La calle del Turco
Por Édgar Velasco / @Turcoviejo
El eslogan me tiene harto. Lo confieso: estoy hasta la madre de que desde que sale el Sol hasta el ocaso todo aquí se hace “al estilo Jalisco”. Y todavía nos quedan más de cuatro años por delante.
Usar la expresión como nombre propio de la mentada tarjeta es el clímax del despropósito, pero he visto aplicaciones del eslogan que rayan en lo ridículo y, si me apuran, incluso en lo incomprensible. El otro día vi un tuit celebratorio en el que el gobierno de Jalisco afirma: “La Minerva vuelve a latir y lo hace Al Estilo Jalisco”. La comunicación institucional del gobierno estatal está en manos de publicistas que se han especializado en mandar mensajes vacíos de sentido convertidos en eslóganes que, desafortunadamente, devienen en políticas públicas vacías y ornamentales.
De tanto escuchar el sonsonete, no tardó en aparecer en mi cabeza la pregunta: ¿cuál o qué o cómo es el mentado “estilo Jalisco”? Misterio: en la página del gobierno de Jalisco no hay una sola línea dedicada a explicar cómo es gobernar “al estilo Jalisco”. Tampoco lo hay en el sitio habilitado para el prerregistro para obtener la sobada tarjeta que lleva ese nombre.
Hurgando por aquí y por allá, encontré el sitio que, supongo, habilitó Pablo Lemus para su campaña a la gobernatura. Ahí tampoco hallé una sola línea dedicada a explicar cuál o qué o cómo es el estilo Jalisco. Me parece sintomático —y digno de psicoanálisis— que la única mención que encontré está en un bloque que dice “Mi estilo de gobierno. Gobernar al estilo Jalisco significa gobernar a la altura de su gente”. Decir esto y no decir nada es exactamente lo mismo, pero deja ver una cosa: el estilo Jalisco es el estilo Pablo Lemus. Parafraseando la frase apócrifa de Luis XIV, arquetipo de autócrata: «Jalisco soy yo». Básicamente una nueva versión del alfarismo pero pasado por la cama de bronceado. En ese apartado hay una viñeta que lleva por título “Bien jalisciense” en donde apunta: “Siempre echados para adelante, con la frente en alto y la motivación de ser cada día mejores. Aquí no nos rajamos, y haremos que Jalisco siga siendo el mejor estado del país”. Puros lugares comunes y, por lo tanto, vacíos: pura forma, cero fondo.
Y, para acabarla de chingar, anacrónicos: me parece un poco esquizofrénico que un gobierno que se presume moderno, innovador, de vanguardia, haya tenido que irse a la primera mitad del siglo XX para encontrar las palabras con las que quería presentarse ante el mundo.
Especulo, por obvio, que eso de «aquí no nos rajamos» salió de la canción “Ay, Jalisco, no te rajes” compuesta por Manuel Esperón e interpretada y popularizada por Jorge Negrete en 1941. Dato ocioso: ni Manuel Esperón ni Jorge Negrete eran jaliscienses, pero a ellos les debemos el estereotipo. Gracias por nada.
Pero volvamos a la frase en cuestión: el mentado “estilo Jalisco” aparece mencionado en la canción “Ella”, compuesta por José Alfredo Jiménez (que, sorpresa, tampoco era jalisciense) a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Voy a copiar el fragmento aquí nomás por si alguna persona ha vivido encapsulada y no la conoce, o por si alguien la conoce y quiere ponerse a brindar de una vez. Dice la canción: “Quise hallar el olvido/ al estilo Jalisco (¡no te rajes!)/ pero aquellos mariachis y aquel tequila/ me hicieron llorar”. Además de la evidente relación entre ambas composiciones —la de Esperón y la de Jiménez— queda clara otra cosa: no se aclara cuál o qué o cómo es el mentado “estilo Jalisco”, algo que para los fines líricos de una canción no tiene la mayor importancia, pero que se vuelve preocupante cuando se convierte en política pública.
Al parecer lo que queda claro es que tenemos problemas de lectura de comprensión: cada vez que se escucha la expresión “al estilo Jalisco” muchos pensamos automáticamente en mariachis y tequila (convenientemente, olvidamos las lágrimas), pero si leemos con atención, resulta que esa combinación —mariachi+tequila— en realidad va en contra del estilo Jalisco. Me explico: la letra dice “Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar”. Entonces, según yo, el sujeto iba a actuar según “el estilo Jalisco”, PERO —y ese pero es clave— sucumbió ante el efecto del mariachi y del tequila y ya no procedió, mejor se puso a llorar. Luego entonces, podemos decir que mariachi + tequila anulan el estilo Jalisco, que seguimos sin saber exactamente qué chingados es.
Siguiendo la ruta trazada por su predecesor, Pablo Lemus ha elegido el chovinismo como fundamento discursivo. El Diccionario de uso del español de María Moliner describe el chovinismo como «patriotismo exclusivista: fervor exagerado por las cosas de la patria propia acompañado de desprecio por las extranjeras». Para ponerlo en palabras de acá: vivimos un chovinismo “bien quién sabe cómo”. Pareciera que el mensaje de fondo es: «Lo que hacemos está bien mucho bien hecho sólo porque lo hicimos nosotros que somos bien jaliscieneses, ira mijo edá». Si no estás de acuerdo, entonces estás en contra de Jalisco y demás chorradas que hemos escuchado hasta el cansancio.
Ahora bien, hay un dicho que bien podría darnos un norte de por dónde anda el mentado “estilo Jalisco”. Seguro lo conocen, yo me lo sé así: “Jalisco nunca pierde y cuando pierde, arrebata”, lo que nos habla de un actuar prepotente, impositivo y déspota. ¿Les suena familiar? ¿Casualidad? No lo creo. (Otro dato ocioso: Jalisco nunca pierde es el título de una película de 1937, dirigida por Santiago Eduardo Chano Urueta quien, adivinaron, tampoco es jalisciense.)
Viendo el actuar reciente de las dos administraciones, en donde hemos sido testigos del uso de la identidad regional para justificar narrativas pendencieras; de los mandatos caprichosos de Alfaro primero y de Lemus después; de su “estilo” para gobernar de manera acrítica y unidireccional, en resumen, de su actuar prepotente, impositivo y déspota, sí podemos decir que el gobierno actúa “al estilo Jalisco”.
Y pues qué pena ajena.


