“Tengo a la presente y tengo al ausente”: Colima y el 10 de mayo de las madres que siguen buscando

Mientras miles celebraban el Día de las Madres, las integrantes de la Red Desaparecidos en Colima A.C. conmemoraron la fecha con una misa en la plaza que ellas mismas recuperaron. Más de mil 300 desaparecidos en el estado; veinte madres sosteniéndose entre sí.

Por Monserrat Cárdenas / @Somoselmedio

Colima, 10 de mayo 2026.- Con una misa oficiada en la Plaza de las y los Desaparecidos, las madres buscadoras de Colima conmemoraron el Día de las Madres, una fecha profundamente simbólica que, lejos de la celebración, les recuerda la ausencia de sus hijos e hijas. Por eso prefieren atravesarla juntas, sostenidas por el abrazo colectivo que nace de compartir el dolor de la desaparición.

Donde antes hubo abandono y basura, hoy las madres reivindican el amor, el cuidado y la esperanza de encontrar a sus hijas e hijos. Este espacio en el que estamos -recuperado y rehabilitado por ellas- antes conocido como la Rotonda de los Colimenses Ilustres, es ahora un lugar de encuentro y memoria por sus desaparecidos. En los grandes pilares de la Plaza ahora se observan los rostros de sus desaparecidos: rostros que ocuparon el lugar que originalmente estaba destinado a políticos, artistas y deportistas colimenses “ilustres”, y que hoy pertenece a las víctimas de la violencia y la impunidad.

A la oración que hoy tiene lugar, se unen feligreses, activistas locales y algunos servidores públicos que portan prendas blancas como símbolo de la paz por la que claman las madres convertidas en defensoras de derechos humanos. Bajo tres toldos que guarecen a los asistentes del intenso sol colimense, comparten testimonios, llamados a la acción social desde el apartidismo y la colectividad y la consigna constante de “No queremos culpables, sólo saber dónde están”.  

 La ausencia que divide el corazón de Adriana

Para Adriana Malváez Villanueva, madre de Luis Adrián Ayala Malváez, desaparecido el 1 de mayo de 2025, este es el primer Día de las Madres que vive realmente sin su hijo. Aunque Luis desapareció nueve días antes del 10 de mayo del año pasado, entonces todavía conservaba la esperanza de verlo regresar; hoy, en cambio, esa posibilidad se siente más distante.

“Es mi primer 10 de mayo, porque el año pasado todavía decía: a lo mejor va a regresar. Pero este año tengo sentimientos encontrados, porque todavía tengo una hija… y entonces mi corazón está dividido, porque tengo a la presente y tengo al ausente”.

Pese a que Adriana reconoce el arropo y el refugio emocional que encuentra en sus compañeras de la Red Desaparecidos en Colima A.C., convocantes de la movilización, asegura que ella sólo obtendrá paz cuando tenga a su hijo de vuelta.

“Siento tranquilidad de estar aquí, pero en el corazón de una madre nunca va a ser suficiente. La única forma de sentir paz es encontrarlo”, dice.

Antes de la desaparición de Luis, los 10 de mayo en casa de Adriana transcurrían entre reuniones familiares, risas, comida y momentos compartidos.

“Era pasar el día juntos, a veces íbamos a la playa y a veces estábamos en la casa con mi mamá; era alegría, era saber que estaba la familia completa, que tenía a mis hijos conmigo”, cuenta.

Ahora sólo le queda el recuerdo de aquellos momentos y del cariño que su hijo le demostraba con atenciones y detalles: “Antes al día eran tres llamadas, ahora ya no hay nada”.

Un pedido de perdón

Durante la homilía, el sacerdote Antonio Aguirre Ruiz habló en el nombre del obispo, Gerardo Díaz Vázquez, sobre el papel de la Iglesia Católica frente a la crisis de desapariciones. Rodeado por feligreses de la parroquia que lidera, La Merced, ubicada en el centro de la capital, afirmó que “la Iglesia no puede limitarse a ver y a oír el dolor, sino que debe mirar, escuchar y comprometerse realmente con quienes buscan a sus hijos e hijas”.

No obstante, admitió que, durante años, la institución no acompañó a las madres buscadoras y el movimiento por la paz que encabezan, por lo que, frente a las familias, pidió perdón.

“Nuestro obispo, y yo como sacerdote, queremos hacer una petición de perdón reconociendo que hubo ciertamente un tiempo en que como Iglesia mirábamos para otro lado, no nos preocupábamos por ustedes. Estábamos más preocupados, tal vez, por nuestra imagen, que por las heridas del pueblo”.

Sobre los niveles de violencia que vive Colima, considerada durante 2023 y 2024 como la ciudad más peligrosa de mundo, de acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, el sacerdote lamentó que la sociedad haya terminado por normalizar el horror.

“Ya nos hemos acostumbrado a la muerte, a los tiros en las calles, a los desaparecidos y a un sinfín de gestos violentos que ya no llaman la atención, desgraciadamente”. 

También, hizo un llamado tanto a la sociedad como al resto de la Iglesia a mostrar solidaridad con las madres y los movimientos que exigen paz y justicia.

“No podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas”, señaló.

Sin marcha por la falta de respuesta social

Por su parte, la presidenta de la Red Desaparecidos en Colima A.C., Carmen Sepúlveda Gómez, explicó que desde el año pasado dejaron de convocar a las marchas que realizaban cada 10 de mayo debido a la escasa respuesta social. En su lugar, han optado por actos más simbólicos, como las celebraciones eucarísticas.

“Esto obedece a la falta de las madres, a la falta de empatía, a que siempre estamos pidiendo el apoyo y de repete no lo hay; obedece al temor de recibir las llamadas (de amenazas y extorsión) que te hacen continuamente: ya deja de buscar; ponte en paz; ya no está tu hijo aquí; qué buscas; qué es lo que quieres”. Son más de mil 300 desparecidos y aquí sólo somos veinte madres buscadoras. No podemos exigirle al gobierno todo si nosotros no estamos haciendo acto de presencia”,expresó.

Asimismo, Carmen informó que, tras la reciente visita a Colima de personal de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), se acordó regresar al rancho El Guamúchil, ubicado en la comunidad de Agua de la Virgen, municipio de Ixtlahuacán, para realizar búsquedas en campo y acciones periciales, ante las sospechas de que el crimen organizado continúa utilizando el predio para realizar entierros clandestinos.

Dicho predio, de 42 hectáreas, fue localizado en diciembre 2023 durante las investigaciones por la desaparición del abogado y defensor de los derechos humanos, Ricardo Arturo Lagunes Gasca, y del profesor y líder comunitario de Aquila, Michoacán, Antonio Díaz Valencia. En el sitio fueron encontrados al menos 42 restos humanos en un número indeterminado de fosas clandestinas, lo cual se informó 14 meses después y sólo bajo la presión de los colectivos de búsqueda de la región.

Entre la fe y el vacío

Al igual que Adriana, Carolina Castro Chávez busca a su hija, Christian Stacy Batista Castro, desde el 18 de agosto de 2024. Como en el caso de Luis, el hijo de Adriana, tampoco existen avances en la investigación judicial ni una hipótesis clara sobre lo que le pudo haber ocurrido.

“Mi hija estuvo en la campaña con la gobernadora (Indira Vizcaíno Silva) cuando estaba para diputada (federal); Brayan (fiscal general del estado) fue maestro de mi hija, y Peña (el fiscal especializado en Personas Desaparecidas) fue su compañero en la facultad, por eso pensamos que pronto se iba a solucionar esto, pero no”, relata.

Por eso este sábado acudió a la misa convocada por las madres buscadoras, con quienes, dice, se siente “como en familia”. Quiere recobrar fuerzas y nutrirse de la fe y la esperanza que aquí se respiran.

Sin embargo, la ausencia Stacy le ha dejado un vació imposible de llenar que le impide celebrar el Día de las Madres.

“Ella siempre para los 10 de mayo: mami, ¿qué vamos a hace? Ella era la que se encargaba de comprar cosas e invitar familiares para festejarme. Era la alegría de la casa. Ahorita uno no tiene nada que festejar. Falta ese lugar que está vacío. Ojalá Dios pronto me haga el milagro de venir aquí y decirles: mi hija apareció”.

Al finalizar la misa, con la voz entrecortada, Carolina dirige un mensaje a las autoridades:

“Yo les pido a las autoridades que hagan lo posible por regresarnos a todos los desaparecidos, no nada más a mi hija, para uno tener paz, porque uno no tiene paz, uno se siente que está muerto en vida. Queremos que ya no haya tanta violencia como hay ahorita”, un mensaje que en esta jornada se replica en las voces tanto de las madres como de la Iglesia.

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