El grito

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

En la vida debe haber pocas cosas más molestas que salir a dar un paseo en bicicleta en horario laboral y que alguien se ponga a gritarle a uno que se ponga a trabajar. Eso, especulo —porque especulero soy— que debe haber pensado Pablo Lemus el pasado martes cuando, para ir calentando los ánimos patrios, salió a hacer un recorrido en bici sólo para ser increpado por alguien que le exigía que se fuera trabajar. Como si pasear en horario laboral y hacerlo pasar como trabajo no fueran parte de sus funciones como gobernador. Vaya ofensa.

“¡Lemus, ponte a trabajar! ¡Queremos agua limpia!”. Ese fue, dicen, el grito que vino a perturbar el pedaleo. Luego aparecieron unas personas para encapsular al gritón y después llegó la policía para llevarse al individuo y endilgarle una falta administrativa por “alterar el orden público”. La información comenzó a tomar velocidad: las publicaciones en redes sociales acusaban represión. Conforme fue pasando el tiempo, fueron apareciendo más detalles: resulta que el gritón no era cualquier gritón, sino una persona vinculada a uno de los despachos de comunicación con los que trabaja Morena. Y entonces la protesta quedó tan sucia como el agua que sale cuando se abre el grifo en la zona metropolitana de Guadalajara.

Me parece que lo que ocurrió el pasado martes 15 de septiembre podría ser anecdótico si no fuera tan lamentable como burdo. Para empezar, creo que el estado gobernado por Pablo Lemus tiene demasiados temas prioritarios y urgentes como para que el gobernador decida tomarse una mañana para salir a pasear en bicicleta rodeado de su séquito de corifeos. Afortunadamente la agenda del mandamás jalisciense me tiene sin cuidado, así que no sé si se trataba de un paseo excepcional o es algo recurrente que el bronceado número uno del Occidente de México se tome una mañana para pedalear con cargo al erario. Como sea, lo único que demuestra Lemus Navarro es que tiene la piel muy delgada para la crítica, como la vez que no pudo hacer otra cosa que sonreír cínicamente cuando fue confrontado por La Señora de Verde. Eso, la falta de herramientas para lidiar con el disenso, me parece lamentable.

Por otra parte, me parece ofensivo que la oposición local se cuelgue de manera tan burda de un reclamo absolutamente legítimo, como es la exigencia de mejora del agua potable que se abastece en la zona metropolitana. Al comenzar a circular el presunto vínculo entre la persona que realizó el grito —identificado como Daniel Alejandro Temblador— con las empresas que han prestado servicios a Morena, se pudo desviar el foco de la discusión: de pronto se dejó de hablar del acto represivo, también del agua sucia, y la atención se centró en la historia del personaje en cuestión, las empresas en las que participa y los vínculos que tiene. No digo que esté mal que se cuestione todo eso, pero el tema importante quedó diluido, literalmente, en las aguas turbias de la especulación y el manoseo político.

Lo que hizo el círculo cercano del gobernador primero, ya la policía municipal de Guadalajara después, fue un acto de represión. Es importante no perderlo de vista. Como bien apuntó Gonzalo Oliveros en su programa de radio ayer, jueves, es poco probable que tanto unos como otros tuvieran tan presente a Daniel Temblador como para saber inmediatamente que su protesta era apócrifa. No: guaruras y policías reaccionaron haciendo lo que saben hacer de sobra: reprimieron una voz disidente que hacía un reclamo legítimo. (Ahora bien, si sí lo tenían identificado, también es lamentable su torpeza para lidiar con la crisis.) Infiltrado o no, pagado o espontáneo, lo que gritó Temblador el martes es un reclamo que se ha escuchado repetidamente a los largo de estos años: la exigencia de que Pablo Lemus se ponga a trabajar para atender las múltiples crisis que aquejan al estado y que, lejos de resolverse, se acumulan y empeoran —la de las personas desaparecidas, en primer lugar—, en lugar de andar haciendo sociales y tomándose fotos y organizando conciertos y haciendo de hostes de los mismos.

Sí: las y los jaliscienses se ponga a trabajar. Y sí: también queremos agua limpia. Los días se vuelven semanas y las semanas, meses, y el agua sigue saliendo apestosa y turbia, mientras el SIAPA sigue presumiendo sus placebos como si estuviera de verdad solucionando algo.

Lo ocurrido el martes sienta un pésimo precedente de cara al proceso electoral 2026-2027: casos como este lo único que propician es que cualquier crítica a la autoridad sea desacreditada bajo el argumento de que está manipulada. Así, el gobierno va adquiriendo carta abierta para actuar a discreción: si reprime a alguien, no faltará quien salga a justificar la medida con el argumento de que “se lo merece por chairo”.

Y mientras, la realidad nos sigue escupiendo agua sucia desde el grifo.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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