Cuidando el límite: cuando cuidar involucra más que dar bienestar

Diversidad: otras formas de pensar

Por Sol Urbina Gutiérrez

Partiendo de que el Cuidado trata de acciones que sostienen la vida y que son el medio de soporte de la comunidad, es interesante reparar en quien o quienes llevan a cabo estas acciones y, por lo tanto, son generadores del bienestar de la sociedad.  

El cuidado tema macro abarcador y no solo concerniente a temas de salud tiene la facultad de permear en todas las etapas a lo largo de nuestra vida y más aún en situaciones de sobrevivencia (primera infancia), situaciones de crisis (adolescencia, etapa escolar, etc.) y tiene particularidades que van ligadas directamente a la forma en que se comporta la comunidad y generalidades ligadas a fallas estructurales, sistémicas que determinan que el cuidado sea considerado el nudo crítico de la desigualdad. 

Cuando pensamos en quien sostuvo nuestra vida en nuestra primera infancia es probable que venga el recuerdo de una mujer, tal vez nuestra mamá, una tía, la abuela, la madrina, una maestra, una vecina, una amiga de la familia, pudiéramos recordar o no desde cuándo o cuanto tiempo nos cuidaron, sin embargo, estos cuidados recibidos mantuvieron nuestra supervivencia y favorecieron a nuestro bienestar. 

El cuidado de forma general constituye una serie de acciones encaminadas a garantizar el bienestar de personas que necesitan de atención variable para su desarrollo, supervivencia, tales como niños, niñas y adolescentes, adultos mayores, personas enfermas, personas con alguna discapacidad y en los distintos ciclos de la vida. El cuidado es un componente de bienestar social.

  • En México 71% de las horas que se dedican a las labores de cuidado no remuneradas son realizadas por mujeres, niñas y adolescentes, por cada hora que aporta un hombre a las actividades de cuidado no remunerado las mujeres aportan casi tres. 
  • Una mujer proporciona al menos 8 horas y media por día al cuidado exclusivo de otras personas.
  • Una mujer proporciona entre 22 y 42 horas a la semana para cuidados de otras personas.

Durante la pandemia por COVID nos quedó claro que el trabajo de cuidado se intensificó con una sobrecarga hacia las mujeres en donde se convirtieron en cuidadoras 24/7, fungieron como maestras cuando acompañaban en las clases virtuales, proveedoras buscando el sustento de alguna forma y llevando alimentos a la casa, fungía como psicólogas en los momentos en donde las y los pequeños no podían más con el confinamiento, fueron enfermeras y doctoras de sus propias familias ayudando a sanar y seguramente buscaron la manera de que ese encierro fuera lo menos traumático para su familia. 

El pasado 22 de febrero se suscitaron eventos violentos que orillaron a la sociedad a resguardarse en sus casas, de manera fortuita, sin previo aviso es necesario cambiar la dinámica del día y mantenerse a salvo. En esta ocasión no era un virus mortal invisible, se trataba de actos violentos generando caos afuera, se escuchaban detonaciones, olía a humo, sin posibilidad de transitar de forma segura por las calles, abastecimientos de agua y comida cerrados, nuevamente clases virtuales o tareas a distancia, redes sociales y medios de comunicación hablaban de lo mismo y del nivel de violencia y amenazas en las que se encontraba la sociedad en general, un terror colectivo nuevamente.   Es importante reconocer que la dinámica social y hacia dentro de las familias se vio modificada. El cuidado dentro de las casas no fue nada diferente a lo que se vivió en la pandemia en donde se activó el modo supervivencia. Es momento de reconocerte a tí mujer que cuidaste a tu familia en casa durante los actos violentos de los últimos días, encontraste la manera de mantener la calma, proveer bienestar, tranquilidad y seguridad incluso con una ciudad ardiendo y la incertidumbre por los aires. Nuevamente el cuidado y la supervivencia recayó en manos de las mujeres. 

Es necesario tomar estos dos escenarios Pandemia y los eventos violentos del 22 de febrero para recapacitar que hace falta trabajar en cuanto a generar estrategias, redes, condiciones en donde el cuidado deje de ser responsabilidad únicamente de una parte y las instituciones, el -Estado tenga propuestas para resolver la sobrecarga de cuidados que viven las mujeres en el día a día y en eventualidades como las ya mencionadas. Podemos hacer un listado de ejemplos en donde el trabajo de cuidado en todas sus formas recae en la mujer y que este es asimilado como su destino o propósito de vida que de forma generacional, cultural, sistémica es propiciado e invisibiliza el carácter de explotación en el que se ve inmersa.   

Específicamente la situación de enfermedad que se viven dentro de las familias ha sido vista a través de los años como una situación que le compete a las propias familias resolver y la forma en que cada familia resuelve el cuidado en general es con el tiempo de las mujeres. La mujer cuida al límite sobre estimulada, sobrecargada y requiere de estar “bien” para poder seguir cuidando. Es ahí en donde hablar de la Ética del cuidado y la Sociedad del cuidado toma sentido.

 El Cuidado como forma de sostén de la sociedad y de la vida le está saliendo barato al sistema, a la propia sociedad y al Estado y le sale caro a cada mujer que deja de percibir un sueldo, no cuenta con asistencia social, no tiene tiempo para su propio cuidado y va mermando su calidad de vida.  Repensemos formas de cuidar en comunidad.

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Médica paliativista, profesora en la Universidad de Guadalajara. Me dedico a la atención de personas con condiciones de vida que le limitan, laboro tanto en servicios públicos de salud, privado y en la sociedad organizada vinculando todo este conocimiento en temas de vulnerabilidad, bioética, enseñanza, salud con perspectiva de género y enfoque de derechos humanos.

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