De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 69.8% de los hogares cuenta con algún tipo de mascota, sumando un total de 80 millones de mascotas en nuestro país. Aún así, siete de cada 10 mascotas en México sufren maltrato; por ello, es que la activista Adriana Buenrostro impulsa la iniciativa conocida como Ley Pay de Limón, que busca sancionar con penas de dos años o más de cárcel a quien cometa “crueldad animal”.
Por Elizabeth Vázquez / @maeliz_v
Adriana Buenrostro tenía 10 años cuando decidió organizar su primera protesta política: se trató de una denuncia pública para evitar que cortaran una arboleada en Ciudad Guzmán.
“Yo conocí a esos árboles desde muy pequeños, porque iba a hacer senderismo con mi abuelo materno. Estaba el árbol, la mamá, y fueron cayendo semillitas, entonces se fue haciendo como una filita de árboles. Esa filita de árboles estorbaba, porque iban a hacer el primer centro deportivo de Ciudad Guzmán. Yo decía ‘es que no, no los pueden cortar, están juntos y les costó mucho trabajo crecer’. A veces yo hasta les ponía palitos para que crecieran derechos”, menciona Adriana, rememorando el motivo que la impulsó a reunir a su hermana y a dos amigas más para hacer pancartas y salir a la calle.
“No, al corte de los árboles, respeta la naturaleza”, fue la consigna que clamaba el grupo de cuatro niñas encabezado por la activista, que no cargaba con más que un pepcilindro de Looney Tunes. Finalmente, el entonces presidente municipal decidió recibirlas para discutir sus exigencias: “Le expliqué que no los podían cortar porque habían crecido juntos; que la tierra es de todos y que debemos respetar a la naturaleza, que los árboles nos dan oxígeno, y no sé qué”.
Finalmente, el presidente municipal les entregó un gafete enmicado a cada una con un nombre, que las reconocía como el grupo Ayudando a la Naturaleza. Durante el encuentro se tomaron fotografías y la historia circuló en los periódicos locales, vendiendo la narrativa de una autoridad sensible que estaba dispuesta a evitar la tala de dichos árboles a toda cosa; sin embargo, no mucho después, la construcción siguió acorde a lo planeado y la arboleada fue cortada. “Ese fue mi primer encuentro político, donde me di cuenta de que los políticos tienen poder. El poder de ignorarte, o de hacerte caso”.
Actualmente, Adriana Buenrostro es una politóloga y activista dedicada al diseño e impulso de políticas públicas en favor de los animales; su trabajo se centra en la articulación con legisladores de distintos partidos para impulsar reformas dentro del Congreso. A lo largo de su trayectoria ha participado en la construcción de agendas legislativas como la llamada Ley Mincho: “Ley Mincho es uno de mis mayores logros. Consiste en la prohibición del uso de mamíferos marinos en espectáculos y la prohibición de la reproducción de mamíferos marinos para ser explotados comercialmente”.
Su pasión por la defensa de los derechos de animales, plantas y personas tiene raíz en su historia personal, pues la infancia de Adriana estuvo marcada por una relación cercana y cotidiana con la naturaleza. Creció en Ciudad Guzmán, en una casa grande y alejada de lo urbano, junto a sus dos madres: María y Hermelinda, hermanas que tenían 73 y 77 años cuando Adriana llegó a su vida. Bajo su cuidado Adriana aprendió a mirar a los seres vivos no como objetos, sino como individuos con vida e historia:
“yo siempre he tenido mucha conexión con la naturaleza y eso lo aprendí de mi pan dulce, de mi mamá María. Ella era la que cuidaba y les hablaba a las plantas. Teníamos una casa enorme y solo estábamos nosotras tres: mi mamá María, mi mamá Hermelinda y yo. Y nuestra manera de entretenernos era atendiendo la casa, cuidando la casa, atendiendo a los animales, cuidando a las plantas y la huerta. De repente era de ‘vamos a plantar a fulanito’, y era un árbol con un nombre. Y me explicaban que fulanito nos iba a dar esto y lo otro. Entonces yo sabía que fulanito tenía una historia de vida, y yo había visto cuando lo sembraron”.

A esto se suman las caminatas nocturnas con su abuelo materno, quien la llevaba a hacer senderismo de madrugada, experiencia que reforzó su vínculo con el entorno natural desde muy temprana edad.
Sin embargo, este capítulo de su vida también estuvo atravesado por la violencia familiar, y una serie de experiencias que marcarían su crecimiento.
“Yo empecé a hacer activismo por los animales tratando de defenderme a mí misma, de protegerme a mí misma, y de proteger a mi madre de la violencia profunda que vivíamos de parte de mi progenitor. Los animales eran los que sufrían la mayor parte de la violencia de esta persona: la violencia que viví con mi padre era de todo tipo, pero la preferida de él era regalarnos animales, que nos encariñáramos y, por cualquier cosa, su castigo era matar a los animales delante de nosotros de las maneras más brutales y crueles que se puedan imaginar. Allí fue donde empecé a hacer mi activismo”.
Cuando Adriana tenía ocho años, su progenitor asesinó a un perro frente a ella en un episodio de violencia doméstica: aún sin comprender del todo el funcionamiento del sistema judicial, ella lo tomó en brazos y salió corriendo de su domicilio hacia el ministerio público de su ciudad. Creyó que eso sería evidencia suficiente para poder denunciar y procesar a su padre, culpable del delito:
“Estaba segura de que tenía una evidencia para poderlo meter a la cárcel, porque siempre que se le llamaba a la policía por una un tema de violencia doméstica, él se ponía de acuerdo con los policías y les decía cosas como ‘ya ves, son cosas que pasan en la familia’. Pero ese día yo llevaba la evidencia de lo violento que era ese hombre en las manos. Y cuando llegó al Ministerio Público, se rieron de mí y me dijeron que no pasaba nada, porque era un animal. Que lo mató, pero que nada más era un animal y no pasaba nada. Que no lo podían meter a la cárcel por eso. Me dijeron que me portara bien y que no hiciera enojar tanto a mi papá. Allí me di cuenta que tenía que haber leyes que protegieran a los animales”.
Desde entonces, Adriana ha participado y dirigido iniciativas que han logrado que 32 estados en la República tipifiquen el delito de maltrato y crueldad animal, incluyendo Jalisco, donde vive su progenitor: “toda la historia va de esta niña que intenta tipificar el delito y que se reconozca el delito. Y cuando se logró en Jalisco, a él lo llamé y le dije ‘ahora sí, en cuanto me entere de que sigues haciendo estas cosas, te meto a la cárcel’”.
Gracias a estas mismas iniciativas, estas 32 entidades en la República también consideran a los animales como seres sintientes: “Hicimos que, en 2018, el expresidente Andrés Manuel López Obrador nos firmara un compromiso por los animales y después de mucho insistir, se logra que se reconozcan como seres sintientes a nivel legal”.
Actualmente, Adriana aboga por la Ley Pay de Limón:
“Se llama ley pay de limón, porque pay de limón es un perrito que fue torturado por un cártel criminal y le fueron cortando dedito por dedito para desensibilizar a los que estaban preparando para sicarios”. Esta iniciativa de ley fue presentada en el Senado de México en octubre de 2025, después de que Pay de Limón fuera rescatado por la organización Milagros Caninos: la propuesta busca promover una protección integral hacia los animales al tipificar el maltrato animal como delito grave a nivel federal. La activista considera que este tipo de violencia no es aislada, sino estructural: “Estoy segura de que la violencia hacia los animales está ligada totalmente hacia la violencia entre seres humanos, y que viene escalonada, ¿no? Del hombre a la mujer, a los niños, a los animales”.
“Podemos contribuir en contra de la violencia en el día a día no siendo violentos. Entendiendo la violencia y nombrando la violencia como lo que es. No callando y no guardando silencio. No decir no es para tanto: No ser violentos de ninguna forma hacia otras personas, hacia otros seres vivos, y entendiendo que los animales, la naturaleza, y nuestro entorno… somos un todo. Somos solo un guijarro en este gran universo y nos tenemos solo entre nosotros. Sólo entendiendo esto podemos luchar en contra de la violencia”.
que busca sancionar con penas de dos años o más de cárcel a quien cometa “crueldad animal”.


