Pesimismo Esperanzador
Por Jorge Rocha, académico del ITESO / @JorgeRochaQ
Foto: Leslie Zepeda
El inicio del año 2026 llegó con malas noticias para las y los jaliscienses, se informó que el precio del transporte público se pasaría de $9.50 pesos a $14.00 pesos, que significa un incremento del 32%. Las críticas y las protestas ante este aumento no se dejaron esperar y ante ello el gobernador del estado realizó dos medidas, la primera fue plantear un subsidio a la tarifa de 3 pesos, condicionado al uso de la nueva tarjeta electrónica del estado de Jalisco y para las y los estudiantes del estado, mantener una tarifa de cinco pesos. El precio del pasaje del transporte público a partir del mes de abril será de $11 pesos con el uso de la tarjeta electrónica del gobierno de Jalisco.
Frente a este incremento, el Observatorio Ciudadano de Movilidad y Transporte Público del estado de Jalisco se pronunció rotundamente en contra de este aumento argumentando que la información que se utilizó para tomar esta decisión era notoriamente incompleta, que no existe de una garantía de que este aumento mejore la calidad en el servicio, que profundiza la inequidad social que existe en Jalisco y que se continúa privilegiando la rentabilidad privada en lugar del interés social.
A estas críticas se sumaron opositores políticos a Movimiento Ciudadano (MC), organizaciones de la sociedad civil y sectores académicos vinculados a este campo.
No podemos dejar de señalar que en los últimos años se sumaron al transporte público el sistema de “mi macro” en el periférico de la Zona Metropolitana de Guadalajara, que hay dos líneas más del tren ligero y que se crearon rutas alimentadoras de este sistema que han mejorado el transporte público en la ciudad, sin embargo, la experiencia ciudadana en la gran mayoría del transporte público es que es caro, poco eficiente, inseguro, contaminante, con mal servicio, con unidades poco limpias, con poca regularidad, con poco respeto a las normas viales y que no llega a toda la ciudad.
Una realidad que es cada vez más aguda es que el servicio de transporte que ofrece el tren ligero, los distintos macrobuses y las rutas alimentadoras, es notoriamente mejor, que el resto de las rutas del transporte público y que todas las promesas de mejoras que han hecho los transportistas del estado, se quedan en eso, en demandas nunca satisfechas.
Como bien lo señala el Observatorio Ciudadano de la Movilidad y el Transporte Público, la principal disyuntiva en este asunto es la tensión que existe entre considerar que este es un asunto de interés público y por lo tanto el principio orientador de las principales decisiones como la tarifa, las rutas, la cobertura se define en función de las necesidades de las personas, o el transporte público es un negocio privado y por lo tanto, el precio, el modelo de negocio, las rutas y las rutinas de trabajo se definen por la necesidad de generar lucro y ganancias.
Aunque las narrativas capitalistas sobre valoran que todo funciona mejor en una lógica de competencia capitalista, hay ciertos asuntos de la vida social, que para que cumplan con su propósito, deben mantener el interés público y las necesidades sociales como su faro de actuación. El modelo de negocio privado para el transporte público cada vez más demuestra sus problemas y su incapacidad de responder a las necesidades sociales y más allá de este inaudito incremento en la tarifa del transporte, me parece que debemos comenzar con una profunda y seria discusión sobre la necesidad de estatizar el transporte público en la entidad, que no significa que no se cobre por el servicio y tampoco que baje su calidad, el tren ligero es un ejemplo que muestra que lo público puede funcionar muy bien, de lo que se trata es que las principales decisiones en torno a este asunto tan importante, se tomen desde la perspectiva de cubrir de mejor forma las necesidades sociales y no desde un afán de lucro y ganancias capitalistas.
Ojalá que nos demos la oportunidad de tener este debate tan importante y necesario.
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