El Gran Israel: ambición geopolítica y delirio religioso

Oveja Negra

Por Saúl Sánchez López

La creación de un estado judío jamás fue concebida como un fin en sí mismo, sino como el comienzo de un proyecto irredentista a gran escala. En el imaginario sionista, el Gran Israel, es decir, la expansión territorial del Nilo hasta el Éufrates según la Torá (lo que vendría a ser gran parte de Oriente Próximo), es el objetivo utópico hacia el que el estado israelí ha venido avanzando, lenta, pero irrefrenablemente.

El ataque artero perpetrado conjuntamente por Israel y Estados Unidos contra Irán no tiene ninguna otra explicación si no es en esta lógica de una gran estrategia. En geopolítica, una “gran estrategia” (grand strategy) es mucho más que un plan general, amplio o ambicioso; se trata de un proyecto a muy largo plazo que implica un conjunto de acciones y pautas a seguir a través del tiempo para garantizar la seguridad y prosperidad de un estado, lo que incluye especialmente inclinar el balance de poder a su favor frente a estados rivales. La intentona por derrocar al régimen iraní, establecido desde la Revolución Islámica de 1979, busca establecer definitivamente a Israel como la hegemonía indiscutible de la región, lo que contribuye también al dominio mundial de los EE. UU. y, por ende, del bloque occidental en su conjunto, en donde también entran aliados que no son geográficamente occidentales, pero que están occidentalizados y le son leales a occidente, como Japón, Corea del Sur y el propio Israel

Todo es parte de un mismo plan que ha pasado por desestabilizar a todos los países de la región que no se sometan a los EE. UU. (Irak, Afganistán, Siria…), valiéndose para ello de cualquier pretexto: armas de destrucción masiva, lucha contra el terrorismo, democracia, libertad, o ahora el nuevo hit, la prevención de una supuesta bomba atómica. Respetando en cambio a sus aliados/vasallos del Golfo Pérsico, las llamadas “petromonarquías”, en donde los Estados Unidos tienen o mejor dicho tenían sendas bases militares.  Misma estrategia de guerra proxy detonada en Ucrania para debilitar a Rusia, y próximamente en los mares de China oriental y meridional, a través de múltiples aliados, bases y tratados militares con que cuenta Estados Unidos en toda la zona Asia-Pacífico.

La diferencia del conflicto con Irán es que hay un inquietante trasfondo religioso que lo vuelve todavía más perturbador. Ha habido reportes de soldados estadounidenses afirmando que sus superiores les han dicho que Estados Unidos está librando una “guerra santa” y que el conflicto es parte del plan divino de Dios; otros, que la guerra contra Irán tiene como propósito detonar el Apocalipsis a fin de propiciar la segunda venida de Jesús (!). Hay que señalar que el “aceleracionismo” es un pensamiento típico y muy enraizado en la extrema derecha estadounidense. Recientemente, Donald Trump fue grabado en la oficinal oval participando de un rezo colectivo de un grupo de pastores evangélicos quienes pedían a Dios por él y por los soldados luchando en la guerra. Además, altos mandos estadounidenses e israelís han planteado públicamente el conflicto en términos de una guerra religiosa. Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, declaró en entrevista para Tucker Carlson que estaría bien si Israel tomara todo el Medio Oriente porque esa tierra le fue dada por Dios en la Biblia. Netanyahu también aludió a la Torá al comparar a Irán con los amalequitas, un antiguo enemigo bíblico de los judíos, a quienes Dios ordenó matar a cada hombre, mujer, niño y animal que les atacara. 

Como si la relación entre Estados Unidos e Israel no fuera de suyo extrañísima, ahora se suma un componente propiamente judeocristiano. A diferencia de otros analistas, mucho me temo que esto va más allá de la simple propaganda de guerra. Creo que los tomadores de decisiones realmente están imbuidos en este paradigma de teología geopolítica. Además de una grosera legitimación religiosa, esta narrativa del fin de los tiempos, de la lucha del bien contra el mal, etcétera, forma parte de la ideología de diferentes lobbies poderosos en ambos lados del mundo, tanto del sionismo a secas, como del llamado “cristianismo sionista”, como Israel 365 o Christians United for Israel.

No dejo de pensar cómo alguien en sus cinco sentidos puede creer que bombardear una escuela de niñas fomentará el regreso de Jesús, a no ser que fuera por coraje. Tan incongruente como un estado judío que en la práctica aplica la doctrina del lebensraum. Estados Unidos está otra vez en guerra, Israel quiere expandirse de nuevo… y Dios no los apoya (tal vez Satanás). ¡Malditos sean aquellos que causan muerte y destrucción en nombre de la fe!

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Saúl Sánchez
Saúl Sánchez
Saúl Sánchez López es psicólogo social, especialista en psicología política. Actualmente se desempeña como profesor-investigador en la Universidad de Guanajuato. Colabora como articulista y analista en diversos medios de comunicación a nivel nacional e internacional. Subversiva por naturaleza, Oveja negra está pensada para superar el instinto gregario con una escritura honesta y sin miedo a disentir.

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