Dos metros cuadrados para soñar: La vida de Isabel, la madre colombiana que el muro detuvo en Saltillo

Entre el sancocho cocinado en una parrilla eléctrica y el miedo a las redadas, Isabel y su hijo de 14 años intentan reconstruir su vida en un cuarto de dos metros cuadrados en Coahuila. Tras serles negado el refugio en México, su historia revela el rostro humano de la ‘feminización’ de la migración colombiana que el muro de Trump dejó varada en el norte.»

Este reportaje forma parte del proyecto «Desplazamiento forzado, una herida sin sanar en México»

Por Camelia Muñoz/ Periodistas de a Pie

Isabel soñaba con llegar a los Estados Unidos para romper con un ambiente de carencias.  No tenía claro hasta dónde lograría avanzar porque no tiene familiares allá, sólo contaba con algunas amistades que, como ella, decidieron abandonar Colombia ante la falta de oportunidades.

Originaria de Barranquilla, en 2024 decidió no continuar el viaje con su hijo Jason, quien en ese entonces tenía 12 años y desde hace dos años no asiste a la escuela. En su trayecto, estuvieron en riesgo de secuestro en Tapachula.

Hoy habita un pequeño cuarto de apenas dos metros de largo por poco más de dos metros de ancho, donde se concentra el diario vivir de los dos integrantes de esta familia sudamericana.

Durante el día, el espacio se transforma en cocina. Isabel prepara los alimentos en una parrilla pequeña colocada sobre un bloque de concreto, mientras  ella se sienta en otro para vigilar la cocción. El lugar refleja la precariedad en la que vive, pero también la capacidad de adaptación de madre e hijo.

Cuando la comida está lista, baja una caja de plástico que cuelga de la pared, de las usadas en los mercados por el traslado de frutas, la cual sirve de mesa casi al ras del suelo. Al caer la noche el reducido espacio se convierte en dormitorio y ambos extienden los colchones individuales donde descansan.

“Aquí tengo mi estufita, mis trastecitos. Todo lo tengo limpio porque aunque está chiquito el lugar, yo tengo todo organizado y aquí hacemos nuestra comida”, dice mientras muestra la ubicación de los insumos como el aceite, café, azúcar y tomate, debidamente acomodados en otra caja.

María Isabel Borja Guevara tiene 40 años y siete hijos. Solo la acompaña el penúltimo, el resto estudia o trabaja en Colombia, con la esperanza de que su madre lograra llegar a los Estados Unidos para, en un futuro, alcanzarlos.

Señala que, aunque en Colombia la situación ha mejorado, económicamente buscaba opciones de estabilidad para su familia que en su país no existen. La decisión de migrar respondió a una realidad insoportable y a su responsabilidad maternal ante la precariedad económica y la imposibilidad de garantizar un futuro para los suyos.

México: de tránsito a destino forzado

En los últimos años, México se ha convertido no sólo en país de tránsito, sino en un destino forzado para migrantes que no logran cruzar tras las medidas impulsadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, para suspender el otorgamiento de refugio o asilo político.

Previamente, el gobernador de Texas, Greg Abbott, fortaleció el muro metálico y acuático con presencia policial para cerrar las rutas e impedir el cruce de migrantes por el Río Bravo en Eagle Pass, frontera con Piedras Negras, Coahuila. Todo ello dejó a cientos de extranjeros varados en los estados fronterizos.

La travesía de Isabel fue larga. Tardó varias semanas en llegar a la frontera sur de México tras salir de su lugar de origen por tierra, usando autobuses para atravesar varios países junto a su hijo y una amiga que viajaba con sus dos hijas.

Recorrieron más de 500 kilómetros desde Barranquilla hasta la frontera con Panamá, donde atravesaron la selva del Darién. Siguieron por Costa Rica, Nicaragua y Honduras hasta llegar a Guatemala, donde Isabel trabajó 20 días en un hotel para reunir dinero. Cada etapa estuvo marcada por el desgaste físico y el miedo.

En marzo de 2024 llegaron a Tapachula, Chiapas. Allí permaneció tres meses ante el temor de la inseguridad en la ruta hacia el norte. “Me habían dicho que podían secuestrarnos y quitarnos a los niños, además del dinero. Yo no traía mucho y pensaba que el único que puede pagar por mí es papito Dios. Daba miedo avanzar», recuerda mientras se encoge de hombros y observa a su hijo.

Al enterarse de una caravana hacia la frontera norte, decidió unirse para reducir riesgos. Caminaron distancias enormes, pidiendo agua y comida, durmiendo en las calles para recobrar fuerzas. “Veníamos batallando porque no podíamos bañarnos, hacía mucho calor. Era muy pesado y el sol era tremendo. Mi hijo se enfermó y yo también”, relata. Debido a la salud de ambos, se rezagaron del grupo.

Casi al salir de Chiapas, personal del Instituto Nacional de Migración (INM) los detuvo. Isabel afirma que les pedían dinero que no tenían, por lo que fueron remitidos a Tuxtla Gutiérrez. Ahí empezaron de nuevo la travesía tratando de alcanzar la caravana, con poco dinero y esperando la ayuda de la gente en las calles.

Isabel evita mencionar nuevamente el riesgo de secuestro que enfrentó, la presencia de Jason la obliga a guardar silencio para no asustarlo. Al llegar a Saltillo, se refugiaron en la Casa del Migrante esperando la oportunidad para llegar a la frontera, en la ciudad de Piedras Negras. El albergue les permitió mantenerse protegidos y con alimentos seguros por varios meses. Sin embargo, las restricciones impuestas por Trump la hicieron desistir finalmente en 2025.

“Lo que yo buscaba era bienestar para mis hijos porque aspiran a ir a la universidad. Le pensé mucho por la seguridad de mi hijo, he escuchado de los que se ahogan en el río y no lo quise arriesgar”, señala. Además, sus amistades en Estados Unidos le advierten que la vida allá es muy difícil: “Mi amiga me dice que no puede salir a trabajar para no dejar a las niñas solas, su pareja sale a trabajar con el temor de las redadas. Mejor decidí no continuar”.

La supervivencia en Saltillo

Isabel debe seguir pagando el departamento donde viven sus hijos en Barranquilla. Por el pequeño cuarto en Saltillo paga mil 500 pesos de renta más servicios y saldo telefónico para mantener el contacto con su familia en Colombia.

“¿Cómo le hago? Trabajando en lo que se presente: limpieza, pelando nuez, en dulcerías o en hoteles, donde se presente yo voy», dice.

A finales de 2025, la falta de empleo la desesperó. “Antes nos salía trabajo, pero hoy que hay poca gente extranjera, se dificulta encontrar empleo», lamenta.

Por las labores de limpieza suele ganar 400 pesos dinero que estira para enviar a sus hijos en Colombia y subsistir en Saltillo.

A finales del 2025 tuvo que pedirle al rentero que le esperara para pagar la mensualidad, porque no había conseguido empleo.

El clima también ha sido un desafío, provenientes de una región cálida, Isabel y su hijo no estaban preparados para el frío del norte, aunque han aprendido a conseguir ropa abrigadora. Lo que más extraña de su tierra es la comida, el pescado fresco y las verduras de su tierra.

«Adelgacé mucho los primeros meses y la comida me caía mal. En la Casa del Migrante me regalaron trastes y la estufita, así que ya preparamos lo que nos gusta».

Al hablar de comida su rostro se ilumina: menciona las arepas y el sancocho, un caldo o sopa tradicional de Colombia preparado con carne, yuca, papa y plátano macho.

“Nos encanta el pescado frito, aunque aquí el sabor es distinto. Con el arroz hago las arepas y busco el plátano macho y la lenteja, así sobrevivimos”, sonríe cruzando la mirada con su hijo que también responde igual.

El año pasado solicitó refugio en México, pero se lo negaron dos veces.

A diferencia de otros migrantes que impugnan ante la Comisión Mexicana para Refugiados (COMAR) o el INM, Isabel no insistió.

“Ando indocumentada, sólo traigo mis papeles de Colombia”.

Obligados a quedarse en México

Para Alberto Xicoténcatl Carrasco, defensor de los derechos de los migrantes y director de la Casa del Migrante de Saltillo, las autoridades mexicanas están bloqueando la regularización de miles de personas.

Explica que, además de las medidas restrictivas para el ingreso legal a través del asilo, el gobierno  de Estados Unidos eliminó los apoyos económicos a la ACNUR, Agencia de la ONU para los Refugiados, que a su vez permitía la operación de la COMAR.

“La Comar se queda sin personal y los tiempos de espera son de meses o hasta un año. Luego el INM se niega a otorgar las visas por razones humanitarias. Se crea un cuello de botella”, señala el activista. Añade que no existen programas gubernamentales de ayuda para esta población varada.

Xicoténcatl Carrasco destaca que muchos migrantes prefieren Saltillo sobre Monterrey. En la capital de Nuevo León el costo de la vida es más alto y la inseguridad es mayor.

“Allá han encontrado una ciudad violenta donde los grupos delictivos intentan robarlos y extorsionarlos. Por eso prefieren ciudades como Saltillo, donde hay oferta laboral que les permite mantenerse mientras esperan que las políticas en Estados Unidos cambien”.

Aumenta flujo de mujeres colombianas

Desde el 2016 se incrementó la cantidad de personas de origen colombiano que llegan a México, con un breve decremento en 2020. La mayoría son mujeres. El informe “El Refugio Colombiano en México: más allá de las cifras”, del Observatorio de Derechos Humanos del Colectivo por la Paz en Colombia desde México, señala que, pese a mejoras sociales, el conflicto armado en Colombia ha persistido y evolucionado lo que obliga a la población a desplazarse.

En 2022 las solicitudes de refugio de colombianos en México llegaron a 2 mil 482.Colombia ocupa el noveno lugar en solicitudes, detrás de países como Honduras, Cuba, Haití, Venezuela, Nicaragua, El Salvador y Chile.

Sin embargo, la tasa de aceptación es baja: en 2022, el 93% de los casos terminó el año sin respuesta. La tendencia entre 2024 y 2025 muestra la “feminización” del refugio, con más mujeres solicitando protección.

La Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, señala que de enero a septiembre de 2025, Colombia representó el 8% de las detecciones de personas en situación irregular en México. En Coahuila los colombianos son el segundo grupo más numeroso después de los venezolanos, que han sido detectados en situación irregular. Para Isabel y Jason, las estadísticas son solo números. Si su situación económica en Saltillo no mejora, no descarta regresar a Colombia, a pesar de que las condiciones allá sigan sin ser las mejores para su familia.

Comparte

ZonaDocs
ZonaDocs
Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Quizás también te interese leer