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Las rastreadoras de El Fuerte

Las rastreadoras de El Fuerte

Las Rastreadoras de El Fuerte, en Sinaloa, no buscan cuerpos en fosas clandestinas, ellas buscan tesoros. Les llaman así porque quienes fueron enterrados bajo tierra para que jamás fueran encontrados constituyen lo más valioso para una familia con un ser querido desaparecido. A la fecha, han encontrado 113 tesoros, 96 ya tienen una identidad y han sido entregados a sus familiares. Esta es la historia del día en que nueve de ellos fueron encontrados por mujeres y hombres cuya vida ahora es la búsqueda de tesoros.

Por: Dalia Souza y Darwin Franco

Fotografías: Héctor Guerrero

A lo lejos, Rosario mira lo que parece imperceptible: la tierra removida. Señala con su mano a un árbol ubicado al fondo de una brecha. Enfoca su mirada y le dice al resto de Las Rastreadoras: “Ahí hay algo”. Apresura el paso, lleva consigo una varilla que ha sido modificada para que pueda ser introducida debajo de la tierra utilizando el peso de su cuerpo. Rosario toma esa varilla en forma de letra “T” y la clava en el lugar que a lo lejos señaló, la varilla se hunde rápidamente y eso confirmó su sospecha: “Aquí hay algo”, repite.

Rosario Salomé Trigueros, se unió a Las Rastreadoras de El Fuerte tres días después de que su hijo mayor, Jassyel Fernando Ramos Trigueros, fuera desaparecido por un grupo armado, el 14 de abril de 2016 en Los Mochis, Sinaloa. Seguía en Facebook a Las Rastreadoras desde que en 2014 comenzaron a buscar a las y los desaparecidos del norte de Sinaloa en fosas clandestinas pero nunca se imaginó que sería una de ellas. Este día, 19 de noviembre de 2017, Rosario encontró al primero de los nueve tesoros que serían localizados.

Al sentir el hundimiento de la tierra, Rosario llamó a Mirna Nereyda, quien es la líder de Las Rastreadoras. Ella tomó la pala y comenzó a cavar. Paletada tras paletada, la tierra fue arrojando indicios; primero, la cal revuelta con la tierra; después, un cable de luz que no tendría que estar allí, las condujo hasta un fémur.

El primer tesoro era una osamenta que tenía atados ambos pies con ese cable, la posición que guardaba bajo tierra denotaba la tortura que vivió antes de morir. Las Rastreadoras al verlo sacaban deducciones de qué pudo haberle pasado y con suma delicadeza comenzaron a descubrir el resto del cuerpo.

Los tesoros –tal cual y como lo haría un arqueólogo- son descubiertos utilizando una brocha, la cual mueven con sumo cuidado para ir quitando poco a poco la tierra:“Ay hermoso, te encontramos. Dios bendito que te hallamos”, expresó Mirna Nereyda Medina Quiñonez, madre de Roberto Corrales Medina quien desapareció el 14 de julio de 2014 en El Fuerte, Sinaloa, cuando fue llevado por hombres armados del negocio de discos que tenía en una gasolinera. Mirna Nereyda, halló a su hijo Roberto tres años después de su desaparición, el 14 de julio de 2017, en un paraje ubicado entre las comunidades de Ocolome y Los Muros. Ella le cumplió la promesa de encontrarlo.

Personal forense trabaja en una de las fosas donde fue encontrado un cuerpo por parte de las rastreadoras.  Foto Hector Guerrero

Ella le cumplió la promesa de encontrarlo

El primer tesoro localizado fue descubierto parcialmente, pues Las Rastreadoras lo que hacen es limpiar la zona del hallazgo para identificar algunos rasgos físicos de quien yace bajo tierra. Observan la ropa, el calzado, los accesorios y las características de los restos buscando alguna pista que los lleve a identificarlo. Quien ahí fue localizado llevaba puesta una camisa color beige con franjas naranjas, una bermuda con cuadro azules con blanco y un cinturón grueso de tela. En esta ocasión no lograron ver el cráneo para identificar la dentadura porque éste estaba envuelto en plástico: “Al plebe lo torturaron y no será posible sacar su cráneo para que lo podamos ver”, explicó Mirna a sus compañeras.

Las Rastreadoras nunca sacan a los tesoros de la tierra, lo que hacen es descubrirlos para que los peritos forenses de la Fiscalía General de Sinaloa, junto con personal de inhumaciones de diversas funerarias, realicen ellos el levantamiento de los cuerpos, así como las debidas diligencias que permitan su identificación. Su premura tras localizar un tesoro reside en ver la mayor cantidad de indicios pues reconocen que al llegar la Fiscalía no las dejarán ver nada y después será poco lo que puedan saber porque las prendas localizadas en cada hallazgo no siempre son bien resguardadas por las autoridades.

“Alguien marque al 911 y dé aviso a la Fiscalía, digan que Las Rastreadoras realizaron un hallazgo positivo… Aquí hay que dejarle ahora plebes, espérense ya no le muevan más, así vamos a dejarle”, precisa Mirna Nereyda. Sus palabras detienen todo el trabajo. Ahora es tiempo de orar un Ave María para encomendar el alma de este tesoro a Dios; la oración se conjuga con llantos y sollozos, ya que quienes conforman este colectivo creen que puede tratarse de su desaparecido, ya que tienen información de que este paraje ubicado en las cercanías de la colonia Urbi Villa del Rey es un sitio de fosas clandestinas; así se los hicieron saber de manera anónima y, por ello, decidieron buscar aquí. Este lugar está 16 minutos del centro de Los Mochis, cabecera administrativa del municipio de Ahome.

Alrededor de Urbi Villa del Rey se encuentran sembradíos de maíz, papa y frijol, y un enorme terrenal que sirve de basurero. En este sitio, Las Rastreadoras realizaron su hallazgo 105, pero el número es lo menos importante porque su localización dará paz a una familia.

Conforme al Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas de la Secretaría de Gobernación, en Sinaloa existen 2 mil 852 desaparecidos; una cuarta parte de todos los desaparecidos de este estado (784 personas) se concentran en la zona donde miércoles y domingo Las Rastreadoras realizan búsqueda de campo desde septiembre de 2014. Los municipios en donde realizan las búsquedas son Ahome, El Fuerte, Guasave, Choix y Sinaloa de Leyva, en todos ellos existe una fuerte presencia del Cártel de Sinaloa.

Ellos también buscan

“Hallar los tesoros es difícil… pero para nosotros ya nos es fácil hacerlo porque encontramos con el corazón”, expresó Ignacio, uno de los pocos hombres que forma parte de Las Rastreadoras. Él es un hombre callado que va a las búsquedas a encontrar, cavar y retirarse, ya que asegura que tras hallar algún tesoro su trabajo ha concluido.

Ignacio Álvarez es padre de Ignacio Neftalí Álvarez Osuna a quien se le dejó de ver el 26 de marzo de 2016 cuando salió en su bicicleta a realizar algunos trabajos de albañilería; durante una parte de su recorrido por el Boulevard de la Deportiva Centenario fue desaparecido por unos hombres a bordo de una camioneta. Jamás han vuelto a saber de él.

A los 15 días de su desaparición tanto él como su esposa, Amanda, se unieron a Las Rastreadoras. Este día de búsqueda, Don Nacho –como le llaman- tomó su pala favorita y se dedicó a explorar el terreno donde se había realizado el primer hallazgo. A 500 metros de ese sitio, encontró el horror y una escena que parece replicarse en este terreno: tierra removida bajo la sombra de un árbol; sin embargo, en esta ocasión no era un tesoro sino cinco los que fueron dejados en distintas fosas a no más de 60 centímetros de profundidad.

Don Nacho, junto con Alex –hermano de Jesús Giovanni Limón Beltrán desaparecido desde el 16 de febrero de 2016- y Ever –cuñado de Paul Gilberto Ruelas Castro desaparecido el 8 de diciembre de 2014 y localizado por su propio padre y hermana, el 6 de mayo de 2017 en las inmediaciones del ejido Bachoco en el municipio de Guasave- fueron quienes localizaron los tesoros 106, 107, 108, 109 y 110.

Distribuidos en cinco fosas, estos tesoros fueron descubiertos con cuidado por Las Rastreadoras; en una fosa podían mirarse unos pies entrecruzados que portaban unos huaraches negros; en una más un cráneo y en otra apenas un pie con un calcetín blanco; en el resto, algunos restos óseos daban cuenta de que este espacio fue utilizado como un cementerio clandestino. Al llegar los peritos forenses confirmaron que no eran cinco sino seis cuerpos los que se ahí se encontraban. El tesoro 111 había sido localizado también.

La búsqueda a un costado de los terrenos de la colonia Urbi Villas del Rey había sido posible porque hace meses de manera anónima, Las Rastreadoras habían recibido un mensaje de que en este sitio encontrarían los cuerpos de seis personas. Meses antes, en mayo de 2017, ya habían realizado una búsqueda en una colonia contigua, Los Virreyes, donde habían localizado una osamenta. Una situación de riesgo les había impedido regresar a esta zona sur-poniente de Los Mochis. Hoy saben que este terrenal debe ser peinado completamente.

El rezo tras el hallazgo de estas fosas concluyó con una canción que Don Nacho creó para recordar a su hijo y que Las Rastreadoras entonan como un canto de esperanza: “Agranda mi dolor… pues hace tiempo que no sé qué es de su vida… porque la gente no me quiere dar razón. No sé si vive o si por su amor yo muero, o si mi imagen de su mente se borró…”.

Periodismo para usarse

Los últimos tesoros y su identificación

Quienes integran el colectivo de Las Rastreadoras de El Fuerte son incansables, un hallazgo renueva las fuerzas perdidas e impulsa a seguir adelante. Así fue como en la búsqueda del 19 de noviembre se decidió seguir buscando hasta hallar una fosa donde se encontró el tesoro 112. El modus operandis resultó ser el mismo, tierra removida bajo la sombra de un árbol donde por encima se colocaron hojas y ramas secas. La gran diferencia con este hallazgo es que no se trataba de restos óseos sino de un cuerpo recién enterrado.

El trabajo para descubrirlo implicó soportar los olores fétidos que provenían de la tierra, y así fue como Las Rastreadoras lograron descubrir la espalda de este cuerpo que llevaba puesta una bermuda y al igual que el primer tesoro localizado también estaba atado de los pies. Los peritos forenses tras realizar los trabajos de inhumación, informaron que no era una persona sino dos las que allí se encontraban: un hombre y una mujer.

Sin saberlo aún, una de Las Rastreadoras había localizado a su esposo Sergio Alberto Lugo Montes, quien estaba desaparecido desde el 4 de noviembre de 2017. Tras los trabajos forenses y un día después de la búsqueda se logró también identificar a Blanca Sarahí Flores Ibarra, quien también estaba desaparecida desde ese mismo día.

La labor de Las Rastreadores tras esta búsqueda resultó tan importante que seis familias más lograron encontrar a sus desaparecidos, pues ahora se sabe que en estas fosas se encontraban los cuerpos de Salvador Becerra Gutiérrez y Marco Antonio Verdugo Gámez, ambos habían sido desaparecidos, el 17 de octubre de 2017; también ahí fueron encontrados José Candelario Espinoza Ochoa y Luis Daniel Vázquez Santos a quienes hombres armados se los llevaron el pasado 30 de octubre de 2017, ambos vivían en Urbi Villa del Rey; los últimos en ser identificados fueron Eduardo López Solano, desaparecido desde el 26 de agosto de 2016; y José Ángel Camacho Arévalo quien también tenía una denuncia por desaparición. Sólo uno de estos tesoros sigue sin ser identificado.

Mirna Nereyda sabe que estas búsquedas siempre dejan sentimientos encontrados porque a todas Las Rastreadoras les llena de rabia saber el nivel de violencia que se ejerce contra los tesoros que ellas encontraron; sin embargo, la esperanza también surge en ellas porque saben que -al menos- estas familias podrán hallar la paz que les fue arrebatada.

Mirna sabe que la promesa con su hijo Roberto está cumplida pero no así la misión de Las Rastreadoras: “Mi vida ahora es esto; Las Rastreadoras ya no tenemos vida: está es nuestra vida. Nosotros no somos sólo un grupo, somos una familia y a esta familia aún le hacen falta muchos tesoros. Yo vengo a las búsquedas a encontrar tesoros, así lo hago cada miércoles y domingo porque esta es mi vida. Yo encontré a Roberto pero me hacen falta los tesoros de mis compañeras… Mi Roberto es de ellas y míos son cada uno de sus tesoros, y hasta que no los encontremos a todos yo no dejaré de buscar. Buscar es ahora mi vida”.

A pesar de que la búsqueda de ese 19 de noviembre evidenció la presencia de un cementerio clandestino al sur-poniente de Los Mochis, ninguna autoridad cercó la zona ni comenzó una indagatoria para determinar qué pasó en un terrenal donde se localizaron los cuerpos de quienes fueron desaparecidos al norte de Sinaloa entre 2016 y 2017.

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