El Diálogo Nacional por la paz, como paz posible

Manos Libres

Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X) / @FranciscoMacias (TG)

Escuchamos constantemente la necesidad de dialogar ante diferencias de opinión, de maneras de realizar una actividad, de enfoques e incluso de conflictos entre personas o en nuestro país.

El diálogo se trata de construir un espacio en el que podamos ser y estar como personas, donde nuestras historias y palabras puedan escucharse, atenderse y conectarse con lo que somos en conjunto.

Es un vehículo que conforme va teniendo mayor significado y conexión conjunta, va girando con mayor plenitud en lo humanamente posible, lo que nos permite hablar de lo difícil o de nuestras distancias, hasta de nuestras diferencias para ubicarlas en lo común.

Lo contrario al diálogo es el “nostrismo” (término citado por Juan José Tamayo, retomado del filósofo Carlos París), definido como la dilatación del egoísmo hasta la exaltación de un nosotros cerrado y hostil frente a quienes no forman parte del grupo, tan representado actualmente en la política, la sociedad y en diversas instituciones.

Por eso fue una gran noticia la celebración del Segundo Diálogo Nacional por la Paz que se llevó a cabo en nuestra ciudad y al que tuve oportunidad de asistir, más que pensarlo como otro encuentro o foro más, se trató de la reconstrucción de un espacio como comunidad para celebrar la imaginación, la creatividad, la suma, las coincidencias y para encontrarle sentido en un abrazo común a quienes sobreviven a las violencias.

Durante sus tres días de trabajo, surgieron preguntas desde lo que en realidad hoy significa un Estado, cuyas definiciones se han quedado en una baja dimensión, contrario a lo que lo fundamenta que es un nosotros/as colectivo.

Se revisaron los dinamismos y preocupaciones sobre el tránsito de nuestro país en cuanto a la democracia, la economía, la justicia, los derechos humanos y la emergencia humanitaria por las violencias de la que no hemos podido salir. Las voces que dieron la palabra independientemente de sus propios enfoques, insistieron en la necesidad de darle respuestas actuales a preguntas que insistentemente nos hacemos, siempre con un esbozo de un compromiso.

Las experiencias presentadas desde distintas organizaciones desde el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, hasta el Centro Manresa que ha rescatado de las adicciones con un modelo comunitario a cientos de personas, pasando por dos diplomáticos que pusieron sobre la mesa su experiencia cuidadosa y esperanzadora de apoyar la paz en Colombia y en Irlanda, dando claridad en que su construcción es cuidadosa y cuidada al mismo tiempo. Todos ellos nos colocaron (o nos descolocaron) en una dinámica de esperanza porque se trata de un quehacer concreto, en muchas de las ocasiones silencioso, centrado en la recuperación y atención de personas concretas y sus necesidades, sujetas a metodologías para ser compartidas en todos lados.

La presencia, reflexión y contacto en pequeños grupos proporcionó un espacio vital en donde colectivas de madres de desaparecidos o de feminicidios, personas desplazadas por las violencias, estudiantes, académicos, religiosos de distintas experiencias, jóvenes empresarios, personas con expresiones artísticas, entre otras, partieron de la necesidad de reconocer las violencias ejercidas para comprometernos a superarlas, a ser mejores en lo común siempre con una meta que busque la reconciliación.

En su pronunciamiento final, se resaltó la necesidad de la realización de acuerdos desde lo local, impulsar la conversión de quienes lucran con la violencia o permanecen indiferentes.

Urgir la escucha y construcción con las y los jóvenes para reconstruir un sistema social que no tenga como norma la exclusión.

Se afirmó como prioridad la atención del horror de las desapariciones y el acompañamiento a todas las víctimas de violencia porque en ello se juega nuestra futura convivencia social.

Ante una emergencia que día a día nos alcanza, las propuestas y metodologías me hicieron recordar que para la transformación de los conflictos y la paz posible necesitamos creatividad, reconocer donde se está gestando cuidadosamente por ejemplo en actos de pensar, hablar, sentir y actuar (Francisco A. Muñoz), eso fue el Diálogo Nacional por la Paz.

Nota 1:
La reiterada negación al reconocimiento de las infancias trans por parte de una mayoría de diputados del Congreso del Estado de Jalisco, comprueba que en realidad sus miedos, intereses, pensamientos e ideologías son más importantes que garantizar derechos concretos. Usar el poder para excluir a otras personas no es un acto de valentía, ni que refleje la supuesta democracia que dicen representar.

Nota 2:
Don Esteban Garaiz, nos quedamos con tu presencia, palabra e insistencia en un futuro mejor. Descansa en paz

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Francisco Macías Migrante de experiencias, observador de barrio, reflexiono temas de derechos humanos.

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