#ZonaDeOpinión
Por Anashely Elizondo / @Anashely_Elizondo
Nadie te dice nunca lo complicado que es ver a tus amigxs cuando tienes más de 20 años. El espacio y el tiempo ahora juegan un papel fundamental y la sincronía, el acordar y esperar se convierten también en nuevos miembros del grupo de amigxs.
“¿Cuándo tienes libre?” “¿Podemos vernos en algún lugar cercano?” “Sé que todos los días nos mandamos Tik Toks pero te extraño” “Entiendo que es un mes duro en el trabajo” “La verdad yo tampoco tengo mucho tiempo” “¿En un mes podríamos agendarlo?” se convierten en cuestionamientos y mensajes normales, nos hemos acostumbrado ya a la distancia y a la espera como un acto de amor sincero y esmero constante.
Qué feo te golpea la vida cuando te das cuenta que ya no tienes 18 o 19 años, que la universidad o el bar de la esquina ya no son el punto de encuentro recurrente, si no un espacio lleno de nostalgia compartida, empañada con algunos esbozos de tristeza y melancolía. Qué triste pensar que el capitalismo nos ha convertido en personas más aburridas, o si no aburridas, más cansadas, con menos energía pero con las mismas ganas.
En mis viejos amigxs todavía encuentro consuelo. En sus sueños de más juventud también puedo ver los míos, como un espejo, me recuerdan todo lo que en aquellos tiempo anhelaba. Me recuerdan cómo me sentía, lo que quería, cómo lo perseguía. Me hacen darme cuenta de que todo aquello sigue aquí dentro todavía.
Nadie te dice lo difícil que es organizar un grupo de cinco adultos jóvenes para poder verse. Nadie habla sobre cómo algunos de ellxs se mudararán, buscarán sus propias motivaciones en un lugar lejano. Pocos hablan sobre lo que es extrañarles, crecer sin ellxs después de haber compartido todo pero el amor también es ver cambiar al otro, despedirse y reencontrarse, esperar y esperar, sabiendo que, con un poco de suerte y ganas, mañana nos volveremos a reír igual que cuando teníamos 19 años.



