El horror a través de una ventana a 500 kilómetros de distancia

Lo que ocurrió en Jalisco no empezó con los bloqueos ni terminó con el anuncio de la muerte de un capo. Es la expresión más visible de una violencia que lleva años normalizándose entre corridos, omisiones oficiales y advertencias ignoradas. Este domingo, a quinientos kilómetros de distancia, las redes sociales confirmaron que el monstruo no es un hombre: es una estructura que aprendimos a mirar sin ver.

Por Héctor Guerrero / @mexhector

Foto portada: Israel Rodríguez Navarro / @israel.rodriguezn (IG)

El sábado fue un día caluroso en Ciudad de México, un sol intenso, la gente caminaba con ropa corta y las piscinas de los altos edificios se llenaron de visitantes.

El domingo, la capital mexicana despertó bajo un cielo a escala de grises y con una ventisca. Parecía que la ciudad de ayer se había esfumado. El domingo era una ciudad triste.

Me encontraba en una cafetería —ese espacio liminal donde uno paga por el privilegio de estar solo rodeado de gente— tratando de procesar la jornada matutina cuando el algoritmo de X decidió que mi desayuno necesitaba una dosis de horror geopolítico.

Empezó con Tapalpa. Un nombre que evoca cabañas, chimeneas y ese tipo de descanso burgués que requiere de madera y neblina. Pero en cuestión de minutos, el mapa se expandió como una mancha de aceite: Zapopan, Guadalajara, Puerto Vallarta. El léxico local, siempre tan creativo para la tragedia, arrojó el término narcobloqueo. Es una palabra mexicana que describe el momento exacto en que la infraestructura civil se convierte en barricada criminal. Hace 10 años, conocí ese término en primera persona.

El 1 de mayo de 2015, el Estado intentó —con una torpeza que roza lo cinematográfico— capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Lo que obtuvieron no fue un detenido, sino una demostración de soberanía alternativa: un helicóptero Cougar derribado y un capo que, al escapar, dejó de ser un hombre para convertirse en una leyenda del crimen.

De que aquel día el capo sí fue detenido, pero que el “poder de fuego” se transformó instantáneamente en “poder de negociación”. El monstruo no solo dispara; también firma cheques y redacta acuerdos en oficinas de gobierno.

Desde mi ventana en la capital, el cielo gris funcionaba como una extensión de las imágenes que emanaban de mi teléfono. Es una experiencia fragmentada: Una panorámica de Puerto Vallarta donde el humo de los buses quemados compite con el azul del Pacífico. Venían a mi mente todas esas imágenes de hace diez años, la ansiedad de estar ahí sin estar, de no poder estar. Es horrible no poder compartir con los tuyos el horror, verlo a la distancia con la misma impotencia de quien está en el mismo espacio geográfico y tampoco puede hacer nada.

Lo estaba viendo de nuevo, a través de la pantalla de mi teléfono. Los autos en llamas, la gente corriendo, el pánico; a lo lejos era una zona de guerra.

Lo más perturbador era leer los mensajes que llegan de la gente que está en la primera línea sin haberlo pedido. Nuestros amigos, nuestros hijos, nuestras parejas, nuestros hermanos y hermanas, nuestros padres, que hoy se levantaron para pasear, para desayunar, para andar en bicicleta, para ir a un mercado como lo hacen cada domingo. Nadie les avisó que su ciudad hoy no era suya. Desde hace años no les pertenece. Nuestros jóvenes, que hoy tenían planeado ir a comer una hamburguesa, están asustados en sus casas, compartiendo imágenes de farmacias incendiadas, con textos que dicen: “Esto es por mi casa”. Otra vez, el miedo, el miedo circulando a toda prisa por las calles de Guadalajara.

Las imágenes de los policías atrincherados, en la avenida La Paz, calan como el frío; como entender puedes creer que lo que debería ser un paseo dominical hoy fue una zona de combate urbano.

La ciudad completamente sola, abandonada a su mala suerte…

¿En qué momento la perdimos?

¿Cuánto tiempo más la dosis de indiferencia que nos compramos como vacuna de la realidad nos va a seguir protegiendo?

Cada tanto, desde el lugar más inepto que existe en una oficina, llega algún mensaje de la autoridad, para informar lo que todo el mundo sabe, lo que todo el mundo está viviendo. “No hay transporte público, estamos en código rojo, estamos trabajando en una mesa de seguridad”.

Los periodistas de Jalisco llevan años describiendo este día, diciéndole a la sociedad que vivimos al lado de una bestia que solo está dormida porque nadie le ha hecho ruido. Los colectivos de familiares buscadores le han mostrado al gobierno y a la sociedad jalisciense el lado oscuro que se encuentra bajo sus pies; nadie les ha escuchado.

Hace unos meses, la famosa fotografía con el rostro de Nemesio Oseguera se proyectaba en las pantallas del auditorio Telmex en Zapopan; en lo alto del escenario, una banda tocaba un corrido exaltando sus hazañas; abajo, una mujer rubia levantaba su vaso y gritaba a todo pulmón; la concurrencia aplaudía y celebraba, un festín que enloquece con la violencia. Unos días atrás se habían abierto las puertas del rancho Izaguirre en Teuchitlán; la arqueología del horror aún no se borraba, pero en Zapopan todo mundo aplaudía y cantaba.

Hoy dicen que el monstruo ha muerto. Lo dicen con la misma ligereza con la que el cielo cambió de azul a gris en menos de veinticuatro horas afuera de mi ventana. Pero lo que nadie se atreve a articular —porque requeriría un nivel de honestidad que el sistema político no puede procesar— es que el monstruo hace mucho que dejó de ser una persona. Es una estructura, un clima, una forma de entender la propiedad privada y la vida ajena.

Las autoridades pensaron que podían domesticar a la bestia sentándose a su mesa. Lo que no entendieron es que, en esa cena, ellos no eran los comensales, sino el plato principal. Ahora, mientras Jalisco se observa a través de una humareda que no deja ver el mañana, la única certeza es que el futuro, al igual que el cielo de este domingo, será en escala de grises.

***
Aquí un reportaje para entender que el vórtice de la violencia en Jalisco, no arrancó este 22 de febrero de 2026, sino que viene desde aquel lejano 1 de mayo de 2015:

Jalisco 1/M

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