“Por el derecho a parir sin sufrir”

En la conferencia Redes holísticas de humanización del parto: intersecciones entre feminismo y espiritualidad organizada por el Departamento de Sociología del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara, la socióloga Leila Abdala habló sobre la humanización del parto y el empoderamiento de mujeres que cada vez son más conscientes de lo que viven durante este momento.

Para la investigadora son las mujeres, las organizaciones y los movimientos sociales los que han luchado para que se garantice el bienestar y el disfrute de las mujeres durante el parto, el cual debe verse como un proceso natural e íntimo.

Por Alondra Angel Rodriguez / @AlondraAngelRo

Para Leila Abdala, socióloga e investigadora, la humanización del parto y el nacimiento se encuentran de manera transversal entre lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en lo que exigen los movimientos sociales ligados al feminismo y el humanismo, pero también entre los saberes que tienen las parteras, dulas y usuarias, este entrecruce fue lo que creó la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN).

Esta red surge a finales del 2000 en Fortaleza, Brasil, en el marco del Congreso para la Humanización del Parto y Nacimiento, el cual se integró por un conjunto de redes nacionales, agrupaciones y personas que siguiendo las iniciativas sugeridas por la OMS:

“Ahí se propuso mejorar la vivencia del embarazo el parto y las formas de nacer, siendo uno de los objetivos de esta red permitir que los grupos y personas intercambien información e interactúen como parte de una campaña continental por la humanización del embarazo, parto y nacimiento”, comentó Leila.

Lo que consolidó la fundación del movimiento fue la Declaración de Fortaleza, pues para la socióloga ahí:

 “se estipuló que toda mujer tiene derecho a la atención prenatal adecuada y tener un papel protagónico en todos los aspectos de la atención, incluyendo su participación en la planificación, ejecución y evaluación”.

Además, remarca, se reconocieron los factores sociales, emocionales y psicológicos como aspectos fundamentales para comprender la manera de prestar una atención perinatal adecuada.

Asimismo, en esa Declaración se emitieron recomendaciones para el parto con la finalidad de mejorar la calidad de la atención, además se advirtieron otras consecuencias negativas acentuando el aspecto natural y saludable del parto y el nacimiento. Todos esto fue importante para la conferencia de 2000 donde se instituyó la noción de humanización y el nacimiento declarándolo como:

“el punto de partida de la vida, por ello son procesos que afectan al resto de la existencia humana, por lo que la humanización del parto constituye una necesidad urgente y la aplicación de la humanización en los cuidados que se proveen al comienzo de la vida humana será determinante para las sociedades futuras”, comentó Leila.

Las acciones por la humanización del parto y el nacimiento han sido una lucha contra el modelo de carácter hegemónico estudiado por Robbie Davis-Floyd, antropóloga americana que considera al parto como un evento patológico por presentar una organización jerárquica y estandarizada de los cuidados encabezada por el médico, pero también por considerar al cuerpo como una máquina y al paciente como un objeto.

Davis-Floyd, explica Leila Abdala, considera que determinadas prácticas rutinarias en todo el proceso de parto se les asocia un poder simbólico relativo a la mujer; entre estas están el rasurado pélvico asociado a la infantilización; la inmovilización en una silla de ruedas, la incapacidad el reposo en camilla para el trabajo de parto, el despojo de pertenencias y personas de confianza, el aislamiento, las episiotomías de rutina o las cesáreas, esto -precisa-: “inscribe a las mujeres en un orden social desigual”.

Leila Abdala resaltó que estas practicas se han declarados como ineficaces y perjudiciales para la salud física y psicológica de la mujer, por lo que se entiende que:

“las prácticas protocolares se ven por su eficacia simbólica más que por su efectividad clínica, pues forman parte de mecanismos a través de los cuales se propugna la aceptación de una estructura de relaciones de poder entre médicos y pacientes, y entre hombres y mujeres”. 

Y ahonda, la socióloga:

“Esta visión del parto como un acto médico y patológico desde el paradigma de la humanización implica que no se piensa el parto como un hecho subjetivo y social asociado a la sexualidad de la mujer y a su vida familiar” Se considera en este nuevo paradigma la modificación de las rutinas hospitalarias que son consideradas innecesarias o generadoras de riesgo y excesivamente intervencionistas ya que no permiten que la fisiología se desarrolle privando de salud a la mujer y a su bebé”.

Por ello,

“Humanizar el sistema de atención biomédico desde este marco significa evitar la medicalización y tecnificación del parto y nacimiento devolviéndole el protagonismo a la madre y a su hijo o a su hija en ese momento y a tratarlos como personas sujetas de derechos y no como meros cuerpos objetos”.

Para que este marco pueda concretarse, explicó la conferencista, hay múltiples retos y violencias a los cuales las mujeres y personas con capacidad para gestar tienen que enfrentarse; entre ellas, está la violencia obstétrica que vulneran a las mujeres su capacidad de autonomía y decisión sobre sus cuerpos y sexualidad, sin mencionar que en muchas ocasiones las mujeres no se percatan que lo que viven se trata de una vulneración de sus derechos.

Leila Abdala puntualizó que sería inadecuado homogeneizar los sentidos y prácticas que se dan en este imaginario global de referencia, por lo que el término humanizar:

 “es una categoría polisémica que refiere a múltiples sentidos usos y apropiaciones según los distintos actores y contextos en los cuales se enuncia en este sentido”.

Es por ello que desde su experiencia y trabajo, la investigadora argentina comentó el sentido que cobra el movimiento por la humanización del parto actualmente en su país; por ello, relató una experiencia que tuvo en 2019 al compartir en un taller de formación de dulas con perspectiva de género.

Ahí ella pudo notar la complicidad, paz y comodidad por todas las asistentes, escuchando testimonios de mujeres de todas las edades; con esa experiencia llegó a la conclusión de que este tipo de movimientos, espacios y encuentros intergeneracionales traen a la mesa una aceptación de este marco de humanización y de reconocimiento de las prácticas que implican el proceso de parto. 

Esta experiencia inspiró la participación de las asistentes a la conferencia:

“Yo soy de la generación que no pensábamos en la violencia que sufríamos en los partos que ni se nos ocurría cuestionar la autoridad del médico, yo recién en estos últimos años conversando con mi hija empecé a darme cuenta de la falta de información que tenía de lo poco protagonista que fui en mis partos y la confianza a ciega que tenían los médicos”, comentó una mujer de 65 años en el taller. 

Una asistente más compartió:

“Gracias a ustedes y a nuestras hijas estamos pudiendo hablar sobre nuestros partos y así los estamos sanando, a mí me costó mucho al principio acompañar a mi hija en la decisión de un parto en casa, tengo recuerdos muy angustiosos y borrosos sobre mis partos yo no quería que ella pase por lo mismo que yo, me costó entender que los partos pueden ser una experiencia que se viva en la intimidad y sin miedo”, comentó otra mujer de 65 años.

Gracias a estas experiencias e investigación Leila determinó lo siguiente:

“las biografías reproductivas de las mujeres cis y sus experiencias de maternidad están siendo reconfiguradas a partir de un contexto político signado por una fuerte bullición y popularización del movimiento feminista y de mujeres a nivel nacional”.

Además precisó que los procesos de tematización pública han generado condiciones para sentir, comprender y analizar las propias biografías reproductivas que antes no existían, razón por lo que la capacidad de sentido de las luchas colectivas se traduce en un plano experiencial y afectivo.

Por ello, es que que Leila Abdala concluyó que el movimiento por la humanización del parto en Argentina y varios países latinoamericanos deben inscribirse en el marco de la movilización de los activismos feministas y de políticas públicas en materia de salud sexual y no reproductiva 

Aspectos como normativas y políticas públicas en materia de derechos sexuales y no reproductivos, así como autonomía y soberanía sexual y reproductiva, la educación sexual integral, la reproducción médicamente asistida, la interrupción voluntaria del embarazo reglamentada, en enero del 2021 en Argentina, son aspectos que consideró que forman una revalorización de las maternidades elegidas o deseadas en el marco de este proceso más amplio.

Finalmente, la investigadora consideró que esta problematización y activismo le da protagonismo a las mujeres en paralelo con las legislaciones y políticas creadas, pero también en torno a un nuevo panorama de comprensión y apropiación del paradigma que le regresa a las mujeres su dignidad, autonomía y libertad de decidir sobre ellas y sus cuerpos: “podemos ser mujeres sin ser madres, podemos ser madres sin parir, pero también podemos parir sin sufrir”, recuperó Leila este mensaje del Encuentro Nacional de Mujeres en 2010.

***

La conferencia puede ser consultada en la pagina de Facebook: Oficial Difunde CUCSH. https://www.facebook.com/OficialDifundeCUCSH/videos/877534253936427?locale=es_LA 

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Alondra Angel
Alondra Angel
Soy estudiante de Comunicación Pública. Me gusta el color blanco, escuchar música y tomar café. Me encanta estar con mi familia. Creo que el periodismo es una manera de hacer algo frente a las problemáticas de hoy y las que tendrán un impacto en el futuro.

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