Durante el Segundo Diálogo Nacional por la Paz en el ITESO, Mauricio Merino sostuvo que las múltiples violencias en México se explican por la doble derrota del Estado: su incapacidad para garantizar derechos y el uso abusivo del poder. Señaló que esta situación debilita el Estado democrático y social de derechos.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
En el marco del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, realizado en el ITESO, Mauricio Merino impartió la conferencia magistral “Las causas de la violencia en México”, donde desarrolló una reflexión amplia sobre la complejidad de las violencias que atraviesan al país y su relación directa con el deterioro del Estado y de los derechos.
Mauricio Merino partió de una premisa central: en México no existe una sola violencia, sino múltiples violencias que se superponen y se refuerzan entre sí. Habló de homicidios, feminicidios, desapariciones forzadas, desplazamientos masivos, extorsiones, secuestros y disputas territoriales vinculadas a economías ilícitas.
A estas expresiones se suman violencias que forman parte de la vida cotidiana, tales como: el acoso escolar y laboral, la violencia sexual, la discriminación por género, orientación sexual o condición social, así como el hostigamiento y la agresión en espacios digitales.
También señaló la presencia de violencia política, que incluye amenazas, campañas de difamación y ataques contra periodistas, activistas y actores públicos, en un clima marcado por la polarización y la intolerancia social.
Igualmente, describió el miedo como un elemento transversal. Un miedo que se instala en calles, escuelas, centros de trabajo y espacios públicos, y que modifica las formas de convivencia y la percepción del otro.
Ese miedo, explicó, abre paso a la desconfianza y posteriormente a la rabia. Cuando esas emociones se normalizan, las personas corren el riesgo de reproducir la violencia y volverse parte de un círculo que las daña.
Ante esta realidad, el investigador se preguntó si es posible identificar una causa eficiente que explique la persistencia de las violencias. Reconoció explicaciones centradas en la pérdida de valores o en la falta de amor al prójimo.
Sin embargo, consideró que esas lecturas resultan insuficientes frente a la urgencia del contexto actual. Por ello, propuso mirar hacia las estructuras políticas e institucionales que sostienen la vida social.
Desde su análisis, la causa central se encuentra en una “doble derrota del Estado” ocurrida en lo que va del siglo XXI. Esta derrota se manifiesta de manera simultánea como impotencia y como prepotencia.
La impotencia del Estado se expresa en su incapacidad para garantizar derechos, libertades y obligaciones. Cuando el derecho no se hace valer, las personas quedan expuestas al abuso y a la arbitrariedad.
La prepotencia aparece cuando quienes detentan el poder utilizan las instituciones para su propio beneficio, se colocan por encima de la ley y actúan sin controles ni rendición de cuentas.
Mauricio explicó que ambas dinámicas no se excluyen. Por el contrario, la debilidad del Estado frente al derecho permite que el uso abusivo del poder se consolide y se justifique.
En este contexto, sostuvo que la violencia no proviene únicamente de actores criminales, sino de la destrucción deliberada del Estado democrático y social de derechos.
Para explicarlo, hizo un recorrido histórico sobre el origen del Estado, que nació de la concentración violenta del poder, y sobre cómo las revoluciones liberales introdujeron límites mediante constituciones, derechos y regímenes democráticos.
Ese proceso permitió la construcción de un Estado de derecho que amplió, con el tiempo, los derechos civiles, políticos y sociales, y que buscó garantizar condiciones de vida digna e igualdad sustantiva.
Subrayó que el Estado social democrático de derechos tiene como misión asegurar libertades reales, seguridad, bienestar y capacidades para ejercer plenamente esos derechos.
Cuando el Estado falla en esa misión, afirmó:
“cada vez que el Estado resulta impotente para garantizar los derechos… atestiguamos un nuevo triunfo de los violentos”.
Aclaró que recuperar al Estado no implica apostar por la militarización ni por un Estado policial, sino por el fortalecimiento del derecho como base de la paz y la convivencia social.
Cuestionó los discursos que justifican la concentración del poder en nombre de la seguridad y describió esta lógica como una “paradoja”, donde el poder crece mientras los problemas persisten.
También rechazó la idea de que la pobreza sea la causa directa de la violencia, al considerar que ese argumento estigmatiza y desvía la atención de la captura del Estado por intereses particulares.
Finalmente, Mauricio llamó a recuperar el sentido colectivo del Estado y de los derechos. Señaló que muchas personas no se reconocen como titulares de derechos ni como parte de la organización política que debería protegerlas.
Para él, la reconstrucción del tejido social pasa por asumir que el Estado pertenece a la sociedad en su conjunto y que la paz solo puede construirse desde la recuperación del Estado democrático y social de derechos.


