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La trampa de los medios oficiales

La trampa de los medios oficiales

Columna AMEDI Jalisco 

Miguel Ángel Cedeño Navarro / @miquelcn  

Académico de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México

El Gobierno Federal -encabezado por Andrés Manuel López Obrador- se ha enfrentado en estos primeros meses de administración a las primeras pruebas donde se ha puesto en juego el discurso que el hoy presidente construyó en la más reciente campaña electoral y la realidad de sus decisiones políticas. En materia de medios públicos, el problema ha residido en una de las principales trampas para el gobierno de López Obrador, incapaz de reconocer la coyuntura en la que se encuentra: convertir los medios públicos en medios estatales. Esta tentación se ha presentado en mayor o menor medida en otras administraciones, o a veces, simplemente a través del desinterés presupuestal que termina invertido en publicidad oficial. Ante la promesa de hacer “una especie de BBC de Londres o de Televisión Española” para México, los esfuerzos de radiodifusión pública ahora vemos cómo son usados principalmente para colocar las narrativas del Gobierno en la agenda pública. 

El caso que más se ha debatido en las redes sociales ha sido el programa “La Maroma Estelar” de Canal 11, medio que pertenece al Instituto Politécnico Nacional pero en que depende del Gobierno Federal, empezando por el hecho que la dirección es designada por el Presidente de la República. El programa presentado por Hernán Gómez, un analista político, ha sido el que ha acaparado mayor atención por el tono de su comedia y el análisis que en teoría pone sobre la mesa temas sociales sustanciales a discutir en los medios como el racismo, el clasismo, el colonialismo, pero que ha dado cabida a la cobertura de narrativas que provienen del Gobierno Federal, concretamente del Presidente. El programa ya se canceló por motivos de agenda del presentador. 

Ahora bien, quisiera plantear dos casos fuera del foco de atención que ha acaparado “La Maroma Estelar”,  y que también podrían ser emblemáticos del uso oficial de los medios públicos. Primero, el propio Canal 11 creó el programa “Sabina y John”, presentado por la escritora y dramaturga Sabina Berman, y John Ackerman, profesor de la UNAM y una de las voces defensoras de AMLO en los medios. Este falso balance de dos personas con posiciones distintas se difumina cuando se ven quiénes son las personas invitadas estelares de la emisión: Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación; Beatriz Gutiérrez Müller, escritora, presidenta del Consejo Asesor Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, y esposa del Presidente; Alejandro Solalinde, defensor de personas migrantes y personaje legitimizador de la política migratoria de seguridad del Gobierno Federal; Jesusa Rodríguez, senadora por Morena; José Manuel Mireles, exlíder de las autodefensas y cercano al discurso de la Guardia Nacional del Gobierno Federal; Jesús Ramírez Cuevas, Coordinador General de Comunicación Social. Las únicas emisiones que no tuvieron personas invitadas cercanas al círculo oficial fueron en dos ocasiones: el escritor Jorge Volpi y las periodistas Ixchel Cisneros y Estefanía Camacho.

Por otro lado está en el ejemplo del Canal 14, perteneciente al Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), quien todo la mañana transmite en vivo y sin mediación la conferencia de prensa de la Presidencia de la República, o que -recientemente- transmitió el #AMLOFest, con motivo del primer aniversario del triunfo electoral -¿por qué celebrar un triunfo electoral desde un medio público?-, con una cobertura especial donde se repitieron las bondades de los proyectos que el gobierno está impulsando, o una mesa de análisis que deja a los primeros seis meses de gobierno bastante bien parados.

¿Qué implicaciones tiene la coyuntura? El Gobierno Federal está perdiendo la oportunidad de dar libertad e independencia a medios de comunicación que, si bien, operan básicamente con presupuesto público, deben su razón de ser a las audiencias y sus derechos. De esta manera, la configuración de operación y de contenidos tendría que ir más allá de repetir lo que se quiere repetir desde Presidencia. ¿Por qué no observar y marcar prácticas que en otra administración nos parecerían escandalosas y criticables? El siguiente paso será hacer uso de espacios como las Defensorías de las audiencias, apropiándonos espacios que están creados para mejorar los medios públicos, que nos deben importar porque son nuestros, y no son medios oficiales al servicio del gobierno en turno. 

@AmediJalisco

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