Los derechos humanos un deber para realmente ser 

Manos Libres

Por Francisco Macías Medina /@pacommedina (X) /@FranciscoMacias (TG)

Hablar de los derechos humanos para muchas personas tiene relación con lo que es el trabajo de una institución, con un concepto que hay que expresar de la forma más compleja posible o con una situación la cual perciben injusta, incluso algunas de ellas piensan que su existencia es un exceso. Existe sin duda una multiplicidad de ideas en torno a ellos y de apreciaciones.

En la discusión sobre lo que son y lo que no son, evitamos expresar nuestra propia historia – sin duda llena de sesgos- que tiene relación con los mismos, así como lo que hemos sentido y los caminos de afirmación que han posibilitado lo que ahora somos.

Hablar de los derechos humanos es ubicarnos en situaciones en que lo que vivimos no alcanza para llenar todo aquello que le llamamos dignidad, justicia o verdad, hasta el grado de llevarnos a situaciones límite, muchas de ellas de vida o muerte.

Para ello, también es importante Importa quienes se encuentran en ese campo de lucha o de fuerza, porque nos recuerda que la desigualdad, el poder y el privilegio se encuentra presente en muchos de los aspectos de la sociedad, que involucra desde el color de piel, el género, la raza y las muchas brechas que terminan en una suma interminable de situaciones que propician desequilibrios.

Por lo que no es lo mismo reclamar un acceso privilegiado en un vehículo en una avenida principal, que ser una persona peatona o usuaria del transporte público. No es lo mismo hablar de condiciones de vivienda en donde la privacidad se toca y se vive como una pieza de mercado con controles de acceso, jardines y canchas dignas de una publicidad, que vivir en zonas de expulsión económica porque es la única opción que la falta de ingreso y la especulación de la ciudad selecciona, en donde hasta la convivencia tiene un costo de regulación de la violencia.

No es lo mismo tener garantizadas las situaciones de vida y condenar a miles de personas, por ejemplo, a ser reclutadas y desaparecer sin la búsqueda de la verdad o la justicia. No es lo mismo hablar de estadística que la historia de todos aquellos que pudieron ser y no lo son por la impunidad, el horror y las violencias.

Nuestra conciencia, pero también los miedos y necesidades sin límite, nos han llevado a encuadrar hasta nuestros deseos en los derechos humanos, aunque sea de forma forzosa o de incrementar los privilegios. 

Por eso es necesario reafirmar que los derechos humanos los tenemos como especie humana, es decir para todes, todos, todas, pero sobre todo para quienes más requieren que se superen situaciones de indignidad, injusticia y opresión.

No son sólo deberes, aunque legalmente implique que deben de ser garantizados, protegidos, promovidos y respetados, además de ampliados constantemente siempre con la mirada puesta en lo más favorable a las mayorías de personas y sus condiciones de desventaja.

Una pregunta que en clase hago constantemente es preguntarnos lo que necesitamos para vivir dignamente en lo personal, en nuestra comunidad y en ese espacio ampliado que podemos llamarle país o mundo, encontraremos en las respuestas una ruta para identificar que por ejemplo el respeto a nuestras ideas, identidad o elecciones desde las múltiples formas de familia tiene relación con los derechos.

Percatarnos que la existencia de una comunidad en la diversidad, es indispensable para conectarnos para poder y deber ser más. 

Nos percatamos que en el sistema mundo, que le llamamos global pero que en realidad estamos interconectados e interdependientes, lo que dejemos de hacer, por ejemplo, para oponernos a las violencias o al genocidio en Palestina, tiene que ver no sólo con una postura sino con una humanidad que sufre y muere por el silencio de las naciones.

Defender entonces los derechos humanos en la actualidad, es hoy una urgencia y una necesidad, ante contextos donde el poder sea desde las autoridades o actores económicos buscan convertirnos en una masa pasiva, polarizada, con miedo o apegada a una seguridad superficial y sin capacidad de mirar o reaccionar ante todo lo que se tiene que denunciar y cambiar.

La existencia de las personas defensoras de los derechos humanos y del territorio es una muestra de la esperanza, por eso silenciar voces como la de Mario Aguilar Rojas, representante agrario de la Comunidad wixárika tepehuana de San Lorenza de Azqueltán, al ser asesinado en el municipio de Villa Guerrero, Jalisco, implica una exigencia de justicia rápida, clara y sin contratiempos.

Exigir también el cese del hostigamiento judicial a la doctora Raquel Gutiérrez Nájera, por defender a las comunidades que buscan defender lo poco que les quedan en las ciudades, y que los empresariales gobiernos municipales o instituciones deberían de llevar a cabo, pero que no lo hacen porque pesan más sus conflictos de intereses inmobiliarios. 

Conmemorar los derechos humanos es uno que nos recuerde que la defensa de los mismos viven en la resistencia y esperanza de pueblos y comunidades.

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Francisco Macías Migrante de experiencias, observador de barrio, reflexiono temas de derechos humanos.

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