La violencia contra las infancias en América Latina y el Caribe continúa siendo una realidad cotidiana y persistente. De acuerdo con un informe reciente de UNICEF y la OPS, más del 60% de niñas y niños entre 0 y 14 años han experimentado violencia en sus hogares, mientras que homicidios, feminicidios, acoso escolar y nuevas formas de agresión digital siguen afectando de manera desproporcionada a niñas, niños y adolescentes en la región.
Por Elizabeth Vázquez / @maeliz_v
Más de 6 de cada 10 niñas y niños, entre 0 y 14 años, sufren de violencia durante el proceso de educación en sus hogares, estas cifras forman parte del informe “Violencia contra niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe: Nuevos datos y soluciones”, publicado en 2026 por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), advirtiendo que la violencia contra las infancias no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural con efectos que perduran durante toda la vida.
El documento parte de una premisa clara: cada niña, niño y adolescente tiene derecho a crecer sin miedo, sin violencia y sin negligencia. La realidad, por otra parte, muestra que las agresiones físicas, psicológicas, sexuales y digitales forman parte de la cotidianidad de millones de infancias en la región, dejando secuelas profundas en su salud mental, capacidad de aprendizaje y oportunidades de desarrollo.
Uno de los hallazgos más alarmantes es que, aunque entre 2018 y 2022 disminuyeron ligeramente los homicidios de varones de 15 a 17 años, los asesinatos de adolescentes mujeres en ese mismo rango de edad aumentaron entre 2021 y 2022. Además, el homicidio se mantiene como la principal causa de muerte entre adolescentes de 10 a 19 años, y el feminicidio continúa siendo una amenaza crítica: el 20.3% de las víctimas de feminicidio en la región son mujeres jóvenes de entre 15 y 29 años.
A esto se suma que la violencia no solo ocurre en espacios públicos o contextos de crimen organizado, sino que también sucede dentro de los hogares: Aproximadamente, el 46% de niñas y niños de la región sufren agresión psicológica, y el 38% castigo físico (disciplina violenta). Para las infancias con discapacidad, el riesgo es aún mayor: en la mitad de los países analizados, es más probable que reciban castigos físicos que quienes no tienen discapacidad.
También se advierten realidades menos visibles: niños y niñas de apenas 6, 7 o 10 años que son reclutados por pandillas como vigías, mensajeros de drogas o para transportar armas. Esta problemática tiene raíz en el entorno familiar y social al que se exponen las infancias, fruto de otros problemas sistemáticos, y perpetuando ciclos de violencia generacionales: Entre 2015 y 2022, alrededor de 10,500 niñas, niños y jóvenes de 0 a 19 años fueron detenidos o señalados como sospechosos de homicidio en la región, un dato que expone justamente cómo las infancias no sólo son víctimas, sino también absorbidas por entornos violentos.
La violencia de pareja también alcanza a las adolescentes: en la región andina, el 28% de las mujeres han sufrido este tipo de violencia, una cifra que supera el promedio mundial.
El informe también pone atención en los entornos escolares y digitales. Uno de cada cuatro estudiantes en la región sufre acoso escolar, mientras que en internet el panorama es igualmente preocupante. El ciberacoso, la explotación sexual y el uso de herramientas de inteligencia artificial para generar imágenes falsas (deepfakes) se han convertido en nuevas formas de violencia contra adolescentes: en Uruguay, por ejemplo, hasta el 61% de jóvenes reporta haber sufrido comportamientos ofensivos en línea.
Aunque el diagnóstico es grave, UNICEF subraya que existen respuestas comprobadas que ya están generando resultados positivos en distintos países de la región; hablamos de programas de interrupción de violencia comunitaria, como Cuna Más en Perú y ACT Raising Safe Kids en Brasil. Este tipo de iniciativas han disminuido la aceptación del castigo físico y mejorado la salud emocional en los hogares, mientras modelos de atención integral como los Centros de Defensa de la Niñez en Guyana permiten que víctimas de violencia reciban atención psicológica y justicia en un mismo espacio, evitando la revictimización sistemática de los procesos tradicionales.
El informe concluye con un llamado directo a los gobiernos de la región. UNICEF y la OPS insisten en la necesidad de prohibir el castigo físico en todos los entornos, especialmente en el hogar, y fortalecer las leyes contra la violencia digital y el feminicidio, mejorando la recolección de datos desagregados y capacitando a personal de primera línea con enfoques basados en el trauma y la empatía.
Además, subrayan un punto clave: las niñas, niños y adolescentes deben participar en el diseño de las soluciones que los afectan. La violencia contra las infancias, señala el documento, no es inevitable ni irresoluble; las experiencias en distintos países demuestran que, con políticas públicas adecuadas, inversión y voluntad institucional, es posible reducir de manera significativa los entornos de riesgo y garantizar el derecho fundamental de crecer sin miedo.
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Consulta aquí el informe completo:
https://www.unicef.org/lac/informes/violencia-ninas-ninos-adolescentes-america-latina-caribe-nuevos-datos-soluciones


