#ZonaDeOpinión
Por Anashely Elizondo / @Anashely_Elizondo
Para Sara
Entre las nubes de mi memoria se esconden los sentimientos que tenía cuando tenía tu edad. Tener quince años no es fácil, conozco las amenazas descontroladas de las hormonas, el llanto desmedido por todo, el odiar y amar partes tuyas. Reconozco que cuando te veo, me veo y por ello, te escribo algunas cosas que a mí me ayudaron a sobrellevar la adolescencia y también un poco la vida.
De nada sirve esconder la cara en la almohada. O bueno, a veces, cuando uno llora y las lágrimas se quedan atrapadas en la tela. Llorar sirve, siempre, para sentirse (al menos un poco) mejor.
Comer algo que te haga feliz, dejar de ver Tik Tok/reels, abrazar a nuestra mamá, acariciar a Nacho (el perro), sentarse en el piso esperando que el rayito de sol te pegue un poquito en la cara, pedir consejos y seguirlos, muchas veces sirve para sentirse mejor.
Reír con amigos, tener buenas amigas, subrayar un libro, escuchar canciones que te hagan sentir (lo que sea, tristeza, alegría o gracia), platicar (real y tendidamente) con mi abuela, escuchar las historias repetidas de nuestros padres (desde los árboles de guamúchil trepados por mamá hasta las peleas de papá afuera del estadio), dejar que el odio solo se quede contigo un rato, sonreírle a las personas extrañas que te parezcan interesantes, preguntar, caminar, ayuda para sentirse un poquito mejor.
Ver a nuestro hermano dibujar, sentarse en el sillón a no hacer nada, elegir una película al azar y verla, dejar que el ruido de los pájaros te despierte en la mañana, mover el cuerpo, hacer combinaciones raras de ropa, cortarse el cabello, pintarse las uñas, voltear a ver a quien lo necesita y ayudarle, pensar en la niñez, asombrarse, es la fórmula para sentirse, aunque sea, un poco mejor.
Si pudiera volver a vivir lo que está por suceder en tu vida me emocionaría. Me emocionaría volver a sentirme cómo me sentía a los 15 años; a veces siento que estoy madurando al revés.
Qué de niña, de adolescente, mi coraza, mi cáscara, era más dura. Qué podía soportarlo todo. Cualquier caída, cualquier raspón, veía en mí el privilegio de sanar, renacer y reconstruir. El poder de que no me doliera nada.
Y ahora que soy mayor y debería entenderlo todo mejor, conmoverme menos, ser más fuerte, más hábil, menos ingenua, no lo soy.
Todo lo que recién conozco, me asombra y se adhiere a mi alma, quiero pensar, qué para siempre
Por eso te pido que no dejes que la tristeza y la incertidumbre te quite el color de las cosas, no dejes que te nuble la vista, no dejes que se apodere de ti, no dejes que te haga pensar que la respuesta o la solución está en otras personas. No lo está.
El poder y la fuerza está en ti.
Vive, vive, vive.
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