Por Mario Marlo / @Mariomarlo
Somoselmedio nació en abril de 2012 cuando la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) estaba en huelga y los medios tradicionales no lo cubrían, o lo cubrían desde el lugar equivocado: le daban la voz a las autoridades universitarias y al gobierno de la ciudad, no a la comunidad estudiantil que había tomado la decisión de parar. La huelga existía, pero en la cobertura dominante casi no existía, o existía deformada.
Lo fundamos estudiantes con el apoyo de varios profesores de la UACM. Desde el principio fue también eso: un lugar donde quienes estudiábamos Comunicación y Cultura pudiéramos hacer periodismo de verdad, publicar, construir experiencia y comenzar una trayectoria profesional sin esperar a que un medio grande nos contratara. En catorce años, cientos de personas han pasado por el proyecto y han dejado en él su tiempo, su oficio y su mirada.
Lo que no anticipamos del todo, aunque lo intuíamos, es que la lógica que nos había llevado a cubrir la huelga aplicaba a casi todo lo que pasaba en el país. Los medios tradicionales tenían líneas editoriales que sistemáticamente dejaban fuera las luchas de los pueblos indígenas, los feminicidios, las personas desaparecidas, la protesta social, los conflictos territoriales. No era descuido ni falta de recursos: era una decisión política sobre qué vidas y qué luchas merecían ser contadas. Nosotros tomamos la decisión contraria.
Catorce años después, esa decisión sigue siendo la misma. Lo que ha cambiado es todo lo demás.
Artículo 19 ha documentado, desde el año 2000 hasta hoy, 176 asesinatos de periodistas en México en posible relación con su labor. El caso más reciente es Carlos Leonardo Ramírez Castro, asesinado el 8 de enero de 2026 en Veracruz —el estado con el mayor registro acumulado del país, con 31 periodistas muertos. Ese número, 176, puede leerse como estadística. Puede también leerse como lo que es: un periodista cada cincuenta y dos días, en promedio, durante veinticinco años. Sin que ningún sexenio haya roto el patrón.
Lo digo al principio porque es el contexto real en el que este proyecto existe. No en abstracto, no como decorado de una reflexión sobre la importancia del periodismo, sino como la condición material concreta bajo la que se ejerce el oficio en este país. Ciento setenta y seis personas decidieron que había algo que valía la pena contar. Y las mataron por eso.
Somoselmedio cumple catorce años habiendo tomado, desde el principio, una decisión que tiene nombre teórico pero que en la práctica se siente en el cuerpo: no firmar convenios gubernamentales, no aceptar publicidad oficial, no comprometer la línea editorial con ningún actor que tenga interés en lo que publicamos. La investigadora argentina Natalia Vinelli llama a esto el par tensión-transformación: la praxis cotidiana de no reproducir las lógicas de los medios que uno critica. Lo que esa frase no captura del todo es lo que cuesta en términos reales: el trabajo no remunerado, las colaboraciones gratuitas, los años en que el equipo absorbió lo que ninguna empresa habría absorbido.
Catorce años de ese modelo ha producido un archivo de más de 8,000 textos y 20,000 fotografías. La cobertura de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa desde la noche del 26 de septiembre de 2014, con seguimiento mensual hasta hoy. Ocho años acompañando la resistencia de Temacapulín contra la presa El Zapotillo. Caravanas migrantes, conflictos territoriales, búsquedas de personas desaparecidas, protesta social, entre muchos otros temas.
Producen también algo más difícil de medir: una comunidad. Johana Utrera, quien realizó sus prácticas profesionales en el medio, lo dijo de la forma más precisa que he escuchado: “los grandes medios llegan, toman y se van. Nosotros llegamos antes y nos vamos después”. Esa diferencia no es de estilo. Es metodológica, es política, es la diferencia entre extraer información de un lugar y pertenecer a él.
Hay una pregunta que me hago hoy, en el aniversario número catorce, que no tiene que ver con lo que ya hicimos sino con lo que hace falta para que esto siga siendo posible.
La investigadora mexicana María Consuelo Lemus Pool ha documentado con rigor lo que ya sabemos por experiencia: los medios del tercer sector de la comunicación —los libres, los comunitarios, los indígenas, los alternativos— operan en tensión permanente con el paradigma privado-comercial dominante. Esa posición tiene costos conocidos: precariedad estructural, dependencia del voluntariado, desgaste acumulado de equipos que trabajan sin red de seguridad. En México esos costos tienen además una dimensión que va más allá de lo económico. La violencia contra el periodismo no es aleatoria: es más intensa exactamente donde los medios libres son más necesarios.
No digo esto para hacer del aniversario una queja. Lo digo porque creo que nombrar las condiciones reales de existencia del periodismo libre o alternativo es parte del periodismo libre. Y porque catorce años me han enseñado que la honestidad sobre la propia estructura es tan importante como la honestidad sobre los temas que se cubren.
Somoselmedio no se sostiene por inercia. Se sostiene porque hay personas que han decidido, de maneras distintas y en distintos momentos, que debe existir. Lectores que compartieron notas cuando ningún algoritmo las favorecía. Colaboradores que pusieron tiempo y oficio porque creyeron en el proyecto. Estudiantes que aprendieron el oficio aquí y dejaron en el archivo su propia marca de pensamiento y presencia. Organizaciones que confiaron en nosotros para documentar sus procesos más largos y más difíciles.
En un país que ha matado a 176 periodistas en veinticinco años, cada espacio que persiste es una forma de resistencia. No heroica —la heroicidad me parece con frecuencia una trampa para romantizar la precariedad—, sino simplemente sostenida. Terca. Presente.
Seguimos aquí. Vamos a seguir.
Somoselmedio cumple catorce años. Gracias a quienes han sido parte de esto.


