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Intercambian pistolas de juguete, olvidan la incidencia del contexto

Intercambian pistolas de juguete, olvidan la incidencia del contexto

Por Dalia Souza López (Texto y Fotografía)

“En la infancia hay que jugar de todo”, dice el soldado al niño que, indeciso, valora con detenimiento los juguetes didácticos que le pretenden dar cambio de su pistola, igualmente de juguete. No rebasa los siete años de edad y lleva largo rato decidiendo entre sus posibilidades: pelotas, burbujas, crayolas, frisbees, acuarelas o papalotes; parece que los juguetes más grandes ya se acabaron y recién son las 11 de la mañana.

Él sigue observando, mientras oculta debajo de la mesa el pequeño juguete de color negro con mira naranja; aún juega con ella, la recorta una y otra, y otra vez para después esconderla en el bolsillo de la sudadera que usa. Finalmente, la entrega a cambio de una caja de acuarelas y unas crayolas.

Esta escena sucedió en uno de los siete módulos de la campaña “Juguemos sin violencia” que organiza la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) en el estado de Jalisco, y que busca “canjear juguetes bélicos por juguetes didácticos que incentiven sanamente las capacidades físicas e intelectuales de las niñas y los niños” y, con ello, “contribuir a su proceso formativo en un ámbito sano y sustentado en valores”, al menos así lo señaló Fernando Enrique Méndez González, comandante de la Decimoquinta Zona Militar durante el acto inaugural.

No obstante, aquí en medio de la explanada del centro de Zapopan, parece que la escena antes descrita se repite constantemente desde que llegamos.

Los soldados insisten y aseguran que esto se debe a que los juguetes grandes los “Drones” y los “Monta Jeeps” ya se han agotado; lo que hace que los niños se sientan menos motivados a dar sus juguetes, por algo que piensan, es más pequeño que lo que dejan; incluso, el teniente Montiel, a cargo de la de la actividad, asegura que: “los niños no manifiestan sentimiento por perder su pistola y lo están aceptando bien”.

Sin embargo, hay algo que omiten entre sus percepciones, la mayoría de los niños y niñas que llegan dan por sentado que la actividad tiene valor en virtud del objeto que pueden obtener; es decir, en lo material y no en el trasfondo del acto, en la acción misma de deshacerse del objeto bélico como promesa de un juego no violento, de una convivencia futura sana y pacífica.

Peo esta campaña no sólo se trata de los infantes, sino del enfoque que se busca ostentar y donde se asume que son los juguetes bélicos –materiales, imaginarios o virtuales- los responsables de detonar las conductas agresivas y/o violentas en los menores, olvidando que existe un contexto social y cultural capaz de influenciar sus prácticas de juego.

Estudios del Centro Internacional de Investigación Clínico Psicológica (CEIC) de Cali, Colombia, reconocen que los niños representan por medio del juego sus vivencias más significativas, por lo que, éste se convierte en un suceso vivencial de su propia realidad, impregnado de elementos culturales y sociales propios de la comunidad.

En esto no hay contradicciones.

A la escena que se repite mientras miramos “la despistolización de los juguetes” se suman algunos personajes, por ejemplo, padres que acompañan a sus hijos e hijas a sabiendas de la dinámica, y adultos sin niños que con intriga cuestionan a los soldados sobre la acción y lo que, consideran, es una contradicción.

Al respecto, el teniente Montiel dice que: “ese es su trabajo, así que no tenemos por qué confundir esa parte”; a ellos se “les educa, adiestra y prepara para portar armas”, y eso “es un enfoque totalmente distinto por el trabajo que tenemos, por la misión que tenemos como soldados…”.

El teniente Montiel nació en una ciudad cercana a la Ciudad de México, tiene 19 años como soldado y es padre de familia. Antes de llegar a Jalisco, su última asignación, relata, fue en el estado de Veracruz donde reconoce no podía ni siquiera salir en sus días de descanso, por la violencia y el temor de que le fuera “a pasar algo”. Él cree que Jalisco, “es más seguro” y lo dice mientras cuenta cómo hace unos días antes salió a caminar a las 11 de la noche por el centro de Zapopan y no le pasó nada; es más, hasta encontró a personas “haciendo vida en la calle”; sin embargo, lo que no nos dijo es si esa noche, iba uniformado o no.


En lugares con alta incidencia delictiva

Los módulos de la campaña “Juguemos sin violencia” están ubicados en sitios estratégicos de 20 municipios pertenecientes a diferentes regiones del estado de Jalisco que, de acuerdo con la SEDENA, presentan altos índices de incidencia delictiva, tales como: Zapopan, Guadalajara, Tlajomulco de Zúñiga, Tonalá, Tlaquepaque, Sayula, Ameca, Tequila, Mixtlán, La Barca, Jamay, Atotonilco el Alto, Pihuamo, Ocotlán, Tecalitlán, Jilotlán de los Dolores, Ciudad Guzmán, Zapotlán el Grande, Tuxpan, Mazamitla y Santa María del Oro.

Esta dinámica preventiva busca asemejarse a la campaña de “Despistolización” que igualmente organiza la SEDENA desde el año 2001, y en donde busca promover la entrega voluntaria de armas de fuego a cambio de aparatos electrodomésticos y/o electrónicos de entretenimiento; ello con el fin de “disminuir los actos trágicos y violentos dentro del núcleo familiar o comunitario”.

De acuerdo con la SEDENA, a través de esta acción logró reunir, entre diciembre de 2012 y mayo de 2017, 58 mil 703 pistolas y 27 mil 758 rifles y/o escopetas que fueron entregadas de manera voluntaria por los ciudadanos.

La entrega de juguetes bélicos

Los niños y las niñas siguieron llegando con los soldados ubicados en el centro histórico de Zapopan; algunos se mostraron contentos tras la entrega de su pequeño armamento.

Julián, por ejemplo, entregó dos de sus tres pistolas, un par de Nerf´s que le regalaron sus tíos y que su mamá no aprobó. La que no entregó a los soldados es una pistola que “es negra” como casi todas las pistolas de juguete, aseguró que intentaría traerla con los soldados para ver si se la cambiaban por un juguete más grande. En tanto Itzel, que porta con cierta perfección la pistola de su primo Pancho, colocando su dedo en el gatillo y sujetándola del mango, la entrega a cambio de una crayolas.

Hubo niños que, incluso, entregaron réplicas exactas de armas reales, y otros que se despojaron de sus “indefensos” arsenales de juguete”.

Junto a la mesa de exhibición y entrega, lugar donde dejan los niños sus juguetes bélicos, descansa una cortadora que será quien termine por consumar la última ronda de juego, pues tal y como sucede con las armas reales, éstas que son de juguete serán destruirlas para construir con ellas alguna pieza u obra de arte: “ así ya no harán más daño”, asegura la campaña.

La jornada de este día en el centro de Zapopan terminó con más de 50 armas ficticias recibidas y con la imagen de un grupo de soldados sosteniendo en sus manos pistolas de juguete, de esas que hace mucho no usan, de esas que tiran balas de salva y dardos de hule espuma. Armas que no quitan vidas.

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