El agua limpia que no llega y los metales que sí: 184 muestras ciudadanas desnudan la crisis hídrica de la ZMG

Durante tres meses, vecinas y vecinos de 90 colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco analizaron el agua que el SIAPA les distribuye. Encontraron plomo, mercurio, bacterias fecales y ausencia total de cloro en el 93 por ciento de los puntos monitoreados.

El director del organismo lleva tres comparecencias legislativas sin presentarse. El gobierno responde con obras millonarias. La ciudadanía exige atender primero la emergencia sanitaria.

Por Mario Marlo / @Mariomarlo  Fotografías: IMDEC AC / @imdecac

En las mesas de los talleres de monitoreo, las botellas llegan etiquetadas a mano: colonia Santa Tere, colonia El Fresno, colonia Mirador del Sol. Algunas tienen el agua transparente. Otras, amarilla. Todas pasaron por las tiras reactivas. Casi ninguna aprobó.

De 184 muestras tomadas en 90 colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajaraentre marzo y junio de 2026, 172 registraron cero miligramos por litro de cloro residual libre. En el 93 por ciento de los puntos monitoreados, el agua que distribuye el SIAPA llega a los hogares sin ninguna barrera de desinfección. Junto al cloro ausente, los análisis encontraron plomo, mercurio, fluoruros, nitratos, nitritos y presencia de Escherichia coli, la bacteria indicadora de contaminación fecal.

Gabriela Cervantes lleva años reportando el agua de su colonia en San Rafael. Primero le dijeron que el problema era el tinaco. Lo limpió. Compró filtros. El agua siguió llegando igual. “Todavía hoy abres la regadera y sale agua con un olor pestilente, como a muerte”, dijo ante diputados del Congreso de Jalisco el día que la campaña ciudadana presentó públicamente estos resultados. El director del SIAPA, Ismael Jáuregui Castañeda, no estaba presente. Era la tercera vez que el organismo evadía una comparecencia legislativa.

Lo que mide la ciudadanía cuando el Estado no informa

El monitoreo no nació de la casualidad. Nació de la desconfianza acumulada. Desde que en marzo de 2026 estallara públicamente la crisis hídrica en la ZMG —con colonias enteras reportando agua turbia, con olor, con sedimentos, con cortes prolongados— la Campaña Ciudadana El SIAPA que Queremos: Agua para la Vida, NO para el Negocio comenzó a construir su propio sistema de información. Lo que el SIAPA no publica, lo miden ellos. Lo que la Secretaría de Salud no alerta, lo documenta la Red Metropolitana de Monitores Vecinales de Calidad del Agua.

La metodología fue desarrollada y enseñada por ingenieros del ITESO —entre ellos Veyda Alcalá Camacho y Fernando Aguilar Morales— junto al doctor José Juan Lira Calderón del colectivo Resistencia Civil por el Valle, quienes acumulan casi tres años de monitoreo comunitario en comunidades rurales de la periferia metropolitana. Los instrumentos son accesibles: tiras reactivas de veinte parámetros y tarjetas R-Card para detectar bacterias. El principio que los rige es preciso: estos instrumentos no pueden certificar que el agua es buena, pero sí pueden demostrar, sin margen de duda, cuándo el agua es definitivamente mala.

En nueve etapas de muestreo realizadas entre el 22 de marzo y el 27 de junio, vecinas y vecinos de 90 colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco trajeron sus propias muestras, las registraron y las analizaron colectivamente. Los resultados fueron sistematizados y contrastados contra los límites máximos permisibles de la NOM-127-SSA1-2021, la norma oficial mexicana sobre agua para uso y consumo humano. El informe final fue coordinado por María González Valencia, directora del IMDEC, y analizado técnicamente por Héctor Morales Gil de la Torre y José Juan Lira Calderón.

Diego Rico, integrante de la Red Metropolitana de Monitores, explicó el origen de su participación con una sola frase: “No hay información oficial por parte del SIAPA, no hay información transparente, no sabemos qué contiene el agua que estamos recibiendo.”

El cloro que no llega y los metales que sí

El hallazgo más extendido es también el más estructural: la ausencia de cloro residual en el 93.48 por ciento de los puntos monitoreados. El cloro residual libre es el indicador mínimo de que el agua recibió tratamiento de desinfección antes de llegar al domicilio. Su ausencia no significa necesariamente que el SIAPA no clora el agua en las plantas, pero sí confirma que ese tratamiento no está sobreviviendo el recorrido por la red de distribución. Tuberías deterioradas, fugas no detectadas, infraestructura con décadas de rezago: cualquiera de esos factores puede eliminar el cloro antes de que llegue al grifo. Solo 12 de las 184 muestras registraron algún valor positivo.

A ese vacío de desinfección se suman los hallazgos que la campaña clasifica como emergencia sanitaria. Plomo fue detectado en 20 muestras, todas por encima del límite de 0.01 miligramos por litro. Las colonias afectadas incluyen El Fresno, San Rafael, Valentín Gómez Farías, La Americana y Mirador del Sol. El plomo es un metal neurotóxico sin umbral seguro de exposición: se bioacumula en el organismo, daña de forma irreversible el desarrollo cognitivo en niñas y niños, y provoca daño renal y cardiovascular en adultos. No existe concentración tolerable para poblaciones pediátricas.

Mercurio fue detectado en 7 muestras, todas fuera de norma, con concentraciones que llegan a quinientas veces el límite permisible de 0.001 mg/L. Los focos de alerta incluyen Fovisste Estadio y El Fresno en Guadalajara, Arcos de Guadalupe, Prolongación Laureles, Jardines del Valle y Mirador del Sol en Zapopan, y Camichines y Alamedas de Zalatitán en Tonalá. El mercurio se bioacumula en el sistema nervioso central, puede generar malformaciones en fetos y produce daños neurológicos irreversibles en exposición prolongada. El informe los designa como zonas de emergencia hídrica prioritaria.

Fluoruros superaron el límite de 1.5 mg/L en 52 muestras provenientes de colonias dispersas por toda la metrópoli. Que el cien por ciento de las detecciones resulte fuera de norma, en puntos geográficamente distantes entre sí, descarta la contaminación localizada como explicación. El informe concluye que el origen es estructural: la dependencia del SIAPA de pozos profundos sobreexplotados, cuyas fuentes geológicas concentran fluoruros naturalmente sin que el organismo aplique los procesos de remoción necesarios. La exposición crónica provoca fluorosis dental en infancias y fluorosis esquelética en adultos con exposición prolongada severa.

Nitratos con excedencias aparecieron en 29 de las 62 muestras donde fueron detectados, indicando contaminación agrícola, industrial o de origen fecal en las fuentes de abastecimiento. Nitritos —indicadores de contaminación fecal más reciente— estuvieron presentes en 17 muestras, todas fuera de norma. Aluminio en 7, todas con excedencias. Y Escherichia coli en cuatro muestras, una por municipio: Belisario Domínguez en Guadalajara, Santa Ana Tepetitlán en Zapopan, Alamedas de Zalatitán en Tonalá y El Sauz en Tlaquepaque.

La ingeniera Alcalá fue precisa al ser preguntada sobre qué pueden hacer los vecinos mientras la crisis persiste: hervir el agua elimina riesgos bacteriológicos, pero concentra los metales pesados. Para el plomo, el mercurio y los fluoruros no existe solución doméstica equivalente a una red que funcione. Los filtros de carbón activado convencionales son insuficientes para retener metales pesados. La recomendación concreta fue no ingerir directamente el agua de la llave ni hervir alimentos con ella en las colonias con presencia confirmada de metales.

El modelo que falló y el director que no comparece

La crisis del agua en la ZMG no comenzó en marzo de 2026. Ese mes fue el momento en que la indignación superó el umbral de lo tolerable: cientos de personas marcharon al Reloj del Mundial para exigir una alerta sanitaria y la destitución del entonces director Antonio Juárez Trueba. El gobernador Pablo Lemus respondió removiendo a Juárez Trueba y nombrando a Ismael Jáuregui Castañeda. No hubo auditoría al periodo anterior. No hubo rendición de cuentas sobre la crisis. Las organizaciones lo recibieron como lo que era: un cambio de personas sin cambio de modelo.

Jáuregui llegó prometiendo escucha directa. “Hagamos equipo”, fueron sus palabras. Tres meses después, la campaña ciudadana le entregó durante las Jornadas Metropolitanas de Gestión Hídrica convocadas por el Colegio de Ingenieros Civiles de Jalisco una primera propuesta formal para la reconstrucción del organismo. No recibieron respuesta. Sus propuestas tampoco aparecen reflejadas en el plan estratégico que el gobierno presentó días antes de esta conferencia.

Ese plan, anunciado por el Jefe de Gabinete Alberto Esquer Gutiérrez, contempla un fondo inmediato de más de cinco mil millones de pesos y una solicitud al Congreso para autorizar más de 20 mil millones adicionales en obras de largo alcance: el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara, la ampliación de las Plantas Potabilizadoras 1, 3 y 5, el sistema La Calera. El gobierno reconoció que el problema es “real, histórico y complejo”. No activó ninguna alerta sanitaria. No explicó qué ocurre con la cloración. No publicó resultados propios de calidad del agua.

La Asamblea Popular de Jalisco formuló la pregunta que el comunicado gubernamental no responde: ¿qué hará el gobierno para proteger a las familias mientras las grandes obras se financian, se licitan y se construyen? La infraestructura es indispensable, pero sus resultados llegarán en años. La contaminación está ocurriendo ahora.

Desde el Congreso, legisladoras de oposición resaltaron que: el Poder Legislativo no está obligado a aprobar la propuesta del Ejecutivo, y no lo harán sin transparencia, sin auditorías, sin un plan que responda a la emergencia sanitaria antes que a la emergencia de imagen. “Ni un peso más al SIAPA dado que no hay análisis, no hay datos abiertos, no tenemos un plan estratégico específico que nos permita saber cómo se van a prevenir o mitigar todas las posibles enfermedades que hoy ya estamos recibiendo”, dijo una de las diputadas presentes.

En el fondo de la disputa presupuestal opera una alerta política que la campaña nombró con claridad: la posibilidad de que el plan gubernamental incluya una asociación público-privada para operar el SIAPA. Una privatización, dijeron, con otro nombre.

Las voces que el SIAPA no escucha

Flor de María, de la colonia Alcalde Barranquitas, a un lado del primer cuadro de la ciudad, organizó una manifestación que logró abrir una mesa de trabajo con el SIAPA. El resultado fue filtros, pastillas de cloro y algunos tinacos. “Esa mesa solo sirvió para lavar la cara de los directivos”, dijo. El chat que quedó con un funcionario del organismo, describió, “sirve para nada”. Los reportes no son atendidos. El agua sigue llegando igual.

José González González, secretario del sindicato SEP-SIAPA, tomó la palabra para separar responsabilidades: los trabajadores operativos dan la cara ante la ciudadanía todos los días, pero no tienen los insumos, las unidades ni las herramientas necesarias para garantizar el suministro. “No es culpa del trabajador cómo está ahorita el agua. Si el trabajador no tiene lo necesario, ¿cómo se puede garantizar este suministro?”

Gabriela Cervantes, antes de sentarse, dejó una pregunta para el registro: ¿por qué no estaban presentes en la conferencia la Comisión de Puntos Constitucionales y la Comisión de Responsabilidades del Congreso? El artículo 115 constitucional establece que los ayuntamientos tienen la obligación de garantizar agua de calidad. Hay exdirectores del SIAPA con señalamientos de corrupción sin consecuencias. Hay tres comparecencias legislativas incumplidas. “Hay que activar a las demás comisiones y meterle juicios políticos a estos actores”, dijo. “Nuestra salud no nos la regresa ningún partido si no toma las acciones necesarias de castigar a los responsables.”

La campaña lleva más de 900 denuncias documentadas desde marzo. La población más afectada son las mujeres. Las colonias con mayor concentración de contaminantes son, en su mayoría, colonias populares. No es solo una crisis técnica. Es una crisis de justicia hídrica.

Un vecino presente contó que gasta 44 pesos diarios en agua embotellada del supermercado más cercano porque el agua de su llave, a cuatro cuadras del Congreso del Estado, sale con olor. Preguntó si podría haber alguna bonificación en su recibo. González Valencia le respondió que la campaña ya documenta ese impacto económico y que hay iniciativas legislativas al respecto. También aclaró que esas iniciativas llevan meses en parálisis: no se agendan, no se votan.

El agua que paga sigue llegando igual. La que bebe la compra.

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Mario Marlo
Mario Marlo
Fotógrafo y periodista comprometido con la defensa del territorio. Director de Somos El Medio.

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