¿A qué estamos jugando en el mundo?

#ZonaDeOpinión

Por Pancho Bohórquez González

Ilustración realizado con IA.

Estos primeros días de 2026, millones de personas vemos a Hitler —perdón, a Trump— como si estuviera jugando Risk y Monopoly al mismo tiempo. Hemos vivido en esos juegos algo muy parecido a lo que hoy observamos en el mundo con rabia y decepción: el jugador más poderoso, ya dueño de numerosos territorios, ejércitos y recursos, toma desprevenidos a los demás y se apresura a quedarse con todo lo que puede antes de que reaccionen. 

Los Estados Unidos de América, como potencia imperialista y fascista, apuestan por continuar todas sus batallas y negocios sucios dentro y fuera del mundo que dominan, encabezados por su más cínico representante y su falso gobierno “republicano”, que no respeta ni al Congreso ni a la Corte ni el marco legal. Antes a otros países por todos lados, con armas propias, subordinadas o aliadas. Y no sólo atacan a supuestas o verdaderas dictaduras, sino cualquier otro territorio sobre el que tengan intereses y superioridad militar.

Están reimpulsando el llamado imperialista de “América para los (norte)americanos”. No sólo agreden a la Venezuela del dictador Maduro, sino sobre todo a la mayoría de la población venezolana que resiste en su país y desea justicia y democracia, no una nueva dictadura. Al mismo tiempo, en el territorio históricamente colonizado por los EUA, los paramilitares del ICE persiguen a los inmigrantes y a quienes les defienden. Además, mantienen un fuerte control sobre El Salvador, Ecuador y Argentina, de la mano de los serviles Bukele, Noboa y Milei. Chile se suma, por votación mayoritaria, a la lista de los alineados con los Estados Unidos. Con ambición desatada, Trump y sus cómplices ahora amenazan con las armas a otros países y territorios que no controlan: México, Cuba, Colombia, Honduras… Groenlandia… ¡E incluso Trump ha “bromeado” con anexarse Canadá! Por otro lado, ya castigó con aranceles a Brasil y amenaza con impuestos y violencia a todo aquel que no se someta a sus mandatos. 

Pero su ofensiva no se limita a América. En el mundo árabe, tras sus guerras imperiales en Irak, Afganistán y Libia, Estados Unidos continúa hoy el genocidio en Palestina llenando de armamento a su brazo militar predilecto: el Estado de Israel. Ahora va contra el Kurdistán libre mediante un nuevo títere en Siria, impuesto con la excusa de acabar con la auténtica dictadura de los Al Assad. Ataca también a los antiimperialistas de Yemen, y desde el año pasado atacó y amenaza al Hezbolá libanés y a Irán, contra quienes tiene sus armas apuntando. Hace tiempo que cuenta además con el apoyo de emires, reyes, jeques y dictadores patriarcales y petroleros de la región, empezando por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. A los desobedientes, dictadores o no, los eliminó o los agrede; a los dictadores aliados, los respalda. En África también mantiene sus manos profundamente metidas, mediante viejos o nuevos dictadores, golpistas o regímenes autoritarios, como es el caso de Rwanda. 

Trump y su gente ni siquiera respetan la vieja alianza con Europa. Hoy no sólo amenazan a Dinamarca con anexarse Groenlandia, sino que también amenazan a España con sanciones por no respaldar su política militarista dentro de la OTAN. Y extorsionan a Ucrania para apropiarse de sus recursos naturales, mientras miden fuerzas con la Rusia de Putin. La mayoría de los gobiernos europeos observa el avance imperialista norteamericano entre la complicidad, el miedo o la simple impotencia. 

En los pocos días que lleva 2026, sentimos que el mundo está cambiando demasiado rápido. No sólo por Trump y sus violencias desbocadas, sino también por quienes lo imitan, lo votaron, lo respaldan, lo aplauden o le obedecen. No sólo por Estados Unidos sino por todos los regímenes y grupos políticos autoritarios y discriminatorios, que ponen el poder y el enriquecimiento privado por encima de los derechos humanos y de los pueblos. Y también por quienes permanecen indiferentes ante el avance de los fascismos y las violencias en el mundo.

Aun así, muchas personas seguimos sintiendo y pensando que otro mundo es posible y necesario. Que para vivir bien hace falta sencillez, solidaridad, gratitud y respeto de los derechos propios y ajenos, y que el derecho internacional se debe fortalecer, en lugar de que derrumbar. Que lo mejor de la vida no es el dinero ni el poder, sino la salud, la inclusión, la paz, el amor, la convivencia y la naturaleza. 

Ojalá que quienes preferimos jugar y disfrutar con la cocina o el huerto, con las olas, la bicicleta o los balones, con las palabras, la música y el arte —y no con el lucro, la violencia y las armas— sigamos defendiendo la vida y la ética junt@s. Y que pronto seamos una mayoría mucho más activa y mejor organizada. 

P.D.: no juguemos en el mundo con las reglas simples de la “izquierda” o la “derecha”, aunque puedan orientarnos un poco, sino sobre todo con las reglas del cuidado de la vida y la igualdad entre las personas, su dignidad y derechos.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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