Con una sonrisa…

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Ebrio del espíritu olímpico que a todos nos ha desbordado estos días, la semana pasada el gobernador Enrique Alfaro decidió ponerse el leotardo para romper todos sus récords y reventar el bravuconómetro cuando, en una rueda de prensa en Casa Jalisco, se sacó el cubrebocas para encarar al periodista Lauro Rodríguez y, destilando altanería, lo mandó a hacer su “trabajo como periodista” y “con una sonrisa en el rostro” lo conminó a no perder el tiempo. Luego, sin perder la ¿sonrisa?, volvió a arremeter contra el diario donde trabaja Rodríguez, NTR: “Dile a tu periódico que no pierda su tiempo, que estamos en paz y que pueden hacer lo que quieran, decir todas las mentiras que gusten”.

El episodio de la semana pasada es uno más de los exabruptos, cada vez más preocupantes, del gobernador contra los medios de comunicación —y en particular contra El Diario NTR, al que recién iniciada su administración calificó como “periodiquito” luego de que en sus páginas se documentaran los conflictos de interés en A Toda Máquina, el proyecto bandera del arranque de su administración. (Sobre los ataques a los medios, Jonathan Ávila publicó hace un par de días un puntual recuento de cómo Enrique Alfaro arremete cuando éstos osan cuestionar la buena marcha de ese territorio idílico, defendible y refundado que es la Nueva Jaliscia.

En esta ocasión, lo que detonó la ira del gobernador fueron los cuestionamientos sobre el gasto que se hizo del dinero que originalmente estaba destinado a combatir la pandemia de covid-19 y que terminó siendo usado para pagar facturas de comida y campañas publicitarias de la mentada campaña “Jalisco se defiende” —de la que, por cierto, jamás han dejado claro de qué se anda defendiendo Jalisco.

Lo más patético es que para armar su material el reportero echó mano de los datos publicados por el mismo gobierno del estado en sus sitios de transparencia, por lo que Enrique Alfaro tuvo que recurrir a la vieja confiable de la administración federal, esa que odia pero a la que tanto imita: dijo que él tenía otros datos. Esa convicción, la de saberse el poseedor de una verdad tan absoluta como incuestionable, fue la que le llevó a romper sus marcas de bravuconería, ganando la medalla de oro y ligando dos ridículos al hilo: apenas unos días antes el mandamás de la Nueva Jaliscia había sido el hazmerreír de todos cuando salió a decir que los nuevojaliscios debían acostumbrarse a coexistir con el coronavirus porque la OMS ya lo había declarado enfermedad endémica, sustentado sus dichos en lo que, se supo inmediatamente, es una cadena de WhatsApp —sí, de esas que mandan las tías junto con los memes de Piolín. Por si no fuera suficiente ridículo, llevaba la hojita impresa y la mostraba como Moisés bajando del Sinaí con las tablas de la ley.

Con un timing perfecto, luego de las pendejadas consecutivas del gobernador se anunció un brote de covid-19 en Casa Jalisco, del que ya no se supo nada más.

El caso es que la tercera ola de contagios está revolcando con todo a Enrique Alfaro, quien ahora tiene la mira puesta en el regreso presencial a clases. Como perseguido por la ley de Murphy, convertido en una especie de rey Midas de la pendejez que todo lo que toca se convierte en error, nada más anunciar que iba con todo el regreso presencial a clases la Universidad de Guadalajara salió a decir que nanays y que ellos van a arrancar el semestre en línea porque los contagios no paran. Despechado, el gobernador tuvo que ir a buscar consuelo con las universidades privadas. (Vaya fijación del gobernador de tomarse fotos con la gente sin guardar sana distancia…)

Mientras el mandatario influencer se pasea desnudo por el estado porque nadie se atreve a llevarle la contraria, los contagios siguen en aumento. Bien valdría la pena preguntarse qué va a pasar ahora que ya se gastó el dinero en otra cosa y el hospital Ángel Leaño volvió a su condición de elefante blanco. Porque sin importar los datos alegres del gobernador, la gente se sigue contagiando y los hospitales se siguen llenando.

Pero esas son cosas que parecen no opacar el brillo de la frente de Enrique Alfaro, que está decidido a dar la cara por Jalisco armado con una cadena de WhatsApp, un ejército de bots de Indatcom y videos de La Covacha donde se le puede ver, por supuesto, con una sonrisa en el rostro…

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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