Algunas notas sobre Hamnet

El ojo y la nube

Por Adrián González-Camargo  / @adriangonzalezcamargo (IG)

Es posible que vivamos en una época plagada y dirigida por la emoción. Parece que, si vemos una película, leemos una novela, o incluso si leemos una publicación de alguien en alguna red socio digital, si no es acompañada de un aderezo emocional, no tiene validez o se vuelve instantáneamente aburrida. Digo parece, solamente, pues hablo desde la apreciación y no desde una rígida revisión de relatos, con un acercamiento metodológico. Dicho lo anterior, considero que hoy día, ver un filme de Hollywood, como lo es Hamnet, es equivalente a abrir una caja que contiene un producto de lo cual ya tenemos varias certezas antes de consumirlo:

  • Habrá música que condicione emocionalmente nuestra apreciación.
  • Veremos actrices y actores “bonitos” que cumplan con el estándar que el mismo sistema ha impuesto.
  • Habrá altibajos emocionales: risas, alegrías.
  • Habrá un momento de reflexión.
  • Y al final de la película, en el 99 por ciento de los casos, el filme nos querrá hacer sentir como espectadores que… “todo va a estar bien”.

Por tanto, no debería sorprender que un filme como Hamnet busque que su forma nos lleve por esos caminos y desafortunadamente caiga en algunos clichés. Digo algunos porque la directora Chloé Zhao, se libró de caer en más. Algo que no hizo en su excelente filme anterior, Nomadland. Si bien, en tanto que es un filme que tiene como propósito original hacer eso: que los espectadores participen más con sus emociones que con debatirse, como lo hacen la mayoría de los filmes concebidos y nacidos en Los Ángeles,

¿Por qué hablar de Hamnet, el hijo de Shakespeare, justo ahora? Shakespeare ha sido un tótem narrativo y ha habido miles de derivaciones. Desde especulaciones magistrales y apropiaciones modernistas como la adaptación de Romeo y Julieta de Baz Luhrman, el familiar drama convertido en éxito de animación llamado El rey león (adaptación de Hamlet), la comedia romántica 10 cosas que odio de ti (10 things I hate about you) que es una adaptación de La fierecilla domada o hasta la puesta en escena virtual que crearon dentro del videojuego Grand Theft Hamlet. Por tanto, pareciera que había que buscar una derivación distinta para hablar de Shakespeare, pero esta vez, sin hablar de Shakespeare, o muy poco.

Tal vez la injerencia de las ideologías actuales nos han llevado a perder la sensibilidad hacia contextualizar las obras en su correspondencia a cómo funcionaba la sociedad y el contexto sociohistórico en el momento en que nace la obra. En el momento en que se estrena la obra Hamlet, probablemente en el 1600 o 1601, había mucha ansiedad en Inglaterra por el nuevo reinado, ya que la reina Elizabeth no tenía herederos. La Iglesia de Inglaterra supera la influencia católica. Desafortunadamente para la óptica de nuestros tiempos, eran sociedades donde la mujer tenía poca o nula agencia social. Esto es evidente en el traslado del relato a la confección en nuestra época actual.

Cabe preguntarnos entonces, ¿Cómo hacemos para interpretar las obras antiguas? O mejor aún: ¿Qué pensarán, por ejemplo, las autoras y los autores que hoy día publican novelas, obras de teatro, películas incluso, de las interpretaciones completamente distintas a las que sus intenciones tuvieron hoy día. Digamos 100 años. O 200? En ese sentido, podría suceder que Harry Potter, en 100 o 200 años, se interprete como una utopía o un texto religioso. O que The handmaid’s tale (El cuento de la criada) se interprete como un llamado de ayuda ante la fragilidad demográfica.

Probablemente Hamnet busque justamente ser una representación de estos tiempos que vivimos y no de cómo era la sociedad inglesa en el siglo XVI. Si se piensa en hablar de una obra icónica de un autor icónico, mejor no hacerlo. La era de las grandes narrativas pareciera tener una gran competencia. Digo competencia porque este mismo año se estrenará La Odisea, adaptación del poema del poeta griego Homero. La adaptación la realizó el director británico Christopher Nolan. ¿Será que es un intento para contravenir la batalla contra los grandes relatos y tótems, como hace justo Hamnet?

Si la narrativa es central para la representación de la identidad, como sugiere el teórico Mark Currie… ¿Qué narraciones o relatos estamos encontrando? ¿Cuál es la identidad que representan estos relatos?  Si Hamlet hubiera sido una discusión sobre la traición, la ruptura de la familia, el cuestionamiento sobre si existir es algo tangible o si los sueños tienen mayor valor que la propia existencia… ¿Qué ideas pone Hamnet en la discusión del 2026, del primer cuarto del siglo XXI? Tal vez lo que hace Hamnet, de inicio a fin, es hablar sobre la resistencia y duelo de una mujer frente a la muerte de un hijo y el escenario y la catarsis pública como instrumento de expiación. De ver en la óptica del siglo XXI cómo era condenable esa forma de acción familiar. O tal vez es llevar a una “humanización” a una pareja de la cual no sabemos tanto. O tal vez era reformular las distintas maneras de duelo. Sea cual sea que haya sido la intención, cabría preguntarse si era necesario que el relato se desarrollara en Inglaterra en el siglo XVI, utilizando tangencialmente la figura de Shakespeare.

Y si el duelo era el centro del relato, tal vez cabría recordar los versos en la obra de teatro King John del mismo Shakespeare, escrita al poco tiempo de la muerte de su hijo Hamnet, en este momento que le dice Constanza al Rey Philip:

El duelo llena el aposento de mi hijo ausente,
yace en su lecho, camina conmigo de un lado a otro;
se reviste de su hermoso semblante, repite sus palabras,
me recuerda todas sus nobles virtudes,
da forma a sus ropas vacías con su propia figura.
¿Tengo, pues, razón para renegar del duelo?
Idos en paz. Si hubierais sufrido una pérdida como la mía,
yo podría dar mejor consuelo del que vos me dais.

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El ojo y la nube
El ojo y la nube
Adrián González Camargo es cineasta, escritor y académico. Estudió el Doctorado en Arte y Cultura por la UMSNH y una maestría en guionismo con la beca Fulbright-García Robles en CSUN. Se ha dedicado a la gestión cultural, producción radiofónica y al análisis de textos artísticos. Es profesor de la Escuela de Humanidades y Educación del Tec de Monterrey, Campus Guadalajara.

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