Las rimas históricas y la lucha por la memoria

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Por Inés M. Michel / @inesmmichel 

El 8 de junio pasado, en este mismo medio, se publicó una columna de opinión titulada Pin pon, memoria y monumentos, autoría de Édgar Velasco. En la primera línea se hace énfasis en algo que, como lectora, me llamó bastante la atención, y que explico a continuación. 

Vamos por partes. En el marco del tercer aniversario por los hechos del 5 de junio de 2020, se colocó el Antimonumento 5J en la renombrada Plaza Imelda Virgen (Plaza de Armas, Guadalajara, Jalisco, México), y tres días después de este acontecimiento fue publicada la columna.

Édgar nos dice: “se cumplieron tres años del mal llamado ‘halconazo tapatío’, cuando elementos de la policía ministerial de la Fiscalía de Jalisco evitaron que se realizara una protesta en las inmediaciones de la calle 14…”.

He seguido desde tiempo atrás a La calle del Turco, el espacio de opinión que agrupa las columnas de Velasco y, por lo general, me agrada bastante su tono satírico, el humor negro que destila en sus participaciones y la manera en que contextualiza cada una de sus opiniones.

Esta vez, acudo por segunda ocasión a ZonaDocs (un texto de mi autoría se publicó hace tiempo con respecto al Halconazo precisamente), para contestar lo que considero es una lectura errada sobre las implicaciones de nombrar Halconazo tapatío a lo que ocurrió el 5 de junio y el porqué de mi postura, otra postura, respecto a la importancia de ligar los hechos presentes con el pasado siniestro que todo el tiempo resuena, de una manera o de otra, en el México de hoy.

Para entrar de lleno a mi opinión, me gustaría comentar algo antes de pasar al tema principal que quiero poner sobre la mesa y que da título a este texto: las rimas históricas que considero debemos identificar y nombrar. 

Resulta que, por decisiones de la vida, conozco a dos sobrevivientes de los hechos que menciona Édgar en Pin pon, memoria y monumentos. Ambas son mujeres, una es sobreviviente de la guerra sucia de los 70, emprendida por el Estado mexicano contra las disidencias estudiantiles y las guerrillas organizadas que pretendían caminar hacia un mundo distinto; otra es sobreviviente de la Matanza del Jueves de Corpus, quien hace muy poco me contó su historia y lo que tuvo que hacer para huir de los grupos paramilitares que les persiguieron por las calles el 10 de junio de 1971 con una especie de garrochas que lanzaban a los jóvenes para tirarlos al piso y detener su avance, logrando en muchos casos asestar fuertes golpes en articulaciones, espalda e incluso cabeza. 

Con ambas, en distintos momentos, he podido hablar del Halconazo tapatío, sin que ninguna me exprese que le parece inadecuado el término o mencione que es una falta de respeto a la memoria de las víctimas (término que detesto, por cierto, pero que uso por efectos prácticos). La primera de ellas, por otro lado, usa el término guerra sucia para referirse a los actos que hemos atestiguado desde algunas décadas atrás entre quienes pretenden hacer política de la forma más baja y ruin posible (un uso también cuestionado en la mencionada columna de Édgar). 

Es necesario hacer esta acotación, porque a veces nos indignamos en nombre de personas que no están pensando aquello que asumimos. Pero ese no es el tema central de mi postura. Vamos entonces a la idea que quiero plantear.

Lo que quiero colocar como línea principal de esta reflexión es el de las rimas, esas rimas históricas que he ido identificando y que ocurren tomándonos por sorpresa en ocasiones como la del 5 de junio. Pues otra afirmación común que encuentro muy molesta es aquella sobre que “la historia se repite”, dicha en infinidad de momentos, tantos que, en mi visión, ya está completamente desgastada e incluso descargada de sentido.

No creo que la historia se repita, simplemente porque es imposible que los hechos regresen de manera idéntica. Son siempre otros tiempos, otros actores, otros escenarios, incluso de un año para otro, mucho más tras una década, un siglo y todavía más entre milenios de diferencia.

¿Que sí creo que pasa? Que la historia continuamente rima, hace eco y refleja con terquedad aquello que nos configura en tanto humanos: la naturaleza bélica de nuestro ser, la crueldad hacia los semejantes y los contrarios, así como la violencia que hemos construido como sello de especie y que, en sus momentos más álgidos, no solo se vuelca contra individuos particulares, sino también contra quien la ejerce, en un perverso juego del que todas, todos, todes somos cómplices en tanto humanos.

Yo sí estoy convencida del término Halconazo tapatío, porque permite tender un puente con un hecho terrible que ocurrió cinco décadas atrás y que regresa (rimando, mas no repitiéndose), para recordarnos que el autoritarismo no se ha ido y que quizá lo único que detiene un tanto a los gobiernos represores es que ahora vemos lo que hacen en tiempo real, que tomamos las redes en aparente igualdad de circunstancias (nunca es del todo así), para denunciar los abusos, los atropellos, la violencia de Estado, las desapariciones forzadas…, en fin, las tropelías del Estado canalla (Derrida).

Es importante cómo nombramos, y no nos tiene que haber pasado exactamente lo mismo para recuperar un hecho represivo como el del 5 de junio, cuando gente desarmada fue atacada con violencia en las calles de la Zona Industrial, y nombrarlo en consonancia con un terrible suceso del pasado que resuena en el presente. ¿Acaso tendrían que haber muerto un centenar de personas para que entonces el caso fuera digno de nombrarse Halconazo? ¿Acaso no fue lo suficientemente grave el saber de cien jóvenes desaparecidos por la Fiscalía del Estado? (El cálculo, por cierto, es hecho a partir de los testimonios del grupo de sobrevivientes del 5 de junio agrupados en 5 de junio Memoria). ¿Acaso si el estado te desaparece y luego apareces (es decir, te aparecen), debido a la presión social, ya no reconoceremos la desaparición forzada que duró, en este caso, desde unas horas hasta poco más de un día?

No fue abuso de autoridad, Édgar. Eso tergiversa lo ocurrido, errando ahora al nombrar los hechos, posibilitando que también, en ese sentido, se perpetúe la impunidad. Lo que se vivió el 5 de junio fue desaparición forzada y tortura. Lo primero fue reconocido y acreditado incluso por la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco, omisa en tantas otras oportunidades.

Finalmente, quisiera cerrar apuntando las coincidencias, porque también las hay. Coincidimos en que son urgentes los ejercicios de memoria y en la legitimidad de la lucha por la memoria; con ellos podemos apuntalar no solamente el recuerdo, las remembranzas y la necesidad de nombrar la verdad, sino justamente una manera de caminar en colectivo hacia otra(s) realidad(es); a veces solo se alcanzan a dibujar en el horizonte esos mundos, mientras que, en muchas ocasiones (como esa tarde en la que se colocó el antimonumento) se materializan, entre esperanzas, sueños y lágrimas. 

Además, atinadamente se señaló en La calle del Turco que el Antimonumento 5J no fue colocado por “cualquier persona” (palabras de Alfaro); es cierto, fue instalado por, a la letra (de acuerdo con la descripción que reivindica el colectivo): sobrevivientes de desaparición forzada y tortura, quienes estuvieron acompañados de familias buscadoras. 

Y, por supuesto, no era un monumento, sino un antimonumento, que, en su esencia y origen, dista mucho de lo que lleva a la colocación de un monumento.

Nos ha costado, creo, pensar un mundo distinto, y no nos ayuda el que los poderosos se nieguen a soltar el timón del barco que naufraga, usando todo tipo de recursos para mantenerse en el poder. Pareciera que no lo harán pacíficamente; al mismo tiempo, desde mi lectura, la guerra ha sido el recurso masculino por excelencia; a veces (o muchas veces quizá) las mujeres han entrado a ella, orilladas y también motivadas por luchas dignas y legítimas. En lo personal, mi apuesta de transformación es a través del arte, la escritura y la memoria, en esa apuesta me he visto acompañada y también sobrepasada por los gestos de solidaridad, de apoyo, de indignación.

Es necesario apuntar que, precisamente antier, 20 de julio de 2023, se dio a conocer que el juez de distrito Javier Delgadillo Quijas falló a favor de los colectivos que interpusieron un recurso de amparo para que el antimonumento sea reinstalado. El juez otorgó la suspensión provisional, después de haberla negado en una ocasión anterior. El próximo 25 de julio, este mismo juez, tiene en sus manos el otorgar una suspensión definitiva, zanjando así el asunto del retiro que las autoridades promovieron a mitad de la noche, apenas unas pocas horas después de su colocación. 

Mientras llega la audiencia del martes 25 de julio, el gobierno está obligado a reinstalar la pieza, sin embargo, ha demorado en cumplir la orden, prolongando así las afectaciones a quienes luchan por su derecho a recordar y nombrar las graves violaciones a sus derechos humanos, sufridas hace tres años.

Que la memoria y la verdad prevalezcan, pues, parafraseando a V (V for Vendetta), la justicia lleva mucho tiempo ausente en nuestro país.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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