Por Andrea Belén Rendón / @andreabelenroc (IG)
Hemos escuchado cientos de relatos sobre el amor. Que si el amor lo puede todo, que si el amor es doloroso, que si el amor es para siempre. La mayoría de ellos se atan a la idea del amor romántico. Ese que coloca a la pareja al centro de los afectos y nos dice que hace falta otra mitad para complementarte.
Entre otras acepciones del amor está la percepción racional, que lo distingue como lazo inquebrantable que atraviesa el contrato social. Un hecho que hace posible la vida en comunidad. Por su parte, como sensación, el amor es abrumador. Es el corazón desnudo, abandonarse a la locura. Lo más elemental para el cuerpo y el alma. Ahora, más allá del romanticismo clásico, de su racionalización cultural y de, quizá, un pobre intento por verbalizarlo como experiencia de lo sensible, también está el amor que emerge como forma de resistencia. Cuando el espacio te expulsa, las relaciones terminan y el futuro se nubla. El amor cuando ya no queda nada más, cuando vive para la esperanza.
El año pasado fui a ver La Toya Amor. The Hottest Girl In Town, una obra de teatro basada en el texto original de Isabel Vázquez Quiroz, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia escrita por mujeres “Incendia” 2024. La puesta en escena es brutal. Se trata de un monólogo en el que La Toya nos platica (y nos canta) sobre las experiencias que marcaron su niñez y adolescencia. La historia de La Toya es divertida, dolorosa, familiar, exasperante, provocadora. Me volcó la cabeza y me dejó con la impresión de que La Toya es de esa clase de amor de la esperanza, del que mantiene vivos los sueños.
La historia nos presenta a La Toya, una joven que vive en un pequeño pueblo en la frontera entre México y Estados Unidos. Su vida transcurre entre el cotidiano fronterizo: donde la violencia está en la puerta de atrás, donde las certezas que promete el Estado no son suficientes, donde el ver y el watch parieron al wachar, y donde la suerte es enemiga.
Desde niña, La Toya aprende que para vivir en México, hay que resistir. Que la tierra está en disputa y que le pueden arrebatar su hogar sin más. A la vista del pueblo, de las ciudades, de los gobiernos y de nosotrxs (dobles) espectadores. Y la vida avanza. Más adelante en el monólogo, vemos a nuestra protagonista migrar a la ciudad. Adaptarse a la inmensidad de las calles y tratar de habitar la hostilidad de los espacios. ¡Qué experiencia tomar el camión por primera vez! Y después viene otra ciudad más grande: la capital. Con sus híbridos culturales y la posibilidad de doblegarse a las tentaciones más emocionantes. La Toya está en constante movimiento, de lugar en lugar, con el duelo de abandonar el hogar. Cuando el espacio te expulsa, toca reconfigurar y aferrarse a lo que está. Para ella, lo que siempre le queda es el amor.
Nuestra heroína no está sola. Desde al inicio de la historia nos presenta a su familia. Su mamá y su papá son el primer amor que conoce. Alimentan su imaginación y sus sueños. Son su hogar y la blindan de fuerza, resiliencia y confianza. Después viene la amistad. Esos vínculos que no estamos obligados a mantener pero que elegimos cuidar todos los días. La complicidad y la escucha de su querido amigo El Poison la arropan durante todo su viaje. En la capital, su amado Jay-D que le brinda la oportunidad de ver sus sueños de cerca, de casi tocarlos con las manos. Sus amigas, Cherry- Girl, cuidado y lealtad, y las Girls, diversión y confianza. Todos y todas resistiendo en los márgenes, junto a ella. Y aún cuando estos vínculos desaparecen, cuando las relaciones terminan, La Toya se aferra a lo que fueron. Al amor.
El hogar y las relaciones sostienen a La Toya, pero no me olvido de eso que le da aire: la música. Esta historia sólo podría ser contada por La Toya y sólo ella (nuestra hottest girl en town) nos la puede compartir con la irreverencia y la rebeldía del rap.
La música rap surgió en el Bronx con las comunidades afrodescendientes que resisten (aun ahora) a la violencia estructural del Tío Sam. Como muchos territorios del arte, es un práctica históricamente masculinizada. Las ideas que viven entre las rimas más populares del género revelan las experiencias de muchos hombres racializados y precarizados. ¿Pero dónde están las historias de las mujeres en este escenario? ¿De qué hablan nuestras letras? Las rimas de La Toya nos cuentan sobre su hogar, su familia, sus amigos, sus amores. Se hace tangible su mirada como una mujer que creció en la frontera, que creció en este mundo que lo devora todo. Con la potencia del beat y la energía contagiosa de su voz, La Toya convierte a la música en la forma más poderosa de crear, reivindicar su autonomía y encontrarse como una joven fuerte y compasiva en esta maraña del caos que es vida.
Al final, La Toya Amor. The Hottest Girl In Town es la historia de una chica que construye esperanza desde el amor. No desde la condescencia del positivismo meritocrático, si no desde la lucidez de que el amor también es resistencia.
¡Vayan a ver a La Toya Amor! Escúchenla narrar y cantar su historia este miércoles 25 de marzo a las 07:00 de la tarde en el Teatro Jaime Torres Bodet, con la dirección de Karina Hurtado de la compañía de teatro Ánima Escénica y la poderosísima actuación de Mariana Rendón como nuestra heroína. La obra forma parte de Las Morras Festival y la entrada es gratuita. ¡Nos vemos en el teatro!
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