Feminismo negro, un lugar contra el racismo y la violencia de género

Ante los “no lugares” que las mujeres negras en Brasil ocupan, el feminismo negro, con su análisis interseccional, propone nuevos espacios para que ellas puedan hablar, escucharse y acogerse. Por eso,  Ynaê Lopes dos Santos, conferencista del “Congreso Internacional: Procesos de transición entre violencia y paz en América Latina” apuesta por este movimiento para crear sociedades más igualitarias, equitativas, justas y antirracistas.

A través de la resignificación de su identidad y de la visibilizarían de mujeres negras referentes y rebeldes a lo largo de la historia es como ellas podrán darle otra perspectiva a la “historia oficial”.

Por Ximena Torres / @ximena_tra

 Ynaê Lopes dos Santos, doctora en historia e investigadora de la esclavitud y otras cuestiones de personas afrodescendientes en Brasil, explicó a través de una perspectiva histórica, de género y antirracista, cómo el feminismo negro es un lugar para luchar por una sociedad más igualitaria, equitativa y justa con todas las razas.

Esto sucedió en la mesa de diálogo “Contrarrestando al racismo y a la violencia de género” que formó parte del “Congreso Internacional: Procesos de transición entre violencia y paz en América Latina” convocado por el Laboratorio de conocimiento de Visiones de Paz: transiciones entre la violencia y la paz en América Latina, que a su vez forma parte del Centro María Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS).

Ynaê Lopes explicó que este momento de la historia es sumamente importante para hablar de antirracismo, ya que la pandemia de la COVID-19 ha expuesto una serie de verdades sobre el carácter estructural del racismo y la violencia de género. En este momento, el mundo se encuentra en un abismo entre el reconocimiento del problema y los cambios sobre este.

Los datos e historias sobre la pandemia demuestran que la “víctima estándar” de COVID-19 en Brasil son los hombres negros y pobres. Y, por otro lado, el machismo y los femicidios parecen haber llegado a su punto más extremo hasta el ahora. Esto ha sumado, además, la sobrecarga del trabajo de cuidados para las mujeres, explica la historiadora.

¿Cuáles son las herramientas para enfrentar esa realidad? Ynaê Lopes apuesta por la interseccionalidad, una forma de análisis que permite entender las capas de violencia que afectan a las personas dependiendo de su género, raza, clase, orientación sexual y otros.

Lopes dos Santos aseguró que estas consideraciones son importantes porque las mujeres representan al sector de la población menos favorecido en Brasil: perciben los peores salarios, son más explotadas y sufren mayor discriminación. A ellas, no se les considera si quiera como un nicho de mercado. Es decir, no están representadas en ningún tipo de publicidad sobre productos para satisfacer sus deseos y necesidades.

“A través de un análisis de anuncios y campañas publicitarias, concluiríamos que las mujeres negras, independientemente de su clase social, no hacen supermercado, no se cuidan el cabello, no compran ropa ni coches, no comer margarina Doriana, no recibir regalos el día de la madre, etcétera” dijo Ynaê.

Es como si las mujeres negras no tuvieran un lugar porque no son plenamente contempladas ni el movimiento feminista, ni en el movimiento negro. Es precisamente frente a ese “no lugar” que el feminismo negro, con su análisis interseccional, se vuelve tan importante. Ha sido un territorio de pertenencia para que las afrodecendientas hablen, se escuchen y acojan, lo que por mucho tiempo les fue negado.

En los años más recientes las colectivas de mujeres negras se han trasladado hasta las redes sociales para denunciar el racismo y el sexismo que viven casi a diario. A través de los medios digitales se han encontrado entre ellas, desde diferentes partes del mundo y han creado nuevas formas de lucha.

La conferencista también apuntó que, como parte de las luchas ganadas en su feminismo, las mujeres negras ocupan cargos políticos en el gobierno de Brasil desde el año 2000 y que, a través de una serie de políticas públicas impulsadas por ellas, se hizo posible que un mayor número de mujeres y hombres negros en las universidades.

También se logró un proceso de reafirmación de la estética negra. Las colectivas enseñaron formas de cuidar el cabello rizado y ondulado a través de redes sociales, lo que representa un acto político en la medida que redefine sus identidades y autoestimas. Además, con la redefinición también se demostró que las mujeres negras sí podían ser consumidoras, pero también emprendedoras.

Regresar en la historia para visibilizar la resistencia y rebeldía

En su intervención, Ynaê Lopes dos Santos explicó que hay costumbres del Brasil colonial, que todavía dicen mucho sobre la condición femenina de aquel país. Entre ellas está, por ejemplo, la frase “mujer blanca para casarse, mulata para fornicar y negra para trabajar”.

El dicho es sumamente violento y expresa machismo y racismo al mismo tiempo por dos razones principales. Primero, porque muestra a las mujeres como si ellas no tuvieran ningún tipo de agencia sobre su vida y/o como si determinaran sus acciones en función de los demás. Y, en segundo lugar, porque hace una división entre mujeres como si la raza determinara los derechos de los que son sujetos y de los que no.

La discriminación contra las mujeres también está ligada a la pigmentación de rasgos fenotípicos, es decir, el colorismo. Eso significa, como expone el dicho del Brasil colonial, que cuanto más oscura es la piel de la persona negra, mayores son las posibilidades de discriminación.

Sin embargo, la investigadora aseguró que, a pesar de la situación de violencia y discriminación también es importante visibilizar la narrativa de resistencia y rebeldía que las mujeres negras han desarrollado a lo largo de la historia.

Ynaê recurrió a su especialización en historia para explicar distintos ejemplos. El primero de ellos es el mantenimiento de huertos propios por parte de muchos africanos esclavizados. Eso les permitió conseguir sus propios alimentos e, incluso, comercializarlos con la esperanza de ahorrar el dinero suficiente para comprar su libertad. Algunas de las mujeres lograron el cometido e hicieron la comida su arma de supervivencia e independencia.

La misma red de comercios dio paso a puntos de encuentro donde los y las esclavas convivían, realizaban sus servicios religiosos, bailaban, tenían encuentros románticos y hasta planeaban escapar. En esos espacios también nació la samba y algunos platillos representativos de Brasil. En resumen, resignificaron sus identidades.

La familia era otra agenda de lucha, pues ni las amenazas de separación pudieron evitar que los y las esclavas se casaran y tuvieran hijos. Con el fin de revivir el principio de familia extensa que muchas personas afrodescendientes mantenían en África, se construyó una red de “compadrios” tejidas por mujeres negras.

“Es crucial señalar el protagonismo de las mujeres negras en los movimientos más radicales en la lucha contra la esclavitud. Las fugas, la forma más frecuente de resistencia de los esclavos, eran a menudo llevadas a cabo por mujeres”, agregó Ynaê Lopes.

La formación de quilombos o comunidades de afrodescendientes libres, fue una de las estrategias más radicales que usaron las y los esclavos. Tereza de Benguela fue la líder de una de dichas colectividades y su historia fue reapropiada por el feminismo negro. Ahora, la fecha de su muerte, el 25 de julio se conmemora en Día Nacional de la Mujer Negra en Brasil.

Finalmente, Ynaê aseguró que la trayectoria de mujeres negras como Tereza de Benguela puede transformar las formas en las que se cuenta la historia de Brasil. Por años, las historias de mujeres fueron silenciadas en nombre de la “historia oficial” debido a racismo y sexismo. Hablar de ellas posibilita entender que, a pesar de discriminaciones y prejuicios, las mujeres negras siempre han sobrevivido y luchado por una sociedad más igualitaria.

En reacción a lo presentado por Lopes dos Santos, doctora en historia, Carmen Leticia Díaz, licenciada en relaciones internacionales, especialista en género y derechos humanos aseguró que esta realidad podía aplicarse también en el contexto mexicano, pues hay mujeres indígenas y afroamexicanas que no terminan por encontrar su lugar en el feminismo.

Aclaró que la intención de las mujeres feministas negras no es romper con los otros movimientos existes, sino tensionarlos, expandirlos y agrandarlos hasta que las preocupaciones de todas y todos quepan en ellos.

“El feminismo negro sí cambia la forma como se cuenta la historia de Brasil. ¿Cómo se contraría la historia de México desde esa misa perspectiva?” concluyó ella Carmen.

Por su parte las comentaristas del Laboratorio de conocimiento de Visiones de Paz: transiciones entre la violencia y la paz en América Latina se pronunciaron de acuerdo con la conferencista brasileña.

Natalia Quiceno, doctora en antropología social e investigadora de movilidad, memoria y comunidades negras en el Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia dijo que el racismo también se traduce en modelos de despojo, muerte y violencia disfrazados de desarrollo.

También explicó que frente a los prejuicios que encasillas a las mujeres negras como empleadas domésticas o trabajadoras sin remuneración, los espacios de encuentro y convivio son una apuesta económica y política para redefinir la identidad de sus cuerpos.

“Reinterpretar la historia, es invitación a pensar y hacer a la paz con herramientas feministas. Nos exige enriquecer referentes de mujeres” expresó la doctora Quiceno.

Finalmente, Daniela Célleri, investigadora de sociología sobre migración e Investigadora Asociada en el Departamento de Sociología de la Universidad Leibniz Hannover, aclaró que muchas de las mujeres afros e indígenas todavía no tienen acceso a herramientas para enfrentar la violencia que muchas veces se perpetua por sus propios familiares. Explicó que, esta es la razón por la cual hay que entender que el racismo y sexismo no es un fenómeno del pasado, sino de la actualidad.

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En el “Congreso Internacional: Procesos de transición entre violencia y paz en América Latina”  participaron ponentes originarios de México, Colombia, Costa Rica, Argentina, Guatemala, Alemania y más países, para reflexionar sobre las transiciones de paz en países Latinoamericanos. 

Este evento es organizado por el  Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS) entre otras instituciones colaboradoras.

Para más detalles del evento da click en la imagen.

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Ximena Torres
Ximena Torres
Estudiante de periodismo, fotógrafa y reportera feminista trabajando por hacer el periodismo en el que creo. Interesada en temas como justicia para las mujeres, salud, movilidad e interculturalidad. Ganadora del Premio Jalisco de Periodismo 2019.

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