Preservar la identidad indígena a través del arte y la resistencia

Más que su origen, lo que las y los jóvenes indígenas urbanos tienen en común, es que cargan dos mundos que componen su identidad. Para mostrar esos mundos y hacer saber que sí hay indígenas en la ciudad, aun sin los estereotipos a los que estamos acostumbrados, Jóvenes Indígenas Urbanos, Raíces del Verso y el Colectivo Nahuales, organizaron la pinta de un mural comunitario para este Día Internacional de los Pueblos Indígenas. 

Itzel Ximena Torres / @ximena_tra.

Son varias las cosas en las que las y los jóvenes indígenas coinciden que tienen que resistir al vivir en la Zona Metropolitana de Guadalajara; los estereotipos, la discriminación, la ignorancia de su presencia y el dilema de identidad que les genera vivir en un mundo que algunos consideran incompatible con sus raíces. Esta vez, el arte es su forma de resistencia y la han dejado plasmada en un mural comunitario ubicado en plena Avenida Federalismo.

“¡Y que nadie borre nuestras huellas!” es el nombre de la obra con la que este 9 de agosto, tres artistas plásticos poblanos del Colectivo Nahuales, Jóvenes Indígenas Urbanos en la ZMG (JIU) y Raíces del Verso conmemoran el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Además, en 2019, también se celebra el Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

Del concepto al arte

El mural se encuentra entre las calles Morelos e Hidalgo, en una de las avenidas más transitadas de Guadalajara. Para poder inaugurarlo el pasado 8 de agosto, fue necesario que más de 20 personas trabajarán durante siete días. 

La necesidad de esta manifestación artística nació de la lucha que siempre ha llevado el JIU, visibilizar la presencia de las y los jóvenes indígenas en la ciudad sin estereotipos, folclor y como individuos que igual que cualquier otro, aporta a la sociedad. Sin embargo, esta vez, como parte del proyecto que lleva el mismo nombre que el del mural, el esfuerzo se enfocó en la preservación de la identidad indígena y la transformación que ésta vive al llegar a la ciudad.

“En JIU, siempre nos hemos topado con experiencias de jóvenes que llegan a la ciudad y tienen un conflicto de identidad. No sabemos si queremos mostrarla (su identidad) o no, hablar de ella o no, ni de qué manera sentirnos parte de lo que nos rodea”, explica Ana García, nacida en Guadalajara, integrante del pueblo mixteco Tu’un sávi y del JIU. 

Así como cualquier migrante, cuando los jóvenes indígenas llegan a la ciudad, viven un choque entre su cultura y la urbana. Adaptarse deja de ser una opción para convertirse en una necesidad, y es en ese momento que llega el primer dilema al que se refiere Ana. ¿Qué costumbres se pueden cambiar para sentirse parte de la ciudad y cuáles hay que preservar para seguir sintiéndose parte de su pueblo originario?

Si a eso se le agrega el rechazo y la discriminación que según la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (ENADIS), 24 por ciento del total de la población indígena en México ha experimentado, el avergonzarse de sus raíces y la pregunta “¿quiero seguir siendo un indígena?” se vuelven realidad. 

Lola Esteban es originaria del pueblo Totonaca, pero desde hace siete años vive en Guadalajara. “Cuándo me vine de Veracruz a buscar trabajo como pedagoga deje de hablar totonaco. Algunas personas no creían en mis capacidades y aunque nunca negué ser indígena, no me gustaba hablar en mi lengua. Ni siquiera lo hacía con mis hermanos. Fue hasta que me acerqué al JIU que me di cuenta de que no estaba haciendo nada por mi cultura, y que no tenía por qué estar avergonzada de mi idioma. Ahora para mí, hablar totonaco significa fortalecer mis raíces y mi comunidad”, explica. 

A partir de esta situación y apoyándose en la experiencia de Raíces del Verso para hacer manifestaciones de identidad a través del arte, fue que durante cuatro sesiones del taller “Identidad, lengua y juventud” los participantes del mural comunitario aprendieron cómo plasmar sus ideas en obras como la fotografía. 

También acordaron los mensajes que querían que el muro que pintarían días después, contuviera. Por eso, se desarrolló un círculo de diálogo en el que los conceptos que predominaron fueron identidad, raíces, ciudad y discriminación.

“No se hace arte solamente para darle color a algo. Tiene que tener un significado, contenido y general algo en el espectador”, dice Ulises A Machuca artista plástico el Colectivo Nahuales que ayudó en la creación del del mural comunitario. 

El mural se encuentra sobre Avenida Federalismo entre las calles Morelos e Hidalgo en Guadalajara.(Foto: Ximena Torres).

¡Y que nadie borre nuestras huellas!

Lo que predomina en el mural es un corazón formado por una mazorca de maíz. Ese elemento representa la unificación e igualdad en un solo latido, el del pueblo mexicano. “A pesar de que hablamos diferentes idiomas y cada quien tiene su camino, todos tenemos un mismo corazón que nos hace ser humanos”, explica Ana García.   

El corazón está envuelto en hojas de maíz azules que al llegar al suelo se bifurcan en delgadas raíces que representan las venas y arterias del corazón. Esa también es la representación de la tierra y la conexión que los indígenas tienen con la suya, pues a pesar de vivir en la ciudad, tienen el deseo de seguir en contacto con sus orígenes de diferentes formas. 

“Estando en la ciudad no se deja de ser indígena. Yo no me visto con el vestuario típico de mi comunidad, pero sigo siendo parte de ella”, dice Estela Mayo, originaria de la cultura Ch’ol e integrante del JIU. 

La idea de las raíces y la conexión con la tierra también está ligada a los dos mundos a los que se enfrentan los indígenas en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Por un lado, están las costumbres, las tradiciones, los antepasados y las raíces. Y en el otro mundo, hay un nuevo idioma, tecnología y toda la dinámica social de una ciudad. 

Los doce glifos de la palabra que brotan de la mazorca representan el aire y la interculturalidad existente en la ZMG. En cada uno de ellos, jóvenes indígenas de diferentes culturas escribieron “Y que nadie borre nuestras huellas” en su lengua materna. 

Aunque en el JIU, hay 12 jóvenes hablantes de ocho lenguas diferentes, los integrantes del colectivo están conscientes de que en la ciudad, la diversidad cultural es mucho mayor. Por eso las lenguas que se incluyen son: ch’ol, nawatl, purepecha, mixe, mixteco, tzotsil, cora, totonaco, wixarika, zapoteco, otomi y mazahua. 

Otro de los elementos que se observan en el mural son dos manos, una a cada lado del corazón de maíz. Una de ellas tiene fuego, que representa el honor y la gallardía con la que los pueblos indígenas siempre han defendido su identidad. A la otra, le escurre agua que conceptualiza la pureza de las culturas. 

“La intención es que no solo lo veamos nosotros, que también impacte a cualquier joven indígena que pase por el mural. Por ejemplo, si pasa un otomí se pueda identificar con el proceso de adaptación que yo viví o estoy viviendo al llegar a la ciudad”, dice Estela Mayo. 

Ulises Ángel Machuca, artística mixteco (Foto: Ximena Torres).

Corazón de un mixteco

Ulises Ángel Machuca es originario de Piaxlta, Puebla. Una comunidad mixteca que debido a la migración hacia Estados Unidos, casi se ha convertido en un pueblo fantasma que ha olvidado sus raíces indígenas.

Anteriormente en Piaxtla, el arte era una manifestación casi inexistente por no ser considerada necesaria. Sin embargo, desde que Ulises se propuso rescatar la Danza de los Tecuanis y tapizó algunos muros de la comunidad con grandes pinturas, la identidad mixteca del pueblo encontró una pequeña posibilidad de escape, para dejarse ver ante los demás. 

Todo empezó cuando Machuca era un adolescente y aun sin conocimientos artísticos pintó por primera vez un mural en el bachillerato. Él lo hacía por gusto, hasta que se volvió necesidad cuando se fue a estudiar Historia a la capital de Puebla y vendía pinturas para tener un ingreso extra.

De comenzar sin conocer corrientes ni técnicas de arte y aprendiendo con tutoriales de Youtube, hoy Ulises es campeón en artes plásticas de la última edición del Festival del Caribe, Fiesta del Fuego Santiago de Cuba y expone sus obras a lo largo de todo México. 

“En todas las pinturas que hago practico mi licenciatura. Vinculo la historia con el arte para crear conciencia”, dice el artísta. 

Además de enseñar historia, Ulises se ha dedicado a rescatar la identidad indígena de algunos pueblos (además de Piaxtla) a través de la pintura, el muralismo y la danza.

“Estuve dando talleres de pintura en Xayacatlán de Bravo, Puebla y me di cuenta de que esa comunidad mixteca se apenaba de su lengua. Todos decían que sí la entendían pero no la hablaban, así que lo que hice fue decirles que para entrar a mi clase tenían que saludar y despedirse en mixteco. Después de un tiempo empezó a resurgir el interés en la lengua”, cuenta Ulises. 

Machuca, junto con Carmelita Martinez y Luis Fernando Garcia, son integrantes del Colectivo Nahuales. Con su experiencia y después de iniciar el proyecto “100 murales en el corazón de un mixteco” , fueron fue invitado por el JIU y Raíces del Verso para colaborar desde la conceptualización hasta la pinta del mural comunitario: “Y que nadie borre nuestras huellas”. 

En los talleres, mientras las y los jóvenes indígenas explicaban las ideas que tenían en mente para plasmar como arte, Ulises hacía bocetos a lápiz que al final concluyeron en el corazón de maíz y los otros elementos que lo rodean.

Para aprovechar aún más su visita en Guadalajara, Machuca presentó su exposición de pintura “Belleza Mixteca” en la Casa Museo López Portillo del 2 al 9 de agosto. El tema principal que tocaba la exposición, al igual que el proyecto “100 murales”, era la unificación entre los tres estados mixtecos de México: Puebla, Oaxaca y Guerrero. Una vez más para mostrar y proteger su identidad del olvido y la discriminación. 

Postal de los jóvenes indígenas que participaron en la elaboración del mural comunitario (Foto: Ximena Torres).

En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la Organización de las Naciones Unidas informó que actualmente 370 millones de personas (el 5 por ciento de la población mundial) pertenece a algún pueblo indígena, los cuales se ubican en más de 5 mil grupos en 90 países diferentes; entre todos hablan 7 mil lenguas distintas; sin embargo, la mayoría de estas poblaciones se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15 por ciento de los más pobres a nivel mundial. 

Con el fin de sensibilizar sobre las necesidades de estas poblaciones, cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en conmemoración de la primera reunión del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas celebrada en Ginebra en 1982. Este año para coincidir con el Año Internacional de las Lenguas Indígenasla temática de 2019 está dedicada a las “Lenguas indígenas”. 

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Ximena Torres
Ximena Torres
Estudiante de periodismo, fotógrafa y reportera feminista trabajando por hacer el periodismo en el que creo. Interesada en temas como justicia para las mujeres, salud, movilidad e interculturalidad. Ganadora del Premio Jalisco de Periodismo 2019.

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