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Preservar la pluralidad para extender la comunidad

Preservar la pluralidad para extender la comunidad

Por Marcela Gómez

El pasado 21 de febrero fue el día internacional de la lengua materna. Para reflexionar sobre cómo preservar las lenguas indígenas es un derecho que el gobierno niega sistemáticamente, en el ITESO estudiantes de Universidad Solidaria organizaron un foro con estudiantes wixárikas de dicha institución.

Entrar al ITESO no es fácil. Llegar es complicado, pues no hay pasos peatonales adecuados a las y los peatones, además de que las entradas para autos no están correctamente señaladas. Supongo que quienes estudian o trabajan ahí ya las conocen y no tienen tanto problema, pero como visitante la confusión de qué puerta es la correcta llega a ser inquietante. Para estudiar ahí es necesario con el dinero suficiente para pagar la matrícula; para visitar, registrarse y dejar una identificación. Las barreras y filtros para el ingreso son una probada de lo que viven día a día las personas de origen indígena que migran a la ciudad. En primer lugar no conocen a la perfección las calles y sus rumbos, por otro lado, el dinero es obstáculo en muchas ocasiones y por último mostrar la identidad se vuelve un asunto forzoso y a veces incómodo.

En la parte inicial del foro hablaron el doctor el doctor Julio Ramírez Xitakame y la trabajadora social Rocío Landey Román. Arrojaron datos de contexto como que en el mundo existe 6,700 lenguas indígenas pero según estimaciones de la ONU; más de la mitad de las lenguas del mundo se habrán extinguido para el año 2100, o que en Jalisco se hablan 50 lenguas indígenas. Landey explicaba cómo 10 escuelas autónomas y biculturales forman parte de una estrategia de conservación de las lenguas wixárika y náyeri.

Rocío, quien fue parte del Consejo Consultivo de la Comisión Estatal Indígena del estado, desglosó los componentes de la estrategia: por un lado la lengua es parte de la identidad de los pueblos originarios, además enseñar las materias en wixárika y náyeri es una estrategia pedagógica pues “aprendes mejor en tu lengua”, dijo. Formar secundarias y bachilleratos autónomos es una forma de reaccionar ante la manera discriminatoria en que las instancias de gobierno han abordado y abandonado el tema de la educación en las comunidades indígenas en México. Es un acto no únicamente subversivo sino responsable, de buscar por sus propios medios la garantía de los derechos de educación, expresiones culturales y preservación de la lengua indígena. Ante la exclusión, la respuesta es la organización.

A lo largo del tiempo, las políticas públicas en México han demostrado que el gobierno se niega a reconocer la pluralidad que existe en nuestro país. El español es el idioma estándar y no se le otorga valor a todas las lenguas y dialectos que se hablan en el territorio nacional, como tampoco a modos de vida y expresiones culturales fuera de la norma. Para mantener esta fachada de México único y homogéneo, se discrimina gravemente y se les niegan derechos a personas indígenas, con discapacidad o miembros de la diversidad sexual. Pareciera que para “ser parte” hay que negar la identidad y mimetizarse. Como si existiera una profunda diferencia entre un ellos y un nosotros que compone comunidades mutuamente excluyentes y por las que hay que elegir.

Su participación se centró en denunciar cómo los gobiernos evaden su obligación de fomentar la lengua, dotar de infraestructura y recursos para la promoción de la educación y la cultura en las comunidades indígenas. También recordó que es necesario apoyar e impulsar cooperativas y colectivos. En varios momentos de su discurso Landey reitera su compromiso por la igualdad y la justicia a los pueblos indígenas, “aunque no sea parte”. Parecía que tomaba distancia hasta que dijo, convencida, que hay que escuchar y preguntar, e incluir a la diversidad étnica en el diseño de políticas públicas en México. Tal vez no era su intención, pero en ese momento dejó claro que para construir sociedades más justas y equitativas hace falta ampliar el acceso de derechos y que la efectiva inclusión no se reduce a “que entren” sino abrir y expandir los espacios ya existentes para que esas realidades que ya están se reconozcan como integrantes fundamentales de la sociedad.

En un segundo momento hablaron cuatro estudiantes wixárikas para compartir su experiencia universitaria. El primero en hablar fue Junior Flores, iba vestido con una playera tipo polo y un morral tejido de su comunidad, como muchos de sus compañeros no indígenas del ITESO. Comenzó diciendo que tuvo que migrar a Guadalajara porque en su lugar de origen hacen falta escuelas, hospitales y caminos. Denunció cómo mueren muchas personas por la escasez de atención médica dada la inaccesibilidad de las comunidades. Habla el español con una casi imperceptible dificultad, pero se nota que no es la lengua que usaba su mamá para enseñarle a hablar desde chiquito. Con un tono de valentía, como si le avergonzara un poco haberlo sentido, narró lo común que es el miedo al rechazo y a la discriminación. Cerró su primera intervención con la frase “no se me hace justo la verdad”, y cedió la palabra a Avicena de la Cruz.

Avicena estudia el tercer semestre de ingeniería química. Es la primera mujer wixárika con ese sueño, más aún, con esa realidad. Recordó el motivo del foro, la reflexión sobre el rescate de las lenguas indígenas, y empezó diciendo que la discriminación es muchas veces el factor más importante para la pérdida de la lengua. Su tono era más enérgico que el de junior, se le notaba segura y convencida de lo que decía. Si bien nació y creció en la ciudad, ha vivido la amarga experiencia de escuchar “ahí va una india”, cuando porta orgullosa su traje típico. Compartió que la reacción que esperaría es “qué bonito se ve”, y en un tono casi soñador dijo que quisiera que le preguntaran de dónde es y qué significan los colores y las formas de su vestimenta. A lo largo del foro, las veces que intervino insistía en invitarnos a conocerles, a asomarse a la cultura wixárika. Avicena es de aquí y es de allá, y no tiene conflicto con eso, su manera de expresarse deja claro que no tiene que elegir olvidar las costumbres de sus abuelos y ocultar sus orígenes para ser feliz y lograr sus metas.

Ella está muy en paz con su identidad y su camino, pero entre líneas se puede leer que lamenta que no exista la misma apertura de parte de sus pares en el ITESO y de la sociedad tapatía en general. Avicena no se quiere esconder, no tiene miedo de mostrarse al mundo como es, con la lengua que habla y la ropa que viste. En contraste, hay pocas personas que la quieren ver tal cual es, sin quererla meter en una categoría artificial e incompleta.

El tercero en hablar fue Álvaro López. Saludó en su lengua y mencionó a otras comunidades y lenguas indígenas del país, como tseltal, tzotzil, nahuatl y mixteco. Álvaro entró originalmente a la licenciatura en ciencias de la educación, pero al poco tiempo se cambió a la de Diseño. Él dirigió sus palabras a la comunidad universitaria del ITESO, que, cabe mencionar, no está ahí para escucharle, pues en el auditorio hay alrededor de 30 personas, 10 de las cuales son parte de la organización. En su intervención habló del esfuerzo que implica para ellos tomar clases en español, las lecturas, exposiciones y conversaciones con sus equipos son en ese idioma. Como estar de intercambio en un país francoparlante o angloparlante, donde si bien en estricto sentido eres parte, sigue quedando algo ajeno y cuyo acercamiento está fuera de tu alcance. Álvaro insistió mucho en que no es lo mismo hablar su lengua materna en sus círculos más cercanos que tener que hablar español con personas que no tienen interés en aprender wixárika. Él hace lo que le corresponde para pertenecer, pero no es correspondido. Una vez más deja claro que no basta con “dejar que entren” sino que es necesario que la comunidad plural se construya con el diálogo como vía de doble acceso. Álvaro lamentó la poca asistencia a los talleres de lengua wixárika, y más esperanzado que decepcionado, reiteró la invitación a los mismos. En esa exhortación, el alumno de diseño plasmó la complejidad de la interculturalidad en su contexto más cercano.

En un tercer momento del foro, una estudiante de origen oaxaqueño recitó el poema “Cuando una lengua muere” de Miguel León Portilla.. Lamentó no hablar la lengua con la que su madre y su abuelo se comunican, pero se dijo orgullosa de sus orígenes. A ella, al menos en ese momento, en ese foro, frente a las y los compañeros wixaritari, le avergonzaba no ser “lo suficientemente parte” de su comunidad mixe.

Los testimonios de Junior, Avicena, y Álvaro tienen en común la denuncia de la discriminación como la causa principal de la pérdida de la lengua y las costumbres indígenas. Lo problemático de hacer una división artificial entre “ellos” y “nosotros” es que se presenta como ineludible la selección de una para acceder a derechos inherentes a la condición humana. La renuncia de la identidad es dolorosa para las personas y dañina para la construcción de una sociedad justa y equitativa, pues si pierden su identidad en busca de ser parte de algo que es falso, ¿qué van a encontrar?

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