropolitana de Guadalajara.

Un día después, Edna me dejó un comentario con una foto en un post de Facebook. “Acá en Zapopan pusieron misteriosos tinacos gigantes ayer en mi zona. Así, no más aparecieron y las llenaron justo antes de anunciar que cambiaban el calendario a viernes, sábado y domingo sin agua. Sin logos, sin instrucciones, sin indicaciones de cuándo se van a llenar ni nada. El misterio”. En la foto se puede ver otra de esas gigantescas cisternas (dice que es de 10 mil litros), de color azul. Las preguntas son las mismas: ¿Quién se imaginan las y los funcionarios de los gobiernos municipales que va a usar su sistema de cisternas? ¿Cuántas vueltas tiene que dar una persona para juntar el agua necesaria y satisfacer más o menos las necesidades de una casa? ¿Cómo se imaginan que le van a hacer las familias con adultos mayores? ¿Tienen al menos una remota idea de cuánta agua se necesita para una descarga del escusado, ya no digamos para el aseo personal y la limpieza de los espacios?

“Antes de anunciar que cambiaban el calendario”, escribió Edna en su comentario. Se refiere, ya lo saben, a la actualización que hizo el SIAPA a su pomposamente llamado “Sistema de Rotación de Agua Limpia” y que no es otra cosa más que un esquema de tandeos cuya implementación ha tenido más fallas que aciertos en sus primeros quince días: no conozco persona alguna ni he escuchado o leído un solo testimonio que haga constar que el calendario de recortes se haya cumplido medianamente bien. Todo lo contrario: un vistazo a cualquier red social sirve para constatar que el calendario del SIAPA no funciona ni siquiera en las oficinas de las personas encargadas de diseñarlo: hay gente que ya tiene más de un mes sin servicio sin importar de qué color esté pintada su zona en el calendario.

El problema de que estemos gobernados por megalómanos egocéntricos que sólo piensan en control de daños con miras a las próximas elecciones es que toman decisiones pensando en las urnas y no en atender lo que hay que resolver. Por eso, especulo, primero hicieron un calendario que tenía sólo dos, máximo tres, suspensiones de servicio —bueno, sólo bajas de presión, según su discurso—, mismos que estaban espaciados a lo largo de la semana. Pero la realidad es cruel y no entiende de tibiezas: todavía no se empezaba a aplicar y ya se había demostrado que no iba a funcionar. Así, el nuevo calendario muestra la crisis con mayor crudeza: hay zonas de la ciudad que no van a tener agua cuatro días consecutivos. Eso en el supuesto de que el calendario se cumpla, cosa que dudo mucho: en mi zona no ha habido una sola semana en que le hayan atinado.

Y me vuelvo a preguntar: ¿Cómo se imaginan los y las sonrientes funcionarias públicas que le van a hacer las personas con discapacidad para ir a llenar su cubeta a sus flamantes cisternas? ¿Cuántas personas tienen la capacidad económica para estar comprando pipas cada semana?

Pero eso no le importa a la gente que toma decisiones sentada en la silla frente a un escritorio y no desde la calle. Pero desde la calle de verdad, no la que les preparan y les limpian y les arreglan para que salgan bien los videos. Si esas personas caminaran la calle de verdad, ya se habrían dado cuenta que la “estrategia” de regalar tinacos es una rotunda pendejada. Caminando por apenas unas pocas calles de la colonia he llegado a contar cerca de diez casas que tienen arrumbados los tinacos que les regaló el gobierno de Guadalajara. Sé que son del ayuntamiento tapatío porque la administración encabezada por Verónica Delgadillo no resistió las ganas de ponerle un sticker gigante con el logo del ayuntamiento a cada tinaco.

Los contenedores de agua están ahí, arrumbados, porque o las familias no los necesitan o no tienen para instalarlos o, llegado el momento, no tienen para llenarlos. Y entonces mejor los están vendiendo. Una usuaria en LaRedSocialAntesConocidaComoTwitter me respondió a un tuit: “Igual en mi colonia, son departamentos y es un rollo subir los tinacos a la azotea. A parte hay que hacer modificaciones a la instalación de agua que mis vecinos no contemplaron y sale carísimo. Los tinacos están en los jardines y otros los están vendiendo”. Otro usuario comenta: “Se lo encargan a sus ‘actores politicos’ para ‘operar’ las zonas. A estos lo que menos les importa es la gente, sólo quieren ganar la siguiente elección”. Y un usuario más me contesta con una captura de pantalla en la que se ve un mensaje donde alguien cuenta: “Yo recibí una llamadad e lo de los tinacos. Que mañana me lo entregan a las 10 am en la plaza Juárez. Que está frente al Agua Azul. Pero no sé como me lo voy a traer, pues no tengo camioneta destapada”.

Y eso me lleva a preguntar: ¿De dónde están saliendo los recursos para regalar esos tinacos? ¿Ya los tenían presupuestados… desde cuándo? O bien, ¿qué temas se dejaron de atender para poder destinar el dinero a la compra de tinacos? Y luego, ¿por qué todos son Rotoplas? ¿Se licitó esa compra o fue asignación directa? ¿No había otras opciones? ¿Cuánto ha gastado el municipio en regalar garrafones? En un local que está por la casa venden en 100 pesos el garrafón y lo entregan lleno. ¿Cuántos garrafones ha repartido el gobierno municipal? ¿Cuántos videos y cuántas fotos han publicado para jactarse por ello?

Y mientras todo esto ocurre, Pablo Lemus sigue dando palos de ciego. Una vez que se canceló la fiesta por su segundo informe de gobierno —anda circulando por ahí la versión de que tenía reservada la Arena Guadalajara y sus 20 mil asientos para semejante despropósito—, el titular del Ejecutivo estatal sigue improvisando sobre la marcha. Ayer se dio a conocer que va a dar la instrucción de que no paguen el recibo del SIAPA las fincas ubicadas en las más de 600 colonias que están padeciendo los tandeos. Y aunque me parece perfectamente lógico, incluso justo, que las personas no paguen por un servicio que no reciben, o que reciben deficientemente, no puedo evitar preguntarme: ¿Es una buena idea quitarle ingresos a un organismo que de por sí está en números rojos por la cartera vencida? ¿De cuálpartida estatal se van a reasignar los recursos para que el SIAPA no se quede sin el dinero que debería entrar por el pago del recibo? ¿Es esta una medida populista para bajar el descontento social que amenaza con pasar factura en las próximas elecciones? ¿Cómo se va a pagar la pensión de Eli Castro si el SIAPA se está quedando sin dinero?

Y bueno, no puedo cerrar este texto de otra manera que no sea una pregunta: ¿a ustedes cómo les está yendo con el calendario de tandeos?

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es editor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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