#HastaEncontrarles
Jaime Aguilar no tiene un familiar desaparecido, pero forma parte de un colectivo de búsqueda en Jalisco. Como voluntario, decidió adoptar el caso de Wendy, una mujer desaparecida en 2021, y convertir su ausencia en una responsabilidad compartida.
Por: Marco Aarón Flores Luna
Foto portada: Cortesía de Jaime Aguilar
-Yo como voluntario adopté a Wendy, el proceso fue sencillo, sólo hubo que pedir permiso a los familiares para portar su ficha y buscarla. Afortunadamente se dio-, así lo relata Jaime Aguilar, activista originario de Guadalajara e integrante del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco.
Wendy es una artista visual de 33 años que fue desaparecida el 9 de enero de 2021, en su trayecto de San Pancho, Nayarit, a Guadalajara, donde visitaba a su familia cada quince días. Desde entonces, su ausencia pesa. Para Jaime, adoptarla significa cargar su ficha, acompañar a la familia y mantener viva la promesa de que nadie deje de buscarla.
Para entender cómo alguien sin un familiar desaparecido decide integrarse a un colectivo de búsqueda, le pregunté por su infancia. Jaime creció en precariedad.
—Tengo recuerdos de esas Navidades donde no llegaban juguetes, llegaba una bolsita de dulces e íbamos a visitar a la familia, y mis primos sí tenían juguetes, mis hermanos y yo solamente íbamos a ver —contó.
Aunque la situación familiar mejoró con el tiempo, esos años marcaron su sensibilidad ante la desigualdad y el abandono.

Antes del activismo, su vida era rutinaria: hacía los quehaceres de su departamento, visitaba amigos y cumplía con su jornada laboral. El ciclismo apareció como un refugio emocional. Después de más de cuarenta años sin subirse a una bicicleta, descubrió en ella un modo de liberar la mente, moverse por la ciudad y reconectar consigo mismo. Aquellos trayectos se volvieron una forma de desahogo, casi terapéutico.
En esos trayectos, conoció Cuerpos Parlantes, un espacio para el encuentro y reflexión en torno a los feminismos. Ahí se integró a un colectivo de masculinidades llamado Dejar de Chingar, que marcó un antes y un después en su vida.
—Me ayudó a quitarme el machismo con el que crecí y a detectar violencias que ejerzo como vato hacia las mujeres. Entre ellos volví a nacer —refiere.
Empezó a involucrarse en manifestaciones por los 43 de Ayotzinapa, aunque su participación era limitada por su horario de trabajo. No fue hasta que se pensionó que pudo dedicarse de lleno al activismo.
En Dejar de Chingar analizaron la crisis de desaparición en Jalisco y notaron que la mayoría de los colectivos de búsqueda estaban integrados por mujeres.
—Nos preguntamos en dónde estamos los hombres, un desaparecido ni modo que no tenga padre, no tenga hermanos o amigos.
Y fue hasta la llegada de Madres Buscadoras de Sonora a Guadalajara cuando se realizan las primeras búsquedas en campo, y Jaime tiene su primer contacto con los colectivos de búsqueda.
—Quise ir a una búsqueda, para ver cómo es y considerar agregarme a un colectivo. Fue impactante. Sentí el amor y la fuerza de las personas que buscan a sus seres queridos y es lo que me ha mantenido aquí. Y fue así como se unió al colectivo.
Sin embargo, en 2024 él y otros miembros se separaron tras la alianza política de su líder, Cecilia Flores, con la candidata presidencial Xóchitl Gálvez. Así nació Guerreros Buscadores de Jalisco.
—El ser parte de varios colectivos me ha servido para ser ese enlace entre quienes tienen empatía con los desaparecidos y el colectivo.

—Al inicio, era parte del grupo de búsqueda, también estoy como encargado de las fosas que se van abriendo, participo en la pega de fichas de búsqueda y en el acompañamiento legal de los familiares de las personas desaparecidas.
—¿Qué significa para ti acompañar el dolor de otros? —pregunté —es algo por lo que yo lucho y quiero que se extendiera, que sientan que sí hay empatía por parte de las personas que no tienen un familiar desaparecido, que sí hay gente interesada en ayudarles —contestó.
Todos los colectivos de búsqueda tienen una playera con el logo y una foto del familiar desaparecido, pero Jaime al ser voluntario se sentía fuera de lugar porque no tenía a nadie que buscar, no recuerda de donde salió la idea, pero decidió adoptar a una persona desaparecida.
—Conocí el caso por redes sociales, por las marchas y por las actividades que se hacían, que fueron novedosas. Me atrajo mucho esa esa gran variedad de actividades que movilizó a las personas y que nos unió a Wendy —relata Jaime. Me cuenta que el proceso fue relativamente sencillo, solo tuvo que pedir autorización y empezar a buscar.

Con la voz rota y lágrimas en los ojos le recuerda a Wendy que aún no la olvidan y la siguen buscando.
Su trayectoria como activista le ha dejado aprendizajes invaluables, como cuidar de sí mismo, el saber regularse emocionalmente, no estancarse en lo que vive cotidianamente porque eso lo puede desarmar. Y le demostró que es capaz de construir un mundo diferente.
—Mucha gente me pregunta, si no hubieras entrado al activismo, ¿cómo sería Jaime ahora?, y rápido pienso en un señor aburrido, sentado viendo una televisión renegando, criticando sin hacer nada, viendo fútbol, que llena su vida con banalidades.
Hoy, cada vez que Jaime sale a una búsqueda, porta la ficha de Wendy en su pecho como un corazón prestado. No sabe si algún día la encontrará, pero sigue en pie por ella, por su familia y por todas las personas que aún esperan regresar a casa. Al final, buscar es una forma de no dejar morir la esperanza, aunque no sea tu propia sangre la que se perdió.
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Esta entrevista fue elaborada en el marco del Laboratorio de Información, el cual es parte del proceso formativo de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO.


