Por Redacción / @Somoselmedio
En semanas recientes, el término Therians comenzó a circular con fuerza en redes sociales mexicanas entre burlas, desinformación y comentarios alarmistas. Videos de adolescentes usando accesorios como colas o máscaras de animales fueron presentados como prueba de una supuesta “confusión identitaria” o incluso como amenaza al orden escolar.
Sin embargo, el fenómeno tiene una historia digital de más de tres décadas y, lejos de tratarse de una organización estructurada o de una agenda política formal, se trata de comunidades en línea donde algunas personas —principalmente jóvenes— expresan una identificación simbólica o espiritual con una especie animal.
La conversación pública se intensificó luego de que en redes sociales comenzara a difundirse una invitación a un encuentro en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Convocatoria en Ciudad Universitaria
En plataformas digitales circula el siguiente mensaje:
“Este 20 de febrero nos reunimos en CU para compartir, convivir y expresar nuestra esencia therian 🐾✨
📍 2:00 PM – Las Islas
🏃♂️ 3:00 PM – Carrera en el Anexo de Ingeniería
Ven con respeto, mente abierta y espíritu libre 🌱
Será un espacio seguro para conectar y disfrutar en comunidad.”

Hasta el momento, no existe información oficial de autoridades universitarias que confirme que se trate de un evento institucional. La convocatoria parece surgir de usuarios particulares en redes sociales.
Especialistas en cultura digital señalan que este tipo de encuentros presenciales son comunes en comunidades nacidas en internet, desde colectivos de cosplay hasta grupos de aficionados a videojuegos o música alternativa.
¿Qué significa ser Therian?
El término proviene del griego therion (bestia). Surgió en foros en línea en la década de 1990 vinculados a la therianthropy, palabra que describe la identificación —no biológica sino simbólica o espiritual— con un animal.
No existe reconocimiento clínico del fenómeno como trastorno mental. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) de la American Psychiatric Association no contempla la identidad therian como categoría psiquiátrica.
Tampoco implica necesariamente que la persona crea poseer un cuerpo animal. En la mayoría de los casos documentados, se trata de una experiencia identitaria narrada como conexión interior.
Estas comunidades crecieron al margen de instituciones, como parte de lo que el sociólogo Manuel Castells denominó “identidades en red”: formas de pertenencia que se construyen horizontalmente en espacios digitales.
En los años 2000, los foros migraron a Tumblr y Reddit. En la década de 2020, TikTok amplificó fragmentos visuales del fenómeno, favoreciendo lecturas simplificadas. El algoritmo privilegia lo llamativo, no lo contextualizado.
Diferencia con el movimiento furry
La confusión mediática ha mezclado el fenómeno con el fandom furry.
El fandom furry es una subcultura artística centrada en personajes animales antropomórficos. Ha sido estudiado durante años por el International Anthropomorphic Research Project (IARP), cuyos estudios no lo clasifican como trastorno psicológico.
Los Therians no se definen por la estética ni por la ficción, sino por una identificación interna con una especie animal.
Pánico moral y reacción social
La reacción pública ante la convocatoria en CU recuerda lo que el sociólogo Stanley Cohen denominó “pánico moral”: episodios donde un fenómeno juvenil minoritario es amplificado como amenaza colectiva.
Históricamente, expresiones juveniles —desde los punks hasta los emos— han sido objeto de estigmatización antes de ser comprendidas.
En el caso actual, no existen datos que indiquen un movimiento masivo ni demandas de reconocimiento jurídico. Se trata, hasta donde se puede documentar, de encuentros comunitarios organizados por usuarios en redes.
Desde una perspectiva jurídica, la reunión pacífica en espacios públicos está protegida por el artículo 9 de la Constitución mexicana, siempre que no se afecte el orden público.
Asimismo, la Convención sobre los Derechos del Niño protege la libertad de expresión e identidad. El debate debería centrarse en la convivencia y la prevención del acoso, no en la desinformación.


